MESA SE QUEDA EN EL GOBIERNO, PERO ENFRENTADO CON EL CONGRESO
Bolivia amanece hoy bajo la incertidumbre creada por la confrontación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo y la amenaza de nuevas protestas callejeras, tras del rechazo del Parlamento de adelantar las elecciones generales.
El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, decidió anoche permanecer en el cargo por “no darle la espalda” al país, después de que el Congreso rechazara su plan de convocar a elecciones generales anticipadas.
Como un gran acróbata, Mesa alcanzó el otro extremo de la cuerda imaginaria que él mismo colocó en lo alto hace diez días, pese al riesgo de que el Congreso la cortara o lo empujara al abismo.
La acción del mandatario, que ha estado durante cerca de noventa horas con un pie más fuera que dentro del Palacio Presidencial, no ha eliminado, sin embargo, la incertidumbre sobre la dirección del país.
Todo comenzó el domingo 6 de marzo, cuando en un sorpresivo mensaje a la nación Mesa anunció su dimisión, debido a las protestas sociales del líder cocalero y diputado del Movimiento Al Socialismo (MAS) Evo Morales, para forzar una reforma petrolera nacionalizadora.
Tras presentar su renuncia, fue ratificado al día siguiente por el Congreso, con el que alcanzó un pacto para aprobar una nueva Ley de Hidrocarburos “viable” para el país, ante el temor de que las trasnacionales acudan al arbitraje internacional si se sanciona una normativa radical que incumpla los contratos.
El MAS, la única fuerza política que no suscribió el acuerdo, lo acusó de hacer “chantaje” al país, mientras algunos analistas tildaron su dimisión de jugada política, porque no tuvo carácter irrevocable y porque todo indicaba que sus sucesores no iban a aceptar la responsabilidad de reemplazarlo.
El aparente clima de acercamiento con el Legislativo no tuvo correspondencia en las calles, donde los campesinos cocaleros prosiguieron con un contundente bloqueo de la carretera transversal del país, en la región central de Cochabamba.
Una semana después, la presión de las bases del MAS, unida a una nueva disputa con el Parlamento sobre la ley energética, llevaron a Mesa a dirigirse nuevamente a los ciudadanos en un mensaje en el que pidió a los líderes sindicales y a los parlamentarios que, “por amor a Bolivia”, impidieran que la nación siga dirigiéndose “al despeñadero”.
Pero cuando todo apuntaba a que iba a abandonar definitivamente el poder, Mesa volvió a dejar boquiabierta a la ciudadanía con un plan para adelantar elecciones generales que le ahorraba el mal trago de aceptar su fracaso en el intento de dirigir el país hasta 2007.
La sugerencia se saltaba además dos peldaños en la sucesión constitucional, los ocupados por los presidentes de las dos cámaras del Parlamento, al que envió un proyecto de ley interpretativa que sugería, además, que su tercer reemplazo, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, llamara a elecciones.
Mesa argumentó que, según la Carta Magna, debe hacerse de este modo cuando no se han cumplido tres años del período constitucional, como sucede ahora.
No obstante, la propuesta de adelantar los comicios, que, en estricto cumplimiento de la Constitución, sólo debe aplicarse en caso de “impedimento o ausencia temporal” del presidente, fue rechazada por el Congreso, que la calificó de “inaceptable” por “carecer de toda base legal”.
La mayoría de los legisladores criticó además a Mesa por su incapacidad para gobernar e, incluso, lo acusó de una supuesta pretensión de cerrar el Congreso.
La contundente respuesta del poder Legislativo derivó en un nuevo período de zozobra, de aproximadamente seis horas, que se resolvió finalmente con la decisión del jefe de Estado de mantenerse en el sillón presidencial, pese a los rumores de que iba a dejarlo todo si no fructificaba su proyecto.
Mesa decidió mantenerse en la Presidencia para “no darle la espalda” a la nación y declaró que “en la medida en que tengo una responsabilidad que cumplir con el país, estoy dispuesto a asumir ese camino más difícil”, en alusión a su futuro inmediato y a sus difíciles relaciones con el Congreso, en el que no tiene representación.
Ahora queda solamente por saber si su continuidad al frente del Ejecutivo no será sino el primer paso del camino de regreso por esa cuerda floja por la que aconsejan no pasar dos veces.
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