Messi cumple
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Leo festeja hoy sus 27 años en pleno Mundial. Sin llegar aún a su mejor nivel fue decisivo en los dos triunfos argentinos.
No fue la primera vez que Alejandro Sabella lo dijo ni tampoco será la última. Sucedió el sábado, en Belo Horizonte, tras el sufrido 1 a 0 contra Irán. “Siempre contamos con el genio de Messi; muchos países querrían tenerlo, pero por suerte Messi es argentino”.
El técnico no sólo ofrecía (y ofrece siempre) el más dulce de los elogios para el crack sino que, al mismo tiempo, era consciente al enhebrar esa definición que con aquel golazo de Leo también él se había sacado un peso insoportable de su espalda. ¡Qué no se hubiera dicho de Sabella y de sus jugadores si Argentina hubiese empatado con la tosca Irán!
Es que Messi cumple. No sólo cumple años: hoy celebrará aquí, en Porto Alegre, sus 27 años. Y habrá torta y velitas sopladas. Y habrá brindis. Y habrá un ¡que los cumplas feliz!
Entonado por sus compañeros y por el cuerpo técnico. Y habrá tres deseos pedidos íntimamente. Y habrá besos y abrazos de sus seres queridos -Antonella Rocuzzo, su mujer, y su hijito Thiago; sus padres, Jorge y Celia; sus hermanos-, personalmente o a la distancia. Y habrá, otra vez, un cumpleaños en medio de un Mundial, como ya ocurrió en Alemania 2006 y en Sudáfrica 2010.
No sólo cumple años, decíamos. Leo también cumple en la cancha, hasta cuando sus luces no brillan como suelen brillar. Pasó con Bosnia, cuando parecía desganado y fastidioso -él mismo lo confesó- en ese primer tiempo que quedará en el (mal) recuerdo por el errático 5-3-2. Pasó con Irán, cuando prácticamente caminaba el terreno de juego, a veces tirado casi como wing derecho, otras recorriendo metros del medio hacia la izquierda; siempre, con escasísima participación y con cero peligro para el arco iraní. Sin embargo, Messi cumple aun en los días nublados (para su fútbol sin parangón). Fueron dos ráfagas, una en cada compromiso. Fueron dos impactos de antología que, por si fuese poco, sirvieron para sumar el puntaje ideal en la ronda clasificatoria. Fueron un par más para llegar a los 40 goles en la Selección en 88 presentaciones, tres de esas conquistas en Copas del Mundo (en una decena de encuentros).
Esa es una de las espinas que ya se sacó el rey de las fantasías: en el anterior Mundial se había ido sin festejos propios y, para colmo, con el dolor de la lacerante goleada alemana en los cuartos de final. Ahora ya gritó por duplicado y quiere más. Siempre quiere más. ¿Y por qué no soñar con ser el goleador del torneo? No es su primer anhelo, claro. Messi siempre pone por delante el sentido colectivo, el bien común; recién después vienen los records personales.
Su deseo, su viejo deseo que aún no pudo satisfacer es consagrarse campeón del mundo con la camiseta del alma. Y antes de la imagen ansiada, perfecta, mágica, que puede darse el 13 de julio en el Maracaná, tiene en mente otras dos aspiraciones: primero, que la Selección eleve considerablemente el nivel exhibido; segundo, ganar el grupo para que la ruta futura quede lo más allanada posible.
Messi es de los que reconocen que el equipo está en deuda y que él, incluso, también. Es consciente de que sus dos goles salvaron los incendios, y que también le sirvieron a él para retemplar el ánimo y para robustecer la confianza, pero tampoco se engaña: sabe que jugó muy por debajo de lo que puede.
Ya con el chip argentino, el que cambió apenas pisó Ezeiza tras su despareja temporada con el Barcelona, Leo se siente en condiciones ideales en la intimidad de la Selección. “Es un grupo en el cual tengo muchos amigos; tengo afinidad con todos y eso hace que esté más relajado adentro y afuera de la cancha”, cuenta. La visita de sus familiares, como se dio el domingo en la concentración, es otro de los motivos que le alegran el corazón y que lo llenan de amor. Su escena con Thiago en brazos, y Antonella alrededor, fue una bella postal de la comunión entre padre e hijo.
Cada vez que Messi apoya su cabeza en la almohada, ahí en la habitación 10 (¿qué otro número iba a tener?) del primer piso del complejo de Cidade do Galo, se ilusiona con que la tarde del 13 de julio sea la tarde de su vida. Su deseo es el deseo de todo un país.
En tanto, Leo cumple años. Y cumple con todos esos temas de la pelota que hacen feliz a la gente, a su gente. Porque, como dice Sabella, Messi es argentino. Es un orgullo. Y es una bendición.
Fuente: Clarín
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