Messi, el pensamiento mágico y la ingratitud
La verdad es que la gran mayoría de los argentinos quedamos conformes con la selección. Sino todos, casi todos. Nadie, o casi nadie, nos imaginaban en la final y llegamos. Jugando como se podía jugar. Contras rivales que también juegan. Y haciendo gala de una sobriedad y un respeto por el otro que no recordábamos que existía en nuestras representaciones futbolísticas. Por Coni Cherep
En general todo fue bueno, pero necesitamos encontrar un culpable. Siempre necesitamos señalar con el dedo a alguien. Y terminó el Mundial, perdimos la final y apenas sonó el pitazo empezaron a sonar las campanas de las culpas; y las eternas comparaciones; y las explicaciones para lo que pudo y no pudo ser. Una ristra de ucronías que jamás serán develadas. La aseveración de que si tal o cual hubiese hecho una u otra cosa, todo hubiese sido distinto.
Hay un grupo de personas, muchas, muchísimas, a las que sólo les cabe la necesidad de imponer colores absolutos, sin degrade alguno. Y sentencian: “Messi es un pecho frio, nunca será Diego”, “¿Viste que al final no era lo que parecía?”, ”Es un cagón”, “No corre, ¿ves?, no suda la camiseta, no la siente”, y el interminable “No es argentino. No llora con el himno”. Lo dicen cómo si Lio hubiese tenido la obligación de habernos sacado campeones él sólo. Cómo si hubiese firmado un contrato, obligándose a hacer un apilamiento de jugadores en cada partido, y particularmente frente a Alemania. “Messi nos defraudó”, dicen.
¿Por qué lo dicen? Porque los argentinos tuvimos a Maradona. Con todo lo bueno que tuvo, y todo lo malo que nos implantó. Lo bueno es obvio, lo malo no tanto: no voy a decir de Maradona lo que generalmente se dice para descalificarlo, en absoluto. Voy a decir que nos hizo mal la idealización que hicimos de la figura de Diego y la instalación del pensamiento mágico como resolución de nuestros problemas (dentro y fuera de la cancha). Maradona nos obliga a esperar un mesías que venga a repetir aquel embrujo zigzagueante y demoledor.
Nadie lo discute a Maradona, pero en el imaginario popular parece que ganaba solo y que no solamente hacia los goles míticos, sino que defendía, marcaba todos los tantos, la sacaba de la línea, atajaba los penales y era el director técnico. Y esa vara imaginaria es tan alta, tan irreal, tan absoluta que es imposible de alcanzar. Eso se llama pensamiento mágico y bajo a esa lógica lo sometemos a Messi. El mejor jugador del mundo que es argentino y que siente que nos defraudó, cuando no lo hizo.
Messi es un jugador extraordinario. Tan o más talentoso que Diego. A los 27 años ganó todo lo que un futbolista de élite puede ganar, salvo el mundial. Como Cruyff, como Distefano, como el increíble Eusebio, como el tremendo Cristiano.
Messi hizo un gran mundial.Coincido en que no merecía el Balón de Oro y que la FIFA, lejos de halagarlo, lo expone innecesariamente. Pero que eso no nos impida ver que cuando la selección arrancó erráticamente el mundial, fueron sus 4 goles, inmensos todos, los que nos depositaron en octavos. Que tampoco nos haga olvidar que mientras temíamos una justa -sí justa- definición por penales contra Suiza, fue un arranque genial de Lio y un pase preciso y precioso a Di María, lo que nos permitió ganar el partido. Que no nos borre la imagen de aquel extraño molinete que armó contra tres belgas, de espaldas, para habilitar de nuevo al “Fideo”, y que terminó en el gol de Higuain. ¿Se olvidaron de eso? Después soportó la sistemática marca de tres rivales y la ausencia de un socio que le permitiera armar el juego. Aún así llegó. Metió un centro impecable después de una corrida tremenda contra Holanda, que Agüero no alcanzó a tocar. Llegó pocas veces, pero alcanzó a disparar al arco y estuvo muy cerca de meterla en la final, pero la pelota pasó a 5 centímetros del palo izquierdo del imbatible Neuer.
¿Por qué no juega como jugaba en Barcelona? Es probable que esté disminuido físicamente, que esos seis años de triunfos y glorias absolutas a velocidad de la luz le hayan empezado a pasar la factura. Pero también es cierto que en el esquema Barza, Lío siempre tiene socios que le devuelven la pelota mientras él se arma los espacios. Tuvimos la desgracia de la lesión de Di María, con el que se habían empezado a entender. Mala suerte. Es verdad que le faltó explosión, pero no encontró quién le diera dinamita.
Es cierto que no brilló en semis ni en la final. Pero es injusto compararlo todo el tiempo con Maradona, o decir que no tiene huevos como Mascherano. Messi es Messi. No es Mascherano. Sus características personales son distintas, sus puestos son diferentes, sus obligaciones en la cancha, también.
A Messi le faltó un poco para darnos la copa, muy poco. Pero no le cabe el sayo a él sólo. Lo perdió por poco el equipo, y con un rival que es superior.
“Pero se borró” responden los que acusan a Messi. ¿Se borró? Messi es un tipo que le debe mucho más a España que a Argentina. Pudo elegir vestir la roja, porque llegó a ese país a los 12 años y ese país lo alimentó y le pagó el tratamiento para crecer que nadie estuvo dispuesto a pagarle acá. Y en Barcelona es dónde se formó, y aún así, nos eligió. ¿Que no canta el himno? Messi eligió vestir la camiseta de la selección y NUNCA se borró de ninguna convocatoria. Otros que son endiosados, como Tévez, pegaron el portazo diciendo que “jugar en la selección le quitaba prestigio” y otros dijeron que no jugaban más porque “se lo había pedido la mamá”. Messi pudo borrarse y no quiso.
Siempre vino, siempre buscó y se bancó un destrato por parte de nosotros, que cualquier otro en su lugar no hubiera resistido (me acuerdo de los silbidos cuando tocaba la pelota contra Colombia en la última Copa América). A Messi le debemos agradecimiento. Nosotros somos sus deudores. El tiene acreencia pura. Y nunca reclama nada.
Y mientras insistamos con la idea de que habrá un genio heroico que nos devolverá al Olimpo, estaremos sonados. Ese pensamiento mágico es el que nos llenó de angustias y frustraciones. Es un obstáculo para cualquier logro. Ese es el daño que le hizo Maradona a nuestro fútbol. En el fútbol como en la vida, el talento individual es apenas una cuota. Todo lo demás es la forma en la que nos relacionamos con el otro. Y esa es la gran deuda que tenemos.
Hay que insistir con esto que vimos y disfrutamos, gracias a Sabella, también: mucho trabajo, mucha solidaridad, perfil bajo, serenidad y colectividad. Así lo pensó Luis Aragonés en España hace diez años, así empezó Alemania con Low hace ocho, y así lo pensó Pekerman en las juveniles, pero lo hicimos pelota, acusándolo de tibio. Claro que me duele haber perdido la final, y nada me duele más que no haberlo visto a Messi, a él, levantar la Copa del Mundo. Pero no pudo ser. Ganaron otra vez los alemanes, pero no fue culpa de Messi. Al contrario. A Messi: por favor, perdón y gracias.
Este contenido no está abierto a comentarios

