MÉXICO GANÓ CON UN GOLAZO DE MORALES CUANDO LOS EQUIPOS RECIEN SE ACOMODABAN
La goleada del bautismo había abierto la puerta de la ilusión. No sólo por el holgado resultado ante Ecuador, también por el juego, la mejor producción después de flojos amistosos y partidos de Eliminatorias. Anoche, sin embargo, Argentina no tuvo continuidad en el marcador. Perdió con México y sufrió por duplicado, por la única jugada que tuvo en contra y por no definir lo que generó. Pero la derrota no debería preocupar, más allá de la posición en el grupo B. La Selección mereció el empate, largamente. Y siempre buscó con jugadas elaboradas, sin caer en pelotazos.
México llegó una sola vez. Sólo una. Tuvo su oportunidad y no la desperdició. A los ocho minutos, después de una infracción de Luis González sobre Jesús Arellano, Ramón Morales entregó una clase abierta: cómo rematar un tiro libre. A centímetros de la medialuna, sacó un zurdazo que viajó sin escalas rumbo al ángulo izquierdo de Roberto Abbondanzieri. Poco podía hacer el arquero ante semejante disparo.
Así de simple. Con el argumento de un golazo, México terminó festejando. Argentina dominó la pelota, hizo el gasto, pero no tuvo los brillos que sobraron contra Ecuador. En el primer tiempo merodeó el área, pero nunca fue profundo. En el segundo, en cambio, metió presión y transformó en figura al arquero rival. Y su circuito creativo, tan lúcido en el debut de esta Copa América, anoche estuvo intermitente.
Queda claro, entonces. Si los talentosos no tienen un alto rendimiento, todo resulta más complicado. Andrés D”Alessandro intentó siempre estuvo rodeado por Pavel Pardo y Gerardo Torrado. Y Lucho González no sólo pecó de impreciso, también pareció desconcentrado. Sin juego ni claridad, las posibilidades de Argentina dependían del vértigo del Kily González y el empuje de Juan Pablo Sorin y Javier Zanetti.
Javier Saviola, el Pibito de los tres goles ante los ecuatorianos, prácticamente no tuvo contacto con la pelota. Y perdió el duelo frente a su compañero del Barcelona, Rafael Márquez. Faltó el toque preciso, la llegada clara. Ganó el vértigo. Y México encontró un partido a su medida. Sólido atrás, buscó el contraataque con Arellano, rápido y encarador, difícil de controlar para los argentinos, que apenas tuvieron dos situaciones frente a Oswaldo Sánchez en la primera parte: una de Zanetti, bien tapada por el arquero, y otra combinación colectiva (D”Alessandro, Kily, Saviola) que terminó regalando Delgado, el Chelito que sigue sin aparecer.
En el segundo tiempo, Argentina metió presión y complicó a los mexicanos. Es más, en un primer cuarto de hora de furia acarició el empate. Primero tocaron D”Alessandro y el Kily, pero Delgado no fue certero en la puerta del área chica. Después, Sánchez tapó mano a mano ante Lucho. La tercera tampoco fue la vencida porque el cabezazo de Roberto Ayala, en el punto del penal, provocó otra notable atajada de Sánchez, la figura de la noche. Bielsa apostó a Tevez, a Rosales y a Figueroa, tres delanteros. Pero ni siquiera con ellos en el campo de juego pudo quebrar a México.
La noche de Chiclayo terminó triste para Argentina. Por el resultado, claro. En juego no había quedado en deuda. Ayer, el problema fue la definición. El arco, esta vez, permaneció cerrado.
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