"Mi primer libro nació de la pasión y el enojo con Tolkien”
_ Me gustaría que nos cuentes sobre tu singular ingreso al mundo de la literatura.
_ Yo soy conciente que ingresé tarde. Cuando publiqué mi primer libro tenía 40 años. Uno se lamenta por haber perdido 10 o 15 años de transitar por este camino. Pero nada es casual y tuvo que ser así. Yo agradezco mi paso anterior por la docencia, las búsquedas y los desasosiegos, ya que esto fue fundamental para entenderme y ocuparme de los temas que me interesan.
_No solo llama la atención la edad a la que publicaste tu primer libro sino también la convicción que tuviste para golpear las puertas de las editoriales en Buenos Aires para lograr la publicación. Todos sabemos que para los escritores del interior (ella vivía en Mendoza) publicar en Buenos Aires es bastante más difícil.
_ Justamente porque llegué a los 40 años a la literatura no estaba tan apurada por publicar. Mi camino y mi trabajo, hasta ese momento, iba por otro camino. Me tomé la escritura de mi libro con el tiempo que yo pienso que hay que darle a lo literario. Para la literatura hay que tener mucha pasión y mucha paciencia. Yo me senté en mi casa a escribir y tardé dos años en terminar el libro, sin ninguna pretensión de edición. Luego me fui a Buenos Aires con mi libro bajo el brazo y comencé un rally en el cuál recibí muchos No. Hasta que casualmente llegué a una editorial en la que me recibió un hombre muy alto, muy flaco y muy fumador, que por este motivo estaba en la vereda. Él recibió mi obra y la llevó a su oficina. Este hombre es hiperquinético y dibuja todo el tiempo. Por este motivo, como no tenía papel sobre su escritorio comenzó a dibujar sobre mi libro. Y mientras garabateaba sobre mi sueño pasó los ojos sobre el primer párrafo, algo le llamó la atención y leyó mi libro. Gracias a este señor, mi libro se publicó en aquella editorial.
_ Seguramente, a este señor le llamó mucho la atención el género que trabajaba tu primer libro (Los días del venado). La épica fantástica es un género muy poco visitado por los escritores argentinos. ¿Por qué elegiste este género?
_ Yo llegué a este género por amor y por enfado. Yo leí apasionadamente a Tolkien. Si yo no hubiera leído El señor de los anillos no hubiera escrito La saga de los confines. Yo me apasioné con el relato épico, con la construcción ficcional, con la utopía y la ucronía, que presupone el género. Pero también me enojé con la propuesta ideológica que subyace en los libros de Tolkien. Fue un buen enojo porque me llevó a escribir. Yo imaginé que sería muy bueno que alguien escriba un relato épico fantástico pero desde otro enfoque ideológico. De esta mezcla de amor y rabia nació mi libro. Primero me puse a indagar en la historia de las culturas originarias de América, en la conquista y en el exterminio. A partir de este montaje realista comencé a trabajar con una cosmovisión fantástica.
_ ¿Cuándo terminaste el libro te diste cuanta que habías escrito un relato muy original para la literatura argentina?
_ Esto me lo dijeron después de publicado. Cuando yo lo escribía no pensaba en la supuesta originalidad de mi libro. Yo estaba contando una historia que me apasionaba. Luego me di cuenta que no había muchos relatos épicos- fantásticos escritos en este territorio. Luego, conocí un libro maravilloso del colombiano Celso Román que se llama “El imperio de las cinco lunas”. Este libro le precedía a La Saga de los confines pero yo nunca lo había leído.
_ Te saco de La saga de los confines y te llevo a tus libros de literatura infantil. ¿Cómo fue el desafío de trabajar tus libros pensados para niños?
_ El primer desafío fue conocer la literatura infantil y tomármela seriamente. Remarco lo de tomármela en serio porque venimos de una academia que ninguneaba los libros escritos para niños. Antes se pensaba que eran libros que preparaban a los chicos para algún día puedan leer. Recordemos que hay propuesta pensadas para niños y para jóvenes de una calidad inmaculada. Si bien hay que adecuar el lenguaje a los niños no hay que menoscabar el hecho artístico. A mí me apasionó el desafío de escribir relatos que puedan dialogar con el niño de igual a igual y que le permitan al niño entrar en crisis (entendiendo la crisis como cambio). Yo creo que no hay que acumular diminutivos, no hablar de tonterías, no hacer saltar duendes a lo loco. El niño merece, necesita, entiende y exige otra cosa a la hora de abrir un libro.
_ Me gustaría que hablemos un poco sobre tu presente literario. Tu último libro fue “el rastro de la canela”; una novela que trabajo con la historia argentina.
_ Esta fue la primera novela sobre un tema que me pidió la editorial. Otras veces me habían pedido que escriba sobre ciertos temas y yo le había dicho que no porque eran temas que me quedaban muy lejos. Me pasó que yo venía de trabajar en un díptico la situación independentista latinoamericana. Me gustó mucho andar por el mundo de los virreinatos, de los mulatos, del umbanda y los africanos en América. Me había quedado con algunas ideas atragantadas y cuando llegó la propuesta de escribir sobre el 1810 la acepté. No me parece que sea malo per se escribir sobre un tema a pedido. Muchas grandes obras de la historia del arte fueron hechas a pedido. Lo importante es que el tema te repique en algún lugar. Esto me pasó con “El rastro de la canela”.
_ ¿Estás trabajando en algún libro por estos días?
_ Estoy trabajando en la historia de un supuesto perro que acompañó a Jesús durante su vida pública. Estoy pensando en un Jesús humano tan histórico como se pueda. Esta historia estará contada desde los pies de Jesús. Estoy trabajando en ese Jerusalén visto de los ojos de un perro.
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