MILAGROSO RESCATE EN FILIPINAS TRAS 11 DÍAS DE CALVARIO
Cuatro personas, entre ellas una niña de tres años, fueron milagrosamente rescatadas ayer en Filipinas tras haber sobrevivido durante once días después de haber quedado sepultadas debajo de los restos de un edificio que se desplomó durante una tormenta tropical.
Al cierre de esta edición los socorristas seguían excavando frenéticamente bajo los escombros de lo que fue un edificio de dos pisos en la localidad de Real, 80 kilómetros al noreste de Manila, donde se cree que hay otras 120 personas atrapadas. Los feroces tifones que en las últimas dos semanas azotaron el noreste del país han dejado, hasta ahora, más de 900 muertos.
“A estas alturas no esperábamos hallar ningún sobreviviente entre esas ruinas”, dijo el capitán del ejército Gerry Sultana. “Después de tres días de excavaciones sólo hallamos cadáveres en descomposición.”
“Pero cuando estábamos excavando entre el barro, las losas de cemento y los hierros retorcidos -continuó- escuchamos voces y gritos muy débiles que pedían socorro. Provenían de debajo de la tierra.”
A continuación los bomberos taladraron el techo de cemento y, entre la incredulidad y la emoción, encontraron con vida a Estella Mae Sor, de tres años, a su abuela María Tamares, de 49, y a los adolescentes Modesto Manoguid y Carl Bungat, de 14.
Los socorristas trasladaron una por una a las víctimas en brazos hasta las ambulancias, en medio de los aplausos y gritos de alegría de los curiosos. Previamente tomaron la precaución de cubrir con paños los rostros de los sobrevivientes para evitar que el sol les causara un daño irreparable en la vista, después de un largo período en la oscuridad.
Los sobrevivientes estaban severamente deshidratados y débiles, y los médicos aplicaron compresas húmedas en sus bocas para evitar que entraran en estado de shock.
Según relató Tamares poco después, los rescatados lograron mantenerse con vida durante once interminables días sin comida gracias al agua turbia que se filtraba por entre las grietas del edificio.
“Hablábamos de Dios. Nos tomábamos de las manos y repetíamos que aún no queríamos morir”, relató.
Sin embargo, la mujer agregó que un familiar suyo murió junto a ella pidiendo agua en el tercer día de su odisea. “Sentimos que estábamos sepultados entre cielo y tierra”, contó Tamares desde su lecho en un hospital militar de la ciudad cercana de Lucena. “No había nada más que oscuridad. Creímos que nos había llegado la hora.”
“Sin embargo, al despertar un día escuchamos a alguien que golpeaba el techo sobre nuestras cabezas. Pedimos ayuda a gritos y ellos nos encontraron”, dijo la mujer.
“Damos gracias a Dios por darnos una segunda vida”, suspiró.
Buscando refugio
Los cuatro sobrevivientes forman parte del centenar de personas que el último 29 de noviembre se refugiaron en un edificio de Real para protegerse de la tormenta tropical Winnie. El refugio, sin embargo, no resistió y se desplomó antes de ser inundado por un río de barro. Real es una de las regiones más afectadas por el embate de los tifones, que además de casi mil muertos han dejado cientos de desaparecidos.
La presidenta Gloria Macapagal Arroyo, que viajó en avión ayer a Lucena para visitar y dar ánimo a los sobrevivientes, calificó el rescate como un “milagro”.
“Fue gracias a Dios que ustedes lograron sobrevivir”, dijo a Tamares. “Es un milagro.”
La televisión nacional mostró a uno de los adolescentes rescatados con el torso desnudo y envuelto en frazadas, la cara cubierta de tierra y llorando desconsoladamente.
“Aún no comprendo cómo lograron sobrevivir”, señaló el coronel Jaime Buenaflor, que encabeza la unidad local de socorristas.
Los médicos, por su parte, calificaron el hecho como asombroso, pero indicaron que no es la primera vez que sucede. Según recordaron, en julio de 2000 se rescató a un hombre de entre las ruinas de la ciudad filipina de Baguio, donde había quedado atrapado durante 13 días tras un devastador terremoto.
Y en enero de este año, otro hombre sobrevivió también 13 días enterrado bajo los escombros tras el terremoto que destruyó a la ciudad iraní de Bam, aunque falleció tres días después de un paro cardíaco.
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