MILAN E INTER EMPATARON 0 A 0 EN UN PARTIDO MUY ABURRIDO.
Misión aburrir. Esa fue la consigna y cumplieron al pie de la letra. Peor, la verdad, no se puede jugar. Milan e Inter aburrieron del principio al final y dejaron con mucha bronca a los muchos hinchas que estuvieron en el estadio Meazza. Fue un 0 a 0, en definitiva, que deja abierta esta semifinal.
Dentro de un partido casi sin llegadas, sobre la hora tuvo el gol Hernán Crespo, quien hasta ahí casi no había participado en el juego. Recibió a la carrera un pelotazo y de aire le dio de emboquillada por sobre la salida del arquero. Se fue muy cerca y pudo ser el uno a cero para los visitantes.
Y pensar que arrancaron como para ilusionar al más pesimista. Porque convengamos que, de antemano, poca era la esperanza de que Milan e Inter entregaran un buen espectáculo, fundamentalmente porque los dos equipos se rigen por esquemas tácticos muy cerrados, con mucha marca y, por lo general, poco espacio para la creatividad. Pero, para sorpresa general, se vieron diez minutos iniciales de ida y vuelta, con mucha emoción y algún que otro sobresalto para los arqueros.
Inter, de la mano de Recoba, tomó el protagonismo del partido. Igual, le costó generar peligro ya que Crespo, bien tomado en el fondo, no sabía cómo hacer para encontrar espacios en los metros finales. Milan, en cambio, respondía con las incursiones de Inzaghi, quien una y otra vez metía la diagonal para dejar mal parado al colombiano Iván Córdoba.
Fue, se dijo, un arranque prometedor. Pero enseguida se diluyó, el juego se trasladó a la mitad de la cancha y como por orden de magia todo se hizo monótono. Incluso hasta se jugó al límite, porque hubo cruces fuertes, producto de las sucesivas imprecisiones de uno y otro equipo.
En el final del primer tiempo dio la sensación de que Milan quería imponer su condición de local. Se adelantó unos metros y trató de arrinconar al equipo de Cúper. Y una vez más se le nubló todo cuando llegó la hora de la definición.
Lo del segundo tiempo fue patético. La pelota iba y venía, sin rumbo, de un sector al otro, pero ni siquiera asomaba las áreas. Incluso en los quince minutos finales los dos dijeron basta y se prestaron la pelota como buenos amigos.
Fue un cero a cero con sabor a nada.
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