MILES DE IRAQUÍES VELARON Y ENTERRARON A LOS MUERTOS DEL PUENTE DE BAGDAD
Mientras miles de iraquíes velaban y sepultaban a las 965 víctimas de la avalancha del miércoles entre peregrinos shiítas, atribuida a una falsa alarma de atentado en un puente del río Tigris, el gobierno volvió a culpar ayer a extremistas islámicos de provocarlo.
Según el presidente Yalal Talabani, kurdo, fue un “acto bestial” de quienes “llaman infieles a los shiítas, aunque éstos son los verdaderos musulmanes, y traidores a los kurdos, cuando éstos son los verdaderos patriotas en este país”. Sus palabras obviaron el otro sector importante de Irak, los sunnitas, cuyos representantes religiosos sin embargo se solidarizaron con las víctimas.
El gobierno decretó tres días de luto por la peor tragedia de Irak desde que Estados Unidos lo invadiera, pero evitó un funeral público por miedo a nuevos accidentes, en una jornada cargada de dolor y en la que llegaron condolencias de todo el mundo.
Hubo miles de escenas dramáticas en los funerales, mientras otra cantidad de gente buscaba a sus familiares en los hospitales. Es que además de los muertos hay contados 815 heridos y tantos desaparecidos que no hay aún una cifra final de pérdidas humanas. Quizá supere los 1.000 cuando el río Tigris, como se espera, devuelva decenas de cuerpos a kilómetros de distancia del puente del que cientos cayeron, muchos arrojados por la multitud o lanzados, en pánico, voluntariamente al agua.
Un larguísimo cortejo fúnebre marchó por la capital iraquí. En especial por el barrio de Sader City, desde donde la gran mayoría de los fieles partieron el miércoles de peregrinaje al mausoleo de Musa al Kadhim sin pensar que caminaban hacia su muerte.
En Najaf, una ciudad santa al sur del país, hay un cementerio considerado el segundo más grande del mundo y uno de los más antiguos de Oriente Medio. Un camino lo conecta al mausoleo del imán Alí y todos los shiítas sueñan ser sepultados allí. Algunos familiares ya llegaron y enterraron allí a sus muertos. Pero es peligroso: hay duras medidas de seguridad en las rutas. Pues la guerra sigue —ni ayer pararon los ataques y los muertos—, igual que las acusaciones.
La denuncia de Talabani, cuyo gobierno indemnizará a cada familia afectada con 2.000 dólares, se sumó a la que hizo apenas producida la tragedia, cuando señaló como responsable al jordano Abu Musab al Zarqawi, a quien se asocia a Al Qaeda.
El primer ministro iraquí, Ibrahim al Jaafari, anunció una comisión investigadora y dijo que hay tres detenidos que tenían explosivos en el puente y que se descubrieron tres coches bombas.
Del lado sunnita, minoría que gobernó el país con Saddam Hussein hasta 2003 y rivaliza con los shiítas (participa del Legislativo, pero no apoya el proyecto de nueva Constitución) su Consejo de Ulemas culpó ayer de la tragedia a fuerzas desconocidas, al tiempo que expresó su pésame a los shiítas. Igual hizo uno de los líderes de Fallujah, foco de resistencia a la ocupación de Estados Unidos, Bedran Farhan.
Pero se cree que el gobierno endurecerá los controles. Ayer mismo ordenó las primeras ejecuciones de condenados a muerte desde los tiempos de Saddam. Se trató de tres personas que purgaban penas por hechos criminales y fueron colgadas.
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