MILES DE PEREGRINOS RECIBIERON EL DÍA EN LA BASÍLICA DE SAN NICOLÁS
Apoyados en bastones, algunos mojados por la lluvia reciente, otros casi sin poder caminar, pero todos con la indescriptible alegría que dan a los creyentes la fe y la devoción, los peregrinos comenzaron a llegar ayer al santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás aun antes de la salida del sol. El grueso de la columna que el sábado había partido de Rosario para caminar los 67 kilómetros que la separan de San Nicolás arribó poco después de las 7 y media hora más tarde empezó en el llamado Campito de la Virgen la misa central de la peregrinación, que este año presidió el obispo auxiliar de la arquidiócesis local, Sergio Fenoy. “Cada año que pasa se ven más peregrinos en San Nicolás”, celebró ayer el asesor del equipo de la pastoral para la juventud, el padre Pablo Lazarte, convencido de que también en esta procesión los jóvenes fueron protagonistas.
El 25 de septiembre se cumplirán 22 años desde que una vecina de San Nicolás, Gladys Motta, comenzara a relatar apariciones de la Virgen. En esas visiones, decía la mujer, María le pedía que se levantara un santuario en su nombre. Años más tarde, y mientras la Iglesia sigue analizando el hecho, la basílica ya es realidad y recibe todos los años a miles y miles de peregrinos. Su procedencia es variada y, aunque la principal columna parte siempre de Rosario, no faltan quienes llegan desde mucho más lejos. “Había gente venida especialmente desde el sur del país, de Buenos Aires, del sur de Entre Ríos y por supuesto de toda Santa Fe”, explicó ayer el padre Lazarte.
Milagros pequeños
Algunos testimonios suenan elocuentes. “Al llegar a Villa Constitución se largó a llover. Pensamos que íbamos a tener que abandonar estando tan cerca de la Virgen, pero ella nos ayudó, la lluvia paró y al llegar al Campito ya estaba por alumbrar el sol. Seguro que fue otro pequeño milagro, y por eso cada año que podemos hacemos la peregrinación desde Rosario”, contó Carla, de Arroyito, la voz cantante de un grupo de chicas.
“Lo hacemos para pedir y agradecer, y llegar hasta aquí borra todo el dolor de las ampollas que tenemos en los pies y el cansancio de caminar tantos kilómetros”, acotaron las amigas de Carla.
Juan Carlos y Federico se unieron a la caravana de peregrinos en Villa Constitución. Caminaron mucho menos que los demás, pero llegaron con la misma alegría. “Hacía años que queríamos caminar junto a la gente que viene de Rosario, hasta que esta vez nos decidimos. Es hermoso, porque tanto esfuerzo multiplica la emoción de llegar ante la imagen de la Virgen”, coincidieron los jóvenes.
Sentados o acostados bajo los añosos árboles del Campito, miles de peregrinos siguieron por los altavoces la misa celebrada en su bienvenida. Casi sin fuerzas para levantarse, Celeste y Mario se turnaban para tener en brazos a su pequeña beba. “Caminamos desde Rosario con Magalí en brazos porque el cochecito se nos rompió. Pero no importa, lo único que queríamos era llegar para agradecer a la Virgen que la beba haya nacido tan bien, pese a los problemas de Celeste durante su embarazo”, relató Mario.
Gente en sillas de rueda, muchachos y chicas con guitarras en ristre, zapatillas en la mano, camisetas de Ñuls y Central, y rostros demacrados por el cansancio eran las postales de la mañana nicoleña en la puerta del santuario, donde cientos de peregrinos aguardaban su turno para rezar una plegaria ante la imagen.
Allí, esperando su turno para ingresar al templo, un matrimonio de Granadero Baigorria recuperaba fuerzas tras las largas horas de marcha. “Pensamos que no podíamos llegar y a mitad de camino el cansancio casi nos hace quedar. Nos tuvieron que hacer masajes e hicimos un par de kilómetros en una ambulancia, pero después seguimos caminando y gracias a Dios llegamos”, se alegraron.
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