MIRÁS ARREMETIÓ CONTRA LA ANARQUÍA Y EL LIBERTINAJE
El arzobispo de Rosario y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Eduardo Mirás, utilizó duros conceptos para calificar el estado de la cultura social y de los peligros de “desorden”, “anarquía” y “libertinaje” que entraña la utilización de la libertad cuando no responde a la “la ley de Dios como fundamento último de la ley moral de esa sociedad”. A diferencia de los últimos años en los que sus intervenciones en las fechas patrias fueron una fuerte crítica a la pobreza y a la exclusión, Mirás apeló a un tono casi caótico y generalizado cuando puso en el término libertad -ligado a la recordación del 195º aniversario de la Revolución de Mayo- el hilo conductor de su discurso, no personalizó las críticas en ningún sector del gobierno pero dio un contenido único a esa libertad, relacionada con la filosofía y la concepción religiosas. El prelado no quiso volver a hablar de métodos anticonceptivos “no naturales” como lo hizo recientemente –sobre la ligadura de trompas y la vasectomía- pero sí dijo que “la Patria y la familia son sociedades naturales”. En el mismo esfuerzo por no precisar destinatarios de las críticas las ubicó en la sociedad como constitución general y habló de la “falta de acatamiento a la autoridad legítima, a la Constitución y las leyes” y relacionó el llamado “a la libertad con la anarquía” en cualquier contexto que no exprese esa sujeción a la autoridad. Aunque criticó el apremio por imponer “el pensamiento único” por parte de algunos sectores sociales en desmedro de otros planteó los conceptos de manera tajante y sin dejar dudas sobre la idea de una moral y una libertad únicas, ligada a la concepción de la Iglesia.
“Mi homilía tiene un sentido teórico, así puede decirse y habla sobre verdades perennes que pueden decirse en cualquier momento”, aseguró Mirás al terminar el tedéum ayer en la Catedral de Rosario donde varias veces evocó citas del papa Juan Pablo II en el documento Memoria e identidad e introdujo términos que no fueron los más comunes en sus homilías de los últimos años cuando, sobre todo en los aniversarios patrios hacía un llamado a trabajar contra la pobreza y la exclusión y también en ese marco contra la injusticia.
Sin embargo la advertencia contra “la anarquía, el desorden y el libertinaje” tuvieron fuerza en la intervención cuando aseguró además que “se está olvidando el sentido de la historia y la vida social se desarrolla en base a la cultura de lo fácil, de lo cómodo, del capricho consumista que despersonaliza y acaba en la frustración y en la desesperanza”.
Como hizo otras veces tildó como “una obsesión de los periodistas hacer que autoridades e Iglesia nos peleemos. No de ninguna manera, no estoy hablando de autoridades sino simplemente digo que la cultura contemporáneo confunde libertad que es la cualidad más grandiosa del hombre con libertinaje”.
Mirás pronunció este discurso en el tedéum por el 25 de Mayo con la presencia del intendente Miguel Lisfchitz, del secretario provincial de Medio Ambiente Marcelo Terenzio, del ex intendente Hermes Binner y cuando además reunió en la Catedral rosarina a todas las representaciones del ámbito provincial y municipal y de las fuerzas armadas y de seguridad. Fue en ese contexto que dio un concepto tradicional de Nación fundamentado en los elementos constitutivos de la geografía y la cultura y alertó a que “cuando a una Nación se le arrebatan sus valores fundamentales se la deja sin rumbo, a merced del poder cultural y de la propaganda propia de todo imperialismo extraño”.
La intervención del arzobispo de Rosario y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina estuvo atravesada por el término libertad. Si bien la unió a la “emancipación a la que despertamos hace 195 años”, también ligó su contenido y el de las elecciones que hace el ser humano con la exclusiva concepción de la Iglesia y por tanto de la relación con Dios. “Si el ser humano no tiene en cuenta la ley de Dios cuando elige, termina sometiéndose a la esclavitud del desorden”, señaló.
“La patria como la familia es una sociedad natural”, dijo y momentos después sostuvo que para las dos organizaciones “es imposible la existencia y desarrollo sin auténtica libertad. Conviene recordar hoy -explicó- que el Himno Nacional comienza con una frase que nos llama a la reflexión al calificar como sagrado el grito de libertad. Y bien sabemos que lo sagrado es algo digno de veneración y respeto porque está dedicado a Dios”, afirmó.
Otra vez sobre la libertad y la cultura, Mirás sostuvo que en estos momentos se “anuncian concepciones que no se compadecen con su grandeza” y que motiva a creer que es libre “el que hace lo que quiere confundiendo con el libertinaje a la cualidad más digna de la naturaleza humana”. Así también introdujo los conceptos de ética, responsabilidad, y honestidad que deben tributar “a la ley de Dios que es el fundamento último de la ley moral de la sociedad y sin ella no hay libertad”.
La referencia del arzobispo al “apremio por imponer el pensamiento único” marcó el “desequilibrio que significa privilegiar a determinados grupos políticos o sociales por sobre los demás, lo que produce carencia de equidad y de correspondencia y engendrando necesariamente el desorden”. Antes había planteado que “nos falta acatamiento a la autoridad legítima, a la Constitución y a las leyes” y a que “en la sociedad no hay posible libertad auténtica sin autoridad y sin normas que enmarquen su ejercicio y la orienten hacia su fin. De lo contrario llamar a la libertad sería convocar a la anarquía. Nos falta coherencia entre lo que creemos que la Patria debe ser y lo que realizamos por ella. La pretendemos justa, pero adherimos a la injusticia si la juzgamos poco importante. La queremos grande pero la empequeñecemos con las miserias de nuestro obrar cotidiano, egoísta y falto de solidaridad”.
Valores. “Cuando a una Nación se le arrebatan sus valores fundamentales se la deja sin rumbo, a merced de la propaganda del imperialismo extraño”.
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