MIRTA CHÁVEZ RECONOCIÓ QUE MIGUEL LENCINA ESTARÍA RELACIONADO AL SECUESTRO DE FERNANDA
La detenida Mirta Cháves reconoció el jueves por la noche ante el fiscal federal Mario Silva que su marido, el fallecido Miguel Angel Lencina, tuvo que ver en el secuestro de Fernanda Aguirre y dio a entender que la chica de San Benito habría sido asesinada ese mismo domingo 25 de julio, en San Benito.
Cháves declaró durante más de cuatro horas y, con su testimonio, se echa por tierra la línea según la cual podría haber sido entregada a una red de prostitución infantil. La mujer reveló que fue ella quien efectivamente hizo las cuatro llamadas telefónicas a la casa de la familia Aguirre para pedir los 2000 pesos de rescate, obligada por su marido, “por temor” a nuevas golpizas de Lencina. Dijo que el ex recluso de la Unidad Penal de Concepción del Uruguay le reveló ese mismo domingo que a la nena “la había dejado atada” en el descampado al que la llevó y que “después se ahorcó”. Le manifestó también que “quemó el par de zapatillas que tenía la chica”, según se informó a ANALISIS DIGITAL.
Cháves declaró por más de cuatro horas en el Juzgado Federal de Paraná, hasta donde llegó en un patrullero policial poco después de las 18 y secundado por un abogado santafesino que la asistió en la indagatoria con el fiscal Mario Silva. De esta manera, dejó la causa el defensor oficial Juan Carlos Ferrari, quien la venía asistiendo desde el momento de su detención.
La mujer -con domicilio en San Martín de las Escobas (Santa Fe), pero oriunda de Gualeguay- dijo que ese domingo 25 de julio a la tarde fueron a San Benito con Lencina, su sobrino (el mismo que declaró e inclulpó al ahora fallecido) y otra persona. Afirmó que junto a esa persona retornaron a la casa de la familia Lencina, pero su marido y el sobrino permanecieron en la zona de los cementerios del lugar.
Indicó que unas horas después Lencina llegó a su casa y le dijo: “Tengo un secuestro express”, tras lo cual le dio expresas directivas. Cháves afirmó que hizo lugar a su pedido porque se reconoció como una mujer “sometida”, a la que Lencina golpeaba cuantas veces quería y que la violencia era de un alto grado, al punto tal que, en un momento, terminó internada en un hospital. Además, el ex recluso le recordaba todo el tiempo su pasado violento, los crímenes cometidos y ella terminaba cediendo a sus planteos.
En ese marco fue que reconoció que ella hizo los cuatro llamados telefónicos a la familia Aguirre, para pedir los 2.000 pesos de rescate: tanto desde el locutorio en inmediaciones del Puente de Hierro como de la Terminal de Omnibus de Paraná.
Dijo que cuando le preguntó a Lencina por la chica, éste le afirmó que “a la nena la había dejado en la zona de campos de San Benito, atada, pero que ella luego se ahorcó”. Le informó además que incluso había quemado “el par de zapatillas” de Fernanda, por lo cual dio a entender, claramente, que la joven de 13 años fue asesinada ese mismo día y nunca derivada a una red de prostitución infantil como ha venido sosteniendo insistemente el abogado querellante, Julio Federik. No obstante, reconoció ante el fiscal Silva que “no sabía” dónde había quedado el cuerpo de Fernanda Aguirre.
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