¿MISILES AL ALCANCE DE CUALQUIERA?
En la película de James Bond El mañana nunca muere, las armas rusas —tanques, misiles, helicópteros— se venden en una montaña de Asia meridional como si se tratara de un supermercado. ¿Pero es posible para un extranjero comprar misiles tierra-aire en Rusia?
Hekmant Lakhani (68) fue llevado ayer a un tribunal de Nueva Jersey acusado de querer introducir en EE.UU. un misil para venderlo a terroristas. Junto con él cayeron Moinudeen Ahmed Hameed, acusado de ser el responsable financiero de la operación, y Yehuda Abraham, también sospechoso de integrar la banda.
Lakhani les compró a agentes encubiertos del servicio secreto ruso FSB un misil modelo Igla que había sido previamente neutralizado. El precio, 85 mil dólares. La trama montada incluyó que agentes rusos y estadounidenses se hicieran pasar por compradores y proveedores del misil tierra-aire, para atrapar al intermediario.
El arma fue llevada a EE.UU. en barco, donde iba a ser entregada a otro agente norteamericano que se hizo pasar por extremista islámico. Al intermediario se le dijo que el misil iba a ser utilizado para derribar un avión grande de pasajeros. El sofisticado misil ruso Igla está capacitado para alcanzar a un avión que vuela a una altura de 3.500 metros.
La amenaza que significan para la aviación civil los altamente desarrollados misiles portátiles —que pueden lanzarse desde el hombro— es hoy más grande que nunca. Hubo un episodio que despertó el alerta de los servicios de seguridad del mundo. Ocurrió en noviembre pasado, cuando dos misiles Stinger lanzados desde un campo cercano contra un charter israelí —un boeing 757— que partía de Mombasa, en Kenya, fallaron por muy poco su blanco.
Para los especialistas, no es tan sencillo comprar armas en Rusia. “El extranjero que intente comprar este tipo de armas en Rusia ocupa de inmediato la mira de los servicios secretos”, afirma Igor Korottshenko. Para demostrar su tesis, el experto en temas militares del diario Nesavissimaya Gaseta señala la “colaboración” de la inteligencia rusa en la detención de Lakhani, el contrabandista británico.
Sin embargo, es más fácil conseguir armas rusas fuera de las fronteras de la ex república soviética. “Los controles estatales de exportación en Rusia son fáciles de engañar con un certificado de exportación falso”, escribió el experto ruso Pavel Felgenhauer en marzo. Entonces, EE.UU. había acusado a Moscú de enviar misiles antitanque y aparatos de visión nocturna a Irak a través de Yemen.
Los misiles tierra-aire Igla y Strela integran los arsenales de los grupos rebeldes en los Balcanes, Africa y en la misma Rusia. En el último año, francotiradores chechenos derribaron con ellos al menos seis helicópteros militares rusos, matando a más de 140 soldados. Una comisión de la ONU estableció además que comerciantes rusos vendieron, entre otros, 100 cohetes Strela a Angola, Congo y Sierra Leona a fines de los 90, cuando estos países africanos estaban sumidos en la guerra civil.
Una década después de la caída de la URSS, la industria armamentista rusa ha alcanzado otra vez el máximo nivel. Según el Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Rusia superó el año pasado a EE.UU. como primer exportador de armas. Los principales mercados son India y China, pero los rusos buscan nuevos destinos en Asia y Africa.
Los misiles Igla y sus antecesores Strela ya no se fabrican, pero miles de ellos descansan en los depósitos de las antiguas repúblicas soviéticas. Rusia acusa sobre todo a sus vecinas Georgia y Ucrania de permitir la salida de misiles heredados de la era soviética. Sin embargo, tampoco los rusos parecen controlar sus depósitos. A mediados de julio, un grupo de ladrones consiguió sacar ocho misiles Strela de San Petersburgo que iban a ser destruidos. Más tarde pudieron ser localizados.
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