MOLLAGHAN LE RESTÓ PROTAGONISMO A SAN CAYETANO
La celebración de San Cayetano en Rosario congregó ayer a lo largo del día a menos fieles que otros años, pero igual concluyó con una masiva misa de campaña. Y al culminar la ceremonia en la plaza Libertad, para sorpresa de todos, el arzobispo José Luis Mollaghan dejó el altar, se quitó la mitra y bajó al césped de la plaza para mezclarse entre los creyentes. Tan bien recibido fue ese gesto pastoral que su figura hasta le restó protagonismo a la salida del mismísimo santo. “Esto es histórico -no dejaban de decir los fieles-, es lo que más necesitábamos los católicos en Rosario, donde jamás vimos que un obispo hiciera esto”.
La conmemoración del 459º aniversario de la muerte de San Cayetano volvió a dar una fisonomía especial al barrio que rodea el templo de Buenos Aires 2050, abierto desde la medianoche anterior a la celebración y hasta las 23 de ayer.
Sin embargo, esta vez se vieron menos fieles e incluso menos vendedores callejeros: según contó a La Capital el director de Control Urbano, Aldo Fabucci, de los 166 permisos otorgados por la Municipalidad para instalar puestos finalmente se montaron sólo cien. De todos modos, la venta ambulante (de comida, velas, banderitas, espigas y todos los souvenirs más trasladables) se dejó oír todo el tiempo, entre el pregón y la letanía. La mayoría coincidió en que la actividad estuvo “floja” (ver recuadro).
Es cierto que el clima conspiró. Hizo frío durante todo el día y hasta llovió cuando la imagen del santo salía del templo. Ese fue uno de los argumentos al que apelaron los vendedores para explicar la menor concurrencia de fieles, que así y todo debieron hacer más de una cuadra de cola para ingresar al templo. La otra interpretación fue que “hay más trabajo” y “la gente es desagradecida”.
Pero los fieles con los que dialogó este diario desmintieron esa última versión, ya que la mayoría dijo estar allí para darle las gracias al santo: algunos por haberles conseguido trabajo, otros por no haberlo perdido, y buena parte por razones que nada tenían que ver con el empleo.
Cuando la imagen del santo salió de la iglesia, como es de rigor, repicaron las campanas acompañadas por los pañuelos de los fieles, que lentamente caminaron por Buenos Aires hasta Pasco para llegar a la plaza Libertad. Allí se pudo ver que la procesión era menos numerosa que el año pasado, aunque el fenómeno ya viene en descenso desde hace más. “Habría que ser muy generoso para hablar de cinco mil personas, yo arriesgo tres mil”, calculó un policía en el lugar.
Así y todo, mucha gente asistió a la primera misa de campaña que Mollaghan celebró en el lugar y siguió atentamente su prédica, centrada en la parábola evangélica del buen samaritano. El eje del sermón fue la solidaridad, para la que el prelado pidió “un compromiso práctico, aquí y ahora”, que no haga “ver al necesitado de lejos”. También aludió a la falta de seguridad y defendió la vida desde la concepción, planteando los derechos del “niño por nacer, rico o pobre, desde el seno de su madre hasta su muerte natural”. Un tópico en el que la Iglesia no admite discusiones.
Después Mollaghan bajó al césped a dar la eucaristía y más tarde volvió a hacerlo para bendecir a la gente, superando el vallado. Su actitud, con menos de cinco meses como arzobispo en Rosario, no dejó de sorprender y cautivar a los fieles, que no pararon de besarlo y abrazarlo. Sin duda, un gesto de contraste con el que era habitual en su antecesor, Eduardo Mirás, poco propenso al contacto tan directo y corporal con su grey.
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