Momento bisagra: 50+50 = Reforma Constitucional
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Siempre es oportuno que la democracia incluya derechos y conquistas con un amplio consenso social como lo es la paridad.
Por Pablo Benito
El 22 de noviembre del año pasado, se consolidaba una intervención cultural sobre la sociedad sin precedentes en la historia de las instituciones democráticas del país. Los sucesos inmediatos -a esa fecha- como consecuencia del tratamiento de la reforma previsional y los incidentes en las calles, eclipsaron la repercusión histórica de una decisión de nuestros representantes que significan una verdadera revolución democrática inclusiva con carácter de reparación histórica.
Esa fecha se recordará en las próximas décadas como un momento bisagra, tal como lo fue el 9 de setiembre de 1947 cuando, por unanimidad, fue votada la ley 13.030 que establecía el voto obligatorio femenino. Dos años después, 3.500.000 mujeres elegían por primera vez a sus representantes.
Aquel hecho tuvo la particularidad de una época, fue adjudicado -simbólicamente- a Eva Duarte y a su esposo, Juan Domingo Perón. La socialdemocracia adjudicaría esa decisión institucional al oportunismo y la demagogia, además de acusar la medida de tener efectos inmediatos sobre la reelección de Perón. Lo cierto es que el republicanismo secular, que incluso tuvo a Irigoyen como un fuerte exponente, no tenía la maduración democrática, aún, como para enfrentar a las instituciones conservadoras -sobre todo a la iglesia- como para impulsar tamaña revolución cultural.
A pesar del descontento generalizado con la política y la institucionalidad, dos cambios posteriores -al voto femenino- como la ley de cupo y de paridad para la elección de cargos legislativos, demuestran que nuestro sistema republicano evoluciona dejando atrás los personalismos caudillistas.
Ambas resoluciones de los órganos deliberantes no tienen dueño -siquiera simbólico- y es el propio consenso social el que da cuerpo a una decisión colectiva de forzar los tiempos culturales en pos de la igualdad y enviar un claro mensaje a sus representados en pos a la igualdad de oportunidades de hombres y mujeres, reflejando lo que la realidad evidencia de manera inequívoca: las mujeres, no sólo tienen condiciones intelectuales tan sólidas como las que pueden tener los hombres sino que hay demasiadas pruebas que nos indican que para este momento histórico, el aporte de las mujeres tiene un plus para resolver una crisis del sistema que está reventando en este momento y lugar.
Oportunidad
En momentos en que la sociedad -de manera más o menos activa- se involucra en el debate acerca de la despenalización del aborto, es una pena que no haya tenido la misma operatividad la ley de paridad nacional. No obstante, en la provincia de Santa Fe, la paridad encuentra caja de resonancia en la intención de su ocasional gobernador de reformar la Constitución provincial y abre el juego para que los convencionales pongan de relieve la paridad en los demás poderes: Ejecutivo (en la concepción de la formula a la gobernación) y Judicial (en un primer paso que podría ser la integración de la Corte).
Más aún la oportunidad debería exceder lo estrictamente burocrático para pasar a interpelar a la organización social, en cuanto a la situación de desigualdad de género en ámbitos diversos como el trabajo, la educación, la familia -en la representación moderna y dinámica de ésta-, el arte y sobre todo en la plataforma simbólica sobre la que se sostienen los juicios y prejuicios de la vida diaria: el lenguaje en general -el castellano- y en particular, la palabra.
Feminismo no es hembrismo
La paridad, la igualdad de género en el marco de una perspectiva desde la cual mirarla, no puede remitirse, tan sólo, a la plantilla de representación social burocrática en las instituciones políticas. El pensamiento -tanto femenino como masculino- debe adecuarse a estos nuevos tiempos que evolucionan a una velocidad descomunal, sin alcanzar a comprenderlo.
Es necesario comprender que el feminismo no es, necesariamente, el opuesto al machismo -de lo contrario deberíamos llamarlo “hembrismo”- sino que es una identidad históricamente postergada y que debe ser identificada por las mujeres no sólo en vías de conseguir su propia libertad de expresión y movimiento sino en el sentido de asumir la enorme responsabilidad de que, en la refundación de paradigmas y parámetros, se aporten consensos que modifiquen este camino de la humanidad hacia el egoísmo y la soledad del consumo como única alternativa que hoy ofrece el sistema capitalista.
El masculinismo
¿Y el hombre? ¿Mira? ¿Acciona y reacciona? En todo este gran debate que llevada décadas, como hemos visto, está la idea de un cierto retroceso de la hegemonía varonil al que se le ha llamado Patriarcado. El patriarcado no es una construcción ni exclusiva ni excluyente del “Pater”, entendido como sujeto masculino. Sino de la idea que la supremacía de unos sobre otros, es naturaleza humana.
Género y Reforma Constitucional
La ex vicegobernadora y ex Fiscal Federal de Santa Fe, Griselda Tessio, en una interesante entrevista con el diario El Litoral, ratificó su postura acerca de la necesidad de reformar la constitución provincial y expresó su deseo de participar de la Asamblea Constituyente.
“Se insiste desde hace muchos años para que se incorpore a la Constitución la cuestión de género. Y no sólo respecto del armado de listas para una elección sino en todos los ámbitos del gobierno provincial, en todos los poderes. Tenemos consagrada una ley contra toda violencia contra las mujeres pero los casos de femicidio continúan. ¿Puede una ley cambiar los hábitos por sí sola? La respuesta es no. Pero mire: el presidente (Mauricio Macri) habilitó el debate sobre la despenalización del aborto pese a estar en contra. Por eso, desde hace unos días se asiste a un debate interesantísimo, con intervenciones muy destacadas como las de Barranco y Maffía como hacía mucho no se escuchaban en el Congreso.
Entonces, ¿cuál es la cuestión? Aprovechar cada oportunidad para instalar el debate sobre género, seguridad, educación, laicismo -que este proyecto lo contempla. Si todo ello tiene rango constitucional, mejor, porque va a ser más difícil volver atrás”.
“-Le gustaría que vuelva a estar el apellido Tessio entre los convencionales?
-Es una deuda que le debo a mi padre, pero no depende de mí, por supuesto.
-Es una aspiración….
-Sí, es una aspiración. En estos días pensaba quiénes, de entre quienes yo conozco, podrían ser elegibles como constitucionales constituyentes y le aseguro que cada fuerza política tiene muy buenos elencos como para poder armar listas de convencionales constituyentes. Hay muy buenos referentes”.
El feminismo no es uno solo
Uno de los debates que cruza el pensamiento feminista en cuanto a la problemática histórica de la mujer en relación a su propio cuerpo, es el de la prostitución y una discrepancia entra las llamadas “regulacionistas” vs. “abolicionistas”, lo que indica que no hay, necesariamente, feminismo sino “feminismos” y feministas.
Una línea del pensamiento feminista, sostiene que la prostitución es “trabajo sexual” y como tal debería estar regulado. En una postura opuesta, hay mujeres que impulsan la abolición de la prostitución como respuesta a que las garantías, que el Estado estaría brindando, serían para los clientes cual si fuese un “control de calidad”.
De nuestra ciudad ha salido el testimonio de Elena Moncada, una mujer en situación de prostitución que durante años fue sometida a la violencia de clientes, proxenetas y el propio Estado con sus fuerzas de seguridad. Elena escribió su experiencia en el libro “Yo elijo contar mi historia”, llevada al teatro por la actriz Mariel Rosciano, en un unipersonal de alta carga emotiva e intimista. La obra se exhibirá el sábado 21 de abril a las 20,30 horas en LOA: 25 de Mayo N° 1867.
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