MOMENTOS DECISIVOS EN EL RESCATE DE LOS ARGENTINOS PERDIDOS EN LA ANTÁRTIDA
El dramático intento de rescate de los dos argentinos que cayeron en una grieta en la Antártida ya está en marcha. En una carrera contra el tiempo, cuatro de los expertos del Ejército se encuentran a sólo 1.500 metros del sitio del accidente, por lo que se espera que antes del atardecer inicien las tareas en el lugar.
“Están realizando una marcha en esquíes hasta el sitio del accidente”, se informó esta tarde desde el centro de operaciones emplazado en el rompehielos Almirante Irízar, fondeado en el puerto porteño.
Los socorristas llevan provisiones para quedarse en el lugar durante tres días. Al mando de la misión va el coronel Víctor Figueroa, jefe de la última expedición argentina al Polo Sur, llevada a cabo en 2002. “Pueden bajar a 100, 200 metros. No tienen limitaciones técnicas para descender a la distancia que sea”, explicó el coronel Mario Gabriel Dotto, segundo comandante Antártico del Ejército (Edición impresa).
Los preparativos del grupo dieron comienzo a las 7.30, poco antes del amanecer antártico. Sin embargo, los rescatistas recién pudieron iniciar el viaje desde la base chilena Presidente Frei bien entrada la mañana, luego de una temporaria mejora del clima.
El accidente ocurrió cerca de las 11 del sábado, cuando un convoy de dos motos -con cinco hombres- retornaba a la base Jubany tras una visita de rutina a la estación uruguaya General Artigas (Archivo 19/09/2005).
“Ya estábamos más adelante de mitad de camino, cuando entramos en una zona de grietas. Al detectar la presencia de grietas, hicimos una comprobación mediante la carta y el navegador satelital, y empezamos a subir para salir de esa zona. Al paso de la primera moto se abrió la grieta y cayó”, relató ayer el capitán Jorge Pavón, uno de los tres sobrevivientes, jefe de la base Jubany.
En la moto que desapareció viajaban el biólogo Augusto Thibaud y el suboficial segundo de la Armada Teófilo González. Lo primero que hicieron Pavón y los otros hombres —los suboficiales Mario Leonhardt y Alejandro Carbajo— fue acercarse al borde de la grieta.
Sin embargo, los intentos de rescate fueron estériles: no vieron nada ni nadie respondió a sus gritos. El domingo se decía que la grieta tendría una profundidad de 30 metros. Ayer el capitán Pavón reveló que tiró en la boca de la grieta una cuerda de andinismo de 50 metros de largo y que no tocó fondo.
El mismo día del accidente un grupo de la base coreana King Sejong, a 7 kilómetros del lugar, se aproximó al lugar y un helicóptero de la Fuerza Aérea hizo un avistaje. Los esfuerzos tampoco dieron resultado. Por eso, la esperanza ahora está puesta en lo que puedan hacer los siete expertos del Ejército. “No se puede perder tiempo. Las horas son vitales”, resumió el coronel Dotto.
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