MONTEKRISTO
Victoria es una argentina treintañera que vive en España. Su padre, sindicalista, fue secuestrado durante la última dictadura, junto a su madre… embarazada. Ahora, Victoria busca a su hermano/a con la ayuda de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Laura tiene 30 años. Quienes la criaron y dicen ser sus tíos, en realidad, no comparten con ella ningún lazo de sangre. Laura nació en un centro clandestino de detención y fue el “regalo” que recibió Lisandro –“su tío”- por su fidelidad al coronel. Laura desconoce su identidad, pero está comenzando a sospechar sobre el “accidente de sus padres”, así como de “sus tíos”.
Esta historia, que puede ser similar a la de algunos de los argentinos, hijos de desaparecidos, forma parte de la trama de la telenovela con más rating en este momento: MONTECRISTO. Claro que, para no salirse de los cánones del género, Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) están enamoradas del mismo hombre: el galán consagrado por el éxito de Resistiré, Pablo Echarri.
Aunque Montecristo no es la primera ficción televisiva que trata la dictadura –ya lo han hecho algunos unitarios, por ejemplo-, sí es la primera vez que forma parte fundamental de la trama y que todas las acciones y la mayoría de los personajes tienen alguna relación –en algunos casos más directa y explícita que en otros- a los años más oscuros de nuestra historia y sus consecuencias, que llegan hasta nuestros días.
Como bien señala Adriana Bruno en un artículo del Clarín del 21-05-06, “Aquí [en Montecristo] la dictadura y sus consecuencias es referencia constante. El complejo entramado de relaciones revela también la necesidad de cómplices, por acción u omisión, para que los crímenes se consumen”.
Por otra parte, Hernán Ferreirós comentaba hace dos semanas en RADAR: “El Montecristo de Pablo Echarri parece esconder una insospechada e inteligente vuelta de tuerca a la historia: la de ex represores enriquecidos y bebés apropiados durante la última dictadura. (…) El juego de identidades de telenovela no es idéntico al de todas las demás: aquí no se trata de una sirvienta que es en realidad hija ilegítima del rico o un pleyebo que tiene sangre azul, la verdadera identidad a descubrir es la de una chica apropiada. Las filiaciones reales no vienen aquí a confirmar el orden impuesto sino a destruirlo”.
En Herejías compartimos estas ideas, pero también somos concientes de que no es casual que una telenovela ponga en escena esta problemática en el contexto socio-político que vive el país. Decimos que no es casual, porque el tema de la memoria ha sido instalado en la agenda por el mismo presidente –y hasta se le ha asignado un espacio en el calendario de las mini-vacaciones, perdón, de los feriados nacionales, para fomentar la toma de conciencia y el recuerdo de las víctimas… (en algún teatro de revista de Mar del Plata). Si bien no deja de ser significativo que una telenovela, trasmitida por un canal de aire en el horario central de la noche, decida tratar la temática de la dictadura y, especialmente la apropiación de bebés nacidos en cautiverio, como uno de los componentes centrales de su trama, por otra parte, es necesario tener en cuenta que Montecristo es un producto fiel de las condiciones de producción del momento actual de la Argentina. Para emplear términos de Michele Foucault, esta telenovela se enmarca dentro del régimen de “lo decible” y de “lo visible”. Montecristo no hubiese sido ni siquiera pensable durante el menemismo, por ejemplo.
Más allá de que la lucha por la memoria sea el caballito de batalla del gobierno K y que, por esta razón el tema haya sido instalado en la agenda; más allá de que los canales tengan que agradecerle a Kirchner, de alguna manera, por haberles prorrogado las licencias por diez años más y por las sumas millonarias que invierte en propaganda oficialista; más allá de que si Telefé se arriesgó a tomar una posición ideológica tan definida, es porque seguramente le implique algún beneficio –no olvidemos que los temas más controvertidos son los que más millones producen (muestras sobran, la más cercana: Código Da Vinci). Más allá de todas estas cuestiones que pueden opacar la “insospechada e inteligente vuelta de tuerca a la historia”, queremos rescatar, como un hecho sumamente saludable para la memoria y democracia de nuestro país, que temas como la dictadura, la apropiación de bebés nacidos en cautiverio, la usurpación y negación de la identidad, la lucha de las Abuelas sean puestos en escena –y con una producción y actuaciones que bien vale la pena disfrutarlas- en el programa con más rating del momento: MonteKristo.
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