MONUMENTO A EVITA: DENUNCIAN SERIAS IRREGULARIDADES EN SU CONSTRUCCIÓN
Evita pasó a la inmortalidad hace más de medio siglo, pero aún no puede descansar en paz. El monumento erigido en su homenaje al lado de la Biblioteca Nacional acaba de quedar asociado a una larga lista de irregularidades administrativas. El episodio es menos dramático que el ocultamiento por años de su cadáver, aunque no por ello deja de sumar una mancha a la memoria de la figura más venerada del peronismo.
Según una denuncia de la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) a la que tuvo acceso Clarín, para la construcción del grupo escultórico dedicado a Eva Perón fueron violados todos los sistemas de control del sector público y se contrataron obras —aún incompletas— por cifras superiores a las presupuestadas. Sin embargo, en el Estado nunca nadie movió un expediente para buscar a los responsables.
El dedo de la SIGEN —encargada de la auditoría interna en órganos del Gobierno— apunta contra la Secretaría de Cultura, en manos de José Nun. Y también hacia quienes lo precedieron desde 1997, cuando se inició el proyecto. Lo llamativo es que dos gobiernos de signo peronista, los de Carlos Menem y Néstor Kirchner, aparecen en el informe como los más comprometidos.
A la gestión menemista que encabezó Beatriz Gutiérrez Walker le achacan haber eludido no menos de tres leyes (las de Contabilidad, de Obras Públicas y de Procedimientos Administrativos) y otra serie de incumplimientos, como el de contrato y de encuadre normativo de la obra.
Sobre los funcionarios que ocuparon el cargo durante el kirchnerismo —primero Torcuato Di Tella y Nun desde noviembre de 2004— pesan sospechas de desidia para informar las irregularidades y denunciar a sus responsables, pese a las advertencias que afirman haber realizado los auditores. Las responsabilidades también rozan a Darío Lopérfido, titular de Cultura con la Alianza, y a Rubén Stella, del duhaldismo.
El escándalo salió a luz cuando el veterano escultor Ricardo Gianetti, ganador del concurso para diseñar el monumento, denunció a los cuatro vientos que le deben 680 mil pesos por la construcción de la obra, que dejó incon clusa. Mientras el artista se declaró lesionado en su “derecho moral como autor”, la SIGEN —a cargo del justicialista Claudio Moroni— puso la lupa sobre cifras y procedimientos: descubrió que el monumento había sido tasado en 3.593.350 pesos, pero el contrato se terminó fijando en 4.012.282 “sin documentación que justifique la diferencia”.
La imagen de cuerpo entero de Evita, esculpida en bronce, se alza desde finales de 1999 en la esquina de Avenida del Libertador y Austria, semioculta por la vegetación de la plaza que también fue bautizada con el nombre de la segunda esposa del general Perón. A metros de allí, la pareja vivió durante sus tiempos de gloria, en el terreno donde estaba la residencia presidencial y hoy se levanta la Biblioteca.
De las nueve piezas que formaban parte del grupo escultórico proyectado hay sólo dos, sobre una base de granito protegida por rejas. Nada se sabe de las otras siete, que debían ser alegorías del “alma nacional” y de la protección a la niñez, a la mujer desvalida y a la ancianidad.
El informe le atribuye buena parte de las incorrecciones a una comisión a la que el menemismo le delegó el seguimiento de la obra. Los auditores detectaron que sus miembros nunca justificaron la decisión de aumentar el premio al ganador del proyecto de 30 mil a 60 mil pesos y al mismo tiempo adjudicarle su construcción, sin comprobar si cumplía con los requerimientos técnicos y financieros exigidos en la Ley de Obras Públicas.
La SIGEN intimará a Nun para que ordene la conclusión del grupo escultórico y denuncie ante la Oficina Anticorrupción la cadena de anormalidades que se detectó. Mientras tanto, la imagen de Evita está sola y espera.
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