"MOYANO LIGHT": EL LIDER CAMIONERO BUSCA LAVAR SU IMAGEN DE DUREZA
Te felicito, estuviste bárbaro”, le dijo Fernando Braga Menéndez, el publicista de la campaña presidencial de Néstor Kirchner. Hugo Moyano le respondió con la sonrisa de un alumno que acaba de pasar un examen.
El cruce ocurrió hace dos semanas en un programa de televisión de Canal 9. A Braga Menéndez, como al resto de los participantes, le había llamado la atención el nuevo estilo del camionero para enfrentar las cámaras de televisión.
“Sí, hay un nuevo Hugo”, afirman sus aliados en la CGT, y hablan de un Moyano más racional, que trata de evitar los exabruptos que solían caracterizar sus apariciones públicas.
“Es el Moyano oficialista, el Moyano light”, dicen sus enemigos, y sostienen que el cam bio es sólo “superficial” y que fue el camionero quien más hizo para generar los conflictos gremiales de las últimas semanas.
Lo cierto es que, en sus últimas incursiones mediáticas, el jefe de la CGT se mostró sereno, con un discurso medido y algunos detalles —como los anteojos— que parecieron pensados cuidadosamente para dejar atrás un pasado de perfil más violento.
“Se cansó de ser el protagonista de La bella y la bestia”, le dijo a Clarín uno de los sindicalistas más próximos a Moyano. En esa lógica, “La bella” sería su compañera en el triunvirato de la central sindical, Susana Rueda. En estos meses, la mujer demostró gran habilidad al hablar por radio y por TV. Allí podría estar el secreto de los cambios en el perfil del camionero.
Moyano parece haber comprendido que para sacarse de encima a Rueda no es suficiente con controlar la mayoría de los gremios de la CGT sino que necesita también reconciliarse con la sociedad. Sobre todo, si quiere quedar como único jefe de la central sindical.
Sucede que el triunvirato que integran Moyano, Rueda y José Luis Lingeri conducirá la CGT sólo hasta julio de 2005. A partir de allí, y por tres años, el camionero se quedaría con todo. Por lo menos ese habría sido el acuerdo cuando se alcanzó la unidad.
Pero los responsables de la consagración de Rueda —en especial Carlos West Ocampo— no piensan regalarle nada a Moyano. Saben que no pueden competir con él dentro de la CGT pero confían en el apoyo que pueda cosechar la mujer entre la gente. “Hoy, si se hace una encuesta, ¿quién gana, Moyano o Rueda?”, se preguntan, convencidos de que el camionero no recogerá muchas simpatías.
Y Moyano, que también sabe que no goza de gran popularidad fuera de los gremios, parece haber empezado a trabajar para cambiar esa imagen.
“Hugo entiende que cuando se enoja pierde, porque responde más con la boca y el corazón que con la mente. Con Palacios le insistimos en la necesidad de cuidar la imagen y él cada vez escucha más”, dijo Lingeri.
Sus rivales, en cambio, aseguran que detrás de los cambios de Moyano está la mano del Gobierno: “Necesitan que sea más moderado para evitar que otro de sus amigos se mande una macana. Ya les pasó con D’Elía, que se enloqueció y salió a tomar una comisaría”.
“Moyano es Moyano, él no cambió, lo que cambió es la Argentina”, afirmó Palacios.
Con la buena relación que tiene hoy el camionero con el Gobierno ya no hay motivos para calificar de “trastornado” al ministro de Economía (Domingo Cavallo) ni de “boludo” al Presidente (Fernando de la Rúa). Tampoco para cruzarse duro en televisión con la ministra de Trabajo (Patricia Bullrich).
Este Moyano, el mismo que alguna vez levantó un paro por lluvia, dijo no hace mucho: “¿Usted cree que yo puedo recular? Pero por favor, ¿sabe por qué me costó aprender a manejar camiones? Porque no sabía poner la marcha atrás”.
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