MUCHO PAN Y NADA DE CIRCO
Girando a la inversa de las agujas del reloj, Luis Alberto Spinetta editó un nuevo trabajo discográfico y como es su costumbre, no dio ninguna nota mediática. Actitud que es profundamente coherente con sus prácticas cotidianas, ya que no las altera como otros músicos, que no dan entrevistas hasta que necesitan promoción para sus nuevos discos. Quizás podemos aventurar la siguiente hipótesis. Spinetta se llama a silencio porque no quiere ser cómplice del circo mediático que se monta entorno al rock, al que se prestan otros músicos, tan geniales en su trayectoria y funcionales en estos tiempos, como es el caso de Charly García.
Sólo contesta algunos mail que le escriben los editores desesperados de revistas como Rolling Stone y afirma escuetamente sobre “Pan”: “Es un disco en vivo, digamos, tocado simultáneamente en estudio. Está grabado en cintas, es análogo, aunque otras cosas sí las hemos trabajado de manera digital. Creo que no se parece prácticamente en nada a “Para los árboles”. Hay más sonido de banda, no hay efectos electrónicos. Es un poquito más «tocadito», más rockero.”
El rock nacional, esa brisa de libertad que le permitió a los argentinos soportar durante décadas las barbaries de un país en llamas en estado permanente, avivó el fuego social hasta un límite indeseable en Cromañón y aquel día toco fondo. Por eso celebramos cuando Luis Alberto Spinetta se resiste a la jubilación anticipada y pone el cuerpo y la mente como ejemplo, de que otro Rock es posible, de que no estamos condenados a escuchar letras de rock que se parecen mucho a los noticieros y se encuentran a años luz del sueño Dylaniano.
Para grabar “Pan”, Spinetta echó mano a su sabiduría de gourmet musical y utilizó una receta recomendable. Mezcló músicos consagrados junto a jóvenes con hambre de gloria, dos condimentos infalibles. Entre los talentos conocidos se encuentran: Claudio “el topo” Cardone, que como dice la canción del rosario jamás dejará de tocar, y Guillermo Vadalá, quién hace una participación especial en uno de los temas. Y entre los talentos jóvenes, encontramos a la bajista Nerina Nicotra, al baterista Sergio Verdinelli y a la corista Graciela Cosceri. A pesar de que el disco suena muy bien, si el maestro nos permite un reclamo, extrañamos un poquito a Javier Mallosetti. Pero esta sensación seguramente responde a que Mallosetti se ha convertido en uno de los músicos más importantes del momento, cuestión en la que tiene mucho que ver, la confianza que le brindó durante años el flaco Spinneta.
Según los críticos, “Pan” es el regreso a las sonoridades que regalaba Spinetta Jade, definitivamente alejado del sonido power e inquietante que desplegaban los “Socios del desierto”. Es un disco de tempo lento, para escuchar y disfrutar, y que contradiciendo las sagradas reglas del mercado, no tiene hits instantáneos.
Uno de los comentarios más profundos sobre el disco, lo hizo el crítico de la revista Rolling Stone, Horacio Poyo Magnacco, quien afirmó: “En cuanto a las letras, el nivel es elevado, aun para los ya muy altos estándares spinettianos. Hay una imagen que sobrevuela gran parte del disco: la huida de la gran ciudad, pero no en un plan juvenil, hippie y campestre (idea cuyos puntos destacados dentro del rock argentino son “Una casa con diez pinos” de Manal y casi la totalidad de Almendra II), porque en este caso la mirada es la de un tipo mayor, cuyo objetivo es escapar de la alienación urbana en buena compañía. Los ejemplos: “Donde la mañana trastornada, con su pulso aterrador, va llevando masas muertas de hombres a un trabajo sin razón, y las calles viruladas con su eterna colisión, van dejando las almas en el abismo” (“Bolsodios”); “en tanto que la brisa así mueve mis cosas, y la feroz ciudad no da para más, yo sé de tu mirada de ángel del adiós y del día, día que tarda en salir” (“Canción de noche”); o “ya nada es en vano, se caen las casas, se acuerdan del lodo” (“Preconición”). El narrador de estas postales puede ser Luis o no, pueden ser autobiográficas o no, pero no interesa, ya que lo importante es su belleza poética”.
Para los que vivimos por estas tierras, una de las canciones, trae un dato de color. Según cuentan nuestros vecinos de Santo Tomé, una jovencita de aquella ciudad enamoró al maestro. Y el flaco, con la generosidad poética que lo caracteriza, le dedicó una canción preciosa, titulada, “La flor de Santo tomé”, uno de los puntos más alto del disco. Un fragmento de esta canción dice: “Yo vine y no traje nada, y la mejor me llevé/ porque ella es la flor más linda, la de Santo tomé/ si es que se agita mi canción, ya tiene a donde ir.
Rió no traigas las sombras, brujería de amor/ la pena nos hace sauce, el no lloró/ si es que se agita como un trébol, que acaba de nacer…”
El arte de tapa de “Pan” también llama gratamente la atención y completa una obra de arte sin fisuras. El diseño lleva la firma del talentoso Alejandro Ros, uno de los favoritos de los espíritus vanguardistas. La creación es un símil de una tela cuadriculada, que remite tanto a un mantel como también a las viejas bolsas que nuestras madres utilizaban para hacer las compras en los locales del barrio.
En estos tiempos de comida chatarra, vale la pena volver a uno de los alimentos básicos de nuestra música y el nuevo disco de Spinetta está hecho con la nobleza del pan recién horneado.
Este contenido no está abierto a comentarios

