MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS
Para muchas mujeres modernas, vivir es algo más que un desafío. Se suman el trabajo, la exigencia de mantenerse actualizada, de justificar el éxito profesional con un exceso de esfuerzo, a la casa, los chicos, la provisión del hogar y la contención afectiva de todos los miembros de la familia. Sin tiempo, dejan de ocuparse de sí mismas. “Me gusta levantarme a las 6 porque tengo media hora para tomar mate sola, sin que nadie me pida nada”, es una frase repetida. Alteradas, angustiadas, desbordadas. Así se sienten muchas mujeres, de cualquier edad. No les alcanzan las horas del día, ni las manos, ni la cabeza. Creen que ese cansancio infinito es normal, por la excesiva cantidad de actividades que asumen. O lo atribuyen a una falla propia que les impide cumplir con las metas desmedidas que se autoimponen. No hay noches de intenso sueño o vacaciones que les alcancen.
Muchas mujeres padecen el síndrome de agotamiento femenino. Pero no saben que se trata de una enfermedad. Más bien, se sienten culpables por no alcanzar a cumplir sus objetivos, y agregan más agotamiento. Desde la práctica clínica, las psicólogas Mariela Apud, Gabriela Bianchi y María Alejandra Luvatti comenzaron a vislumbrar este síndrome, sus síntomas y efectos, y lo investigaron. Como consecuencia de ese trabajo, desarrollan talleres para todas las mujeres que están agotadas y piensan que no tienen ninguna opción para mejorar su vida. Como puntapié inicial, el próximo miércoles, a las 20, harán un Encuentro Terapéutico de Mujeres, en La Casa (Mendoza 862).
El primer encuentro se desarrolló en el mismo lugar, el 30 de octubre pasado. Para las interesadas en continuar con ese trabajo, de allí surgieron tres talleres, coordinados por las psicólogas. En el primer taller trabajaron sobre “Conflictos y Necesidades”, el segundo se llamó “Cegándose” y el tercero, “La peor compañía” (destinado a reflexionar sobre las relaciones). Las coordinadoras, con el aval de haber sido fundadoras de la mítica institución El Bancadero, hoy vuelven a emprender la terapia grupal como abordaje de una situación de crisis. Cada una tiene 15 años de experiencia en la clínica.
Está claro de que se trata de un problema de género, aunque tanto hombres como mujeres se agoten. “En la práctica clínica venimos escuchando que cuando al hombre le aparecen determinados síntomas como sentirse exhausto o irritable, algo hace con eso, en cambio cuando una mujer está agotada, con sus síntomas de irritabilidad, siente que tiene que exigirse más, porque no le da el cuero, y cree que tiene que ver con ella, que está alterada por razones hormonales, incluso hay una expresión muy difundida, que es que está malatendida o malco”, expresó Luvatti.
Estas sensaciones están asociadas con los mandatos sociales que afrontan las mujeres desde tiempos inmemoriales. “Existe un mandato que nos exige hacer todo al mismo tiempo y bien. En esta particularidad aparece como un problema de género, determinando la multiplicidad de roles y de exigencias que actúan como difusores de stress”, explicó Apud.
En la dimensión del agotamiento, lo que entra en juego “tiene más que ver con cuestiones de la autoestima, de la visión de sí misma, con lo que creen que se espera de ellas”, expresó Bianchi.
“En relación a lo genérico, no existe un modelo. Una elige una de las maneras que la sociedad propone de ser mujer. Pero las otras formas actúan produciendo culpa. Aún cuando muchas mujeres profesionales saben que las tareas de la casa no son su responsabilidad, cuando no están hechas, se sienten culpables”, describió Apud, mientras Bianchi agregó que “existe un peso en relación a lo que se hace o no se hace, porque se parte de la base de que una tenía que estar sosteniendo todo”.
En cambio, aseguran, a los hombres ciertos dilemas no se le plantean: ante la misma situación, un acto escolar de los hijos al que no se puede ir por estar trabajando, el hombre entiende que no puede y no se plantea nada alrededor del no estar, mientras la mujer siente culpa. “Cuando el hombre dice no puede, es de otra dimensión. Para la mujer quiere decir que no hay ninguna posibilidad de, mientras para el hombre puede significar una elección. Incluso, puede ser que tenga que ir a jugar al fútbol”, ejemplificó Bianchi.
Por eso, las profesionales proponen los talleres para que las mujeres agotadas puedan vislumbrar un nuevo posicionamiento subjetivo respecto de las exigencias y desde allí, nuevas formas de relación. Para conectarse con las organizadoras, se puede llamar al teléfono 4491483, o a la dirección electrónica [email protected]
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