MUJERES POLICÍAS: EL ARTE DE ATRAPAR AL LADRÓN SIN DISPARAR UN SOLO TIRO
Una atrapó al hombre que la asaltó luego de correrlo varias cuadras, subida a altísimos tacos; otra corrió y detuvo a al ladrón que ingresó a un cibercafé, y la tercera logró perseguir y arrestar a un muchacho que salía de su casa llevándose un botín que ella había comprado con gran sacrificio.
Son mujeres policías, estaban armadas, pero ninguna de ellas utilizó su pistola reglamentaria para enfrentar a los delincuentes. Ellas sostienen que las mujeres son más decididas a la hora de actuar, y que su desempeño fue “intuitivo”, pero no le dan demasiada importancia al hecho de no haber desenfundado el arma para atrapar a un ladrón.
“Yo lo único que pensaba era en tener las manos libres para correr y agarrarlo”, destacó Marina Vacarezza, de 34 años, quien atrapó al ladrón que ingresó a un cibercafé.
Para Carla Scardino, de 37 años, actuar en esos casos “es intuitivo: vos salís a correrlo”.
Gabriela Kesler, de 27 años, corrió 200 metros al ladrón que le robó la cartera cuando iba con su hija de tres años en el colectivo, por la zona sur. “Me le tiré encima y le puse uno de mis zapatos de taco alto en la garganta. Después saqué el arma y le dije que no se moviera, que quedaba detenido”, relató la mujer.
Kesler cumple funciones en los altos de la comisaría 1ª, donde se desempeña como secretaria de la jefa de Policía de la provincia, Leyla Perazzo.
Carla Scardino es oficial principal del Comando Radioeléctrico. Ingresó a la policía hace 17 años y cumple tareas administrativas. Tiene un hijo de 16 años y para ella ser policía fue su ambición desde chica, ya que su padre también trabajó en las filas. “Cuando terminé el secundario entré a la Escuela de Policía. Estudié tres años. Lo mío fue vocacional, siempre quise hacer esto”, explicó.
Marina Vacarezza es cabo y trabaja en el destacamento ubicado en La Siberia. Hace 7 años que está en la policía y siempre trabajó en la calle. Tiene dos hijos, uno de 15 años y un bebé de 6 meses.
“Lo llevamos en la sangre, tengo varios policías en mi familia y hago lo que me gusta”, explicó la agente que además de trabajar y criar a sus hijos se hizo tiempo para estudiar en la Facultad de Medicina la carrera de Técnica Evisceradora, título que ostenta con orgullo y que la habilita para trabajar como auxiliar de un médico forense.
Madres policías
Sin bien ellas no acentúan las diferencias de género como un problema en las filas policiales, ser madre y seguir la carrera policial a veces se complica.
“Una quiere trabajar, dedicarle tiempo a la profesión. Pero por el otro lado están los hijos, y también hay que dedicarles tiempo. Por suerte, cuando mi hijo era chico, mis padres y mis cinco hermanas me ayudaron mucho y no tuve necesidad de hacer adicionales. A pesar de que estaba sola, sin pareja, me pude arreglar bien. Hoy, las mujeres que ingresan a la policía no pueden vivir sin el dinero de los adicionales y se hace difícil con los hijos”, opinó Scardino, quien a la vez recordó haber resignado en una oportunidad la asistencia a un curso que se dictaba en la ciuda de Santa Fe para cuidar a su hijo adolescente, pese a que con ello obtendría un ascenso.
Vacarezza suele llevar a su pequeño bebé de seis meses al trabajo y reconoce que sus compañeros son muy solidarios con ella: “A veces tengo que salir a la calle y se queda mi jefe dando la mamadera”.
Ellas reconocen que la estructura policial es machista y lo atribuyen a que las mujeres hace poco que empezaron a formar parte de las filas policiales. “Y ser mujer no te dificulta para ascender”, opinaron.
“Por suerte, ahora estamos en la calle. Pero el problema que tenés es que si bien la gente te ayuda y te apoya cuando hacés un operativo, nadie quiere salir de testigo porque no quieren comprometerse”, expresó Carla, quien aseguró que “ante la impotencia de un robo te piden ayuda, no importa si sos hombre o mujer”.
Acción
Las tres mujeres intervinieron en sendos procedimientos, corrieron a los ladrones, los atraparon pero nunca desenfundaron el arma que portaban. “Una sabe que va armada y que va protegida por eso”, destacó Vacarezza. “Lo vi, lo corrí, lo seguí corriendo. No me dio tiempo a pensar si yo estaba armada, si corría peligro. Vos no pensás en agarrar el arma. Pensás en estar liviana y tener las manos libres para correrlo y pegarle el manotazo. No pensás demasiado en ese momento. Si pensáramos tanto en el peligro, no estaríamos acá”, destacó.
Para Scardino intervenir en un hecho de esas características “es intuitivo: vos salís a correrlo. Ni siquiera sabés cuántas cuadras podés aguantar a toda carrera”.
Vacarezza siempre trabajó en la calle: “Estuve en procedimientos grandes, en tiroteos y, cuando empezás a escuchar detonaciones, ahí tomás un poco de conciencia. Después pensás en dónde estuviste: cuando llegás a la comisaría, te hacés unos mates y empezás a escribir el acta de procedimiento”.
Gabriela Kesler atrapó al ladrón que le robó la cartera cuando bajaba del colectivo con su hija en brazos en Uriburu al 2000. Salió corriendo tras el maleante: “La verdad es que no sé cómo me levanté tan rápido. Vi que la nena estaba bien y que la gente me decía: «Correlo, correlo, nosotros te miramos a la nena, dale, agarralo, que no se escape». Mientras lo corría, me identifiqué como policía, le di la voz de alto y le dije que se tirara al piso, pero el seguía a la carrera por calle Uriburu”.
Cuando el delincuente cruzó la vía –a la altura de Uriburu y Moreno–, un vigilador privado que desde hace tiempo está en una estación de expendio de combustible y gas en construcción, escuchó los gritos de la mujer, sacó su ciclomotor y comenzó a perseguir al carterista.
Cuando estaba por doblar por el pasaje Vuelta de Obligado, el vigilador lo arrinconó y le dijo que se tirara al piso. En eso, llegó corriendo Gabriela, quien al ver que el ladrón intentaba levantarse, se tiró sobre su cuerpo, mientras le gritaba que se quedara quieto. Mientras le ponía un zapato de taco alto en la garganta, sacó el arma y le informó que quedaba detenido.
El aporte femenino
“Las mujeres somos la parte sensible y maternal de policía, pero los hombres son muy compañeros: te ceban mate, te hacen la comida. La verdad que siempre tuve unos señores jefes”, aseguró Vacarezza.
Ambas reconocen que hay pocas jefas en la actualidad, pero lo atribuyen a que la incursión de las mujeres en la fuerza es relativamente reciente. “Yo ingresé en la primera camada de la Escuela de Policía.
Antes de eso, las mujeres en total no llegaban a 30. O sea que la mayoría de las mujeres comenzaron a ingresar en la misma época que yo”, detalló Scardino.
Un dato que no escapa en ningún análisis es que, en los últimos años, hay más mujeres que hombres como aspirantes a ingresar en la policía. Y que la mayoría de ellas, lejos de estar movidas por la vocación, buscan en este trabajo una opción al desempleo, ya que aparece como una de las únicas posibilidades de acceder a una obra social y a una carrera.
“Hoy no hay mucha vocación. O al menos no se elige esta carrera desde ese lugar. Pero una vez que están adentro, se adaptan y trabajan a la par del resto”, opinaron Vacarezza y Scardino en defensa de sus pares.
“HAY GENTE AGRADECIDA”
El orgullo de Marina Vacarezza es un rosario que le cuelga en el cuello. Fue bendecido en la capilla de la Virgen de Rosario de San Nicolás. “Me lo regaló una mujer, a la que le tomé una denuncia. Después la acompañé a la casa, porque tenía miedo. Unos días después, me trajo el rosario”, recuerda la suboficial. “A veces te regalan muñequitos, o golosinas; hay gente agradecida también y eso es impagable”.
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