MULTITUDINARIA CHARLA DE BAR CON UN URUGUAYO Y UN NEGRO
Sobre el escenario del teatro Broadway pudo observarse anoche una escena sencilla, austera, casi minimalista. Dos mesas de bar, de madera marrón, cuatro sillas también de madera marrón –dos de ellas permanecieron vacías–, dos botellas de agua mineral, dos vasos. Y enmarcados por un fondo negro, bajo una luz blanca, dos señores calvos: uno de ellos rosarino, estaba vestido con ropas claras; el otro, uruguayo, con vestimentas oscuras. La luz del escenario les hacía brillar las peladas. Fue una puesta sencilla que dio lugar, sin embargo, a un ritual sentido, profundo. Un público que colmó las localidades, escuchó durante más de una hora y media al escritor uruguayo Eduardo Galeano y al humorista y escritor rosarino Roberto Fontanarrosa, que hizo las veces de presentador y gracioso partenaire. Y al final, poco después de las 22, fue la ovación, los abrazos, el saludo a las Madres de Plaza de Mayo y una gran cantidad de gente pugnando por una firma de Galeano en las páginas de un libro.
Con casi una hora de retraso, a las 20.25 el escritor comenzó a leer algunos de los breves relatos que componen su último libro, “Bocas del tiempo”. Esa parte del ritual duró unos 25 minutos, y fue interrumpido más de una vez por aplausos. El encuentro, organizado en forma conjunta por la Municipalidad de Rosario y la librería Homo Sapiens, produjo verdaderos tumultos, y frente al teatro se formó una cola de más de una cuadra de largo.
A través de sus breves relatos –coloquiales, efectistas, sentimentales– Galeano recorrió temas tan diversos como la vida de pareja, el parto, la sabiduría de los niños, el oficio de escribir, la medicina, el punto de vista, la historia antigua, los medios de comunicación y el fútbol, entre otros. “¿Por qué los perros no comen postre?”, se pregunta Soledad, de cinco años, desde un cuento de Galeano. “¿Dónde duerme la noche?”, quiere saber Vera, de seis. Y Luis se pregunta si Dios se va a enojar con él por su falta de fe.
También desfilaron por el Broadway la anciana que pide una y otra vez que le tomen el pulso, sólo para que alguien la toque, el albañil que le solicita a un escritor que le escriba una carta de amor, el Papa que se atragantó con una mosca, el sultán persa que come berenjenas, la colonización de América y el futbolista que decide tirar afuera un penal injustamente cobrado, entre otros fantasmas. En el mundo ficcional de Galeano, es Colón quien no puede entrar a América por falta de visa, y son los europeos los que se quedan fuera por carecer de permisos de trabajo.
Más tarde, luego de una graciosa presentación de Fontanarrosa (que durante la lectura de los cuentos guardó absoluto silencio) comenzó lo que Galeano llamó “la conversa”, que incluyó las elecciones de Uruguay y Estados Unidos, la sociedad de consumo, internet, la corrupción, el cine, la unidad latinoamericana, el agua, las privatizaciones, Bolívar. “No sé si me impresiona la prosa de Galeano. Lo que me impresiona es que lea sin lentes”, bromeó el rosarino demostrando su capacidad para el chiste repentino, la ocurrencia graciosa, la mirada irónica sobre todas las cosas. Terminado el ritual, nadie quería abandonar el teatro, como para no romper la magia. Una mujer agitaba una bandera del Frente Amplio.
Carlos Fuentes: “El mestizaje del idioma afianzó al español”
El escritor mexicano Carlos Fuentes, que llegó a la Argentina para participar del acto inaugural del III Congreso de la Lengua, aseguró que “el español es una lengua impura y que en su impureza reside su renovación”. El autor de La muerte de Artemio Cruz y La región más transparente tendrá a su cargo –el próximo miércoles en Rosario– uno de los discursos de apertura del Congreso, que fiel a su costumbre redactó de puño y letra hace algunos días. “Para mí el contacto con la pluma y el papel es muy importante y lo seguirá siendo hasta que me muera”, aseguró a Télam en una entrevista exclusiva.
Afable y con un aspecto que camufla misteriosamente los 76 años que cumplió justo ayer, Fuentes opinó sobre los beneficios del mestizaje del español, que entre otras cosas “afianzó al idioma fuera de Latinoamérica y rompió con tantas décadas de demonización”.
Fuentes aseguró: “Creo que a mayor contacto, mayor contagio y mayor riqueza. Dicho de otro modo: las lenguas no se dan en pureza. Una lengua se va enriqueciendo a partir de la comunicación y contaminación con otras lenguas. El inglés, por ejemplo, es una lengua que en un 60 por ciento deriva de otras, como el francés, el normando y otras lenguas germánicas y escandinavas. Es una de las lenguas que más ha absorbido, tomado e imitado de otras, lo que la convirtió en una de las más poderosas”.
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