Mundial Rusia: se juega la gran final
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Dos estilos distintos, que se enfrentan en Luzhniki, tratando de hacer prevalecer la mayor tenencia y juego con la pelota (Croacia) y la rapidez y convicción para salir velozmente en contragolpe para encontrar mal parado al rival (Francia).
(Enviado Especial a Moscú, Rusia)Melancolía. Sensación de vacío. Se termina el Mundial y ya se extraña todo. El fútbol, la hospitalidad de un pueblo al que todos subestimaron, desconfiaron, desacreditaron, y que demostró tener respeto, cordialidad, simpatía. Aunque no nos entendamos por esa barrera infranqueable que es el idioma, demostraron estar a la altura y hasta se convirtieron en latinos a la hora de alentar a su equipo, quizás imitando la locura argentina, por lejos la selección con mayor cantidad de seguidores autóctonos y entregados a la pasión de ver ganar a su país. Rusia se ganó el “10 felicitado” que, cuando éramos niños, nos enorgullecía y lo veíamos con ese color verde y los signos de admiración de la maestra. Mostraron al mundo la mejor de las imágenes, organizativas, como sociedad y con la calidez que el visitante reclamaba para sentirse bien. Y nos sentimos muy bien.
Llegaron Francia y Croacia. Dos estilos de juego, distintos en la esencia, firmes en las convicciones, con dos figuras que harán lo que esté a su alcance para quedarse con el ansiado trofeo al mejor jugador del torneo: Modric de un lado y Griezmann del otro. Se fueron todos los otros, los que eran candidatos, los que mostraban sus chapas por anticipado: Messi, Ronaldo, Neymar, por allí Harry Kane, quizás también Hazard, aunque en el caso del belga habrá que darle un mínimo porcentaje —pero porcentaje al fin— de chances.
Está mejor Francia. No tanto por el juego en sí, sino porque afrontó tres finales eliminatorias sin necesidad de ir al suplementario. Argentina, Uruguay y Bélgica cayeron bajo las garras de un equipo que sabe muy bien lo que quiere.
Croacia también, pero ha jugado “un partido más”. Fue las tres veces a suplementario (Dinamarca, Rusia e Inglaterra). Y tiene un promedio de edad más alto que los franceses. Modric tiene 32 años y Rakitic, el otro de los cerebros-caudillos de este equipo que ya hizo historia por más que pierda la final, está pisando los 30 años. Esto, contra la juventud de una Francia que tiene a Mbappé como principal figura, ¡con tan sólo 19 años!
Croacia será un equipo a pedir de Francia. “Tirale la pelota a los franceses que no se preocupan por tenerla. Te la van a devolver. Se despreocupan por la tenencia. Pero saben muy bien lo que hacen cuando la recuperan”, me decía Gustavo Alfaro cuando analizaba al equipo que iba a ser rival de Argentina en los octavos. Y tenía razón. Y como Croacia quiere la pelota, le gusta tenerla y disfrutarla, seguramente la posesión será para ellos. Francia esperará achicando espacios entre el medio y la línea del área penal, para salir con rapidez en contragolpe, vía Mbappé, Griezmann, Giroud y la aparición de algún otro volante, caso Pogbá.
Si el manejo de la pelota le corresponde a Croacia, como todos suponemos, ahí entrará en juego esa “hormiguita que aparece en todos lados”, llamada Kanté, tal cual lo definió Diego Armando Maradona con notable sabiduría y precisión.
Esa pareja de volantes de marca que tiene Francia, le otorgan equilibrio a un equipo que hace del achique de espacios y de la estrategia del contragolpe “supersónico”, su gran argumento para aspirar a repetir lo del 98.
Si el partido se presenta así, Kanté irá sobre Modric o lo mantendrá cortito y controlado. Pero los croatas también se cuidarán de la velocidad de Mbappé y de la habilidad y panorama de cancha de Griezmann. Un tema de cuidado serán las pelotas quietas. Los dos son peligrosos, pero Croacia marca en zona. Y marcar en zona en pelotas quieta es un problema si no está muy bien aceitado y se cuenta con especialistas. Quizás haya sido una estrategia particular para jugarle a Inglaterra, que se paran en fila, como armando un trencito, cuando buscan el cabezazo para convertir goles.
Francia parece más segura. El único equipo que la desequilibró fue Argentina. Extraño pero real. De los cuatro goles que le hicieron en los seis partidos del torneo, tres se los marcamos nosotros y todos de jugada. A partir de ahí, Deschamps fortificó al equipo. Y Croacia necesita eso, fortaleza defensiva para aguantar a un equipo que, cuando ataca, es rápido y lastima.
El otro tema es la temperatura y el descanso. Se jugará con más de 25 grados. Y Francia viene más descansado: jugó un día antes que Croacia y no disputó ningún alargue. Todo lo contrario ocurrió con los croatas. Sumaron 90 minutos más que los franceses, jugaron un día después la semifinal y tienen un promedio de edad más alto. No son detalles aleatorios, sino principales. ¿Podrán sobreponerse?, a priori es un problema para Croacia.
El otro gran protagonista de la final es un argentino: Néstor Pitana. Sus chances crecieron con la eliminación argentina y, quizás también, con la de los ingleses. Está muy bien conceptuado y recibirá el orgullo de muy pocos en la historia: dar el pitazo inicial en el primer partido y el pitazo final en el último. Sólo Elizondo y dos más, allá a lo lejos y hace tiempo, lo consiguieron.
Una final europea con dos equipos que tienen estilos distintos pero que no resignan la búsqueda del arco rival. Croacia tendrá más la pelota pero también deberá superar el mayor cansancio de tantas “finales” acumuladas con definiciones agónicas e infartantes. Francia tratará de ampliar los espacios del medio hacia arriba para aprovecharlos en el contragolpe que se convertirá en su mejor arma. Esperar y realizar la transición más rápida del mundo del sector defensivo al ofensivo, será la estrategia.
Será el último espectáculo bien organizado, en ese teatro de luces que Rusia montó en torno al fútbol. Y cuando la melancolía entra en escena, es porque las cosas se hicieron bien. O muy bien. Rusia les tapó la boca a todos.
Árbitro: Néstor Pitana (Argentina).
Hora. 12 de nuestro país.
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