Murakami completa su homenaje a George Orwell
Con la flamante aparición del tercer volumen de “1Q84”, que retoma la historia de dos amigos de la infancia que se reencuentran convertidos en adultos de hábitos muy dispares, el escritor japonés Haruki Murakami completa su homenaje a la ciencia ficción y al escritor George Orwell.
Una distraída conversación sobre el tabaco -que arranca con la frase “Por favor, no fume, señor Ushikawa”, en alusión a un viejo personaje del autor de “Kafka en la orilla”- marca el comienzo de este volumen que con un estilo despojado y directo simula “naturalizar” las situaciones surrealistas que se narran.
Los dos primeros volúmenes, publicados en forma conjunta por el sello Tusquets -al igual que el título que ahora clausura la trilogía-, se concentraban en el reencuentro de dos amigos que tras largos años con vidas distintas: él, profesor con aspiraciones literarias y ella, instructora de gimnasia y asesina.
Los personajes se cruzan en Japón durante seis meses de 1984, aunque la referencia cronológica no coincide finalmente con las situaciones y escenarios que describe el escritor, siempre propenso a los entornos oníricos.
La tercera entrega vuelve sobre algunos puntos centrales de la trama, en especial lo que le ocurre al líder de la secta Sakigake, el grupo que esperaba una revelación a partir de las voces de la "gente pequeña", que había traspasado el umbral que conducía al mundo paralelo de 1Q84.
En ese mundo, la protagonista femenina, Aomame, ansiaba el encuentro, veinte años postergado, con su antiguo compañero de colegio, llamado Tengo: los libros 1 y 2 colocaron a ambos en una situación complicada cuya resolución quedaba pendiente.
Ahora, Aomame decide recluirse mientras avanza la investigación por el asesinato del líder de Vanguardia amaina, mientras que Tengo se debate entre prestar atención a Fukaeri -otro de los personajes que ganó fuerza en los dos primeros volúmenes pero que en este caso aparece más desdibujado- o a su moribundo padre.
Con esta trilogía de estructura laberíntica, Murakami rinde tributo a Orwell a partir de una historia que dialoga con la distopía imaginada por el autor de “Rebelión en la granja” y plantea un relato surrealista sobre la opresión de la sociedad moderna y el aniquilamiento de la subjetividad.
En la misma línea que “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” -escrito en la década de 1980 pero editado en castellano recién el año pasado-, la obra opta por el realismo mágico para retratar historias en las que hombres y mujeres intentan defender su individualidad frente a un sistema totalitario que plantea al amor como única salvación.
No es el único rasgo común en la genealogía literaria del escritor: otra vez sus criaturas son austeras, no tienen familia visible, no ven televisión ni van al cine (apenas leen diarios), ejercen trabajos alternativos a los habituales y no tienen problemas económicos ni les interesa ganar dinero.
En la tercera entrega de “1Q84”, la narración se aproxima más que sus antecesoras a los tiempos y pautas del thriller, aunque la resolución de los enigmas planteados a los largo de las mil páginas anteriores no resulta del todo ortodoxa: de todas maneras, Murakami se las ingenia para cautivar al lector con la descripción de un mundo paralelo en el que lo que no se dice es tanto o más importante que lo que se cuenta.
El autor de “After dark” se vale de la atmósfera opresiva que retrató su antecesor para plantear un regreso a sus marcas de identidad: la soledad, los sueños, los fantasmas y los juegos siniestros de la modernidad, todo eso sostenido por una imaginación portentosa que sazona con humor y sutilezas poéticas.
La trilogía se apoya en una singular dinámica que propone un regreso al pasado para poder avanzar y que trabaja al mismo tiempo sobre los intersticios de la lengua, rasgo saliente de la literatura japonesa.
En japonés, la letra Q y el número 9 son homófonos: ambos se pronuncian “kyu”, de manera que “1Q84” suena como 1984, la reconocida obra de Orwell a la que Murakami le rinde homenaje.
El escritor, que vive desde hace años en Estados Unidos y apenas concede entrevistas, es el autor japonés más internacional -con doce novelas publicadas hasta el momento-, y además de sus ficciones es conocido por su labor como traductor al japonés de autores como Salinger o John Irving.
Este contenido no está abierto a comentarios

