MURIÓ LA CANTANTE GINAMARÍA HIDALGO
Ginamaría Hidalgo alcanzó un fuerte protagonismo en la renovación del romance entre el folclore argentino y el público local que ocurrió en los años ’60 y ’70.
Hidalgo, que a causa de un accidente cerebrovascular sufría un cuadro de trombosis neurológica por el que se la internó en la sala de terapia intensiva, participó en numerosos festivales, films y programas de TV a lo largo de su carrera.
Se había hecho famosa a principios de la década del 60 con su voz de soprano, que le permitía unos agudos sorprendentes, y por canciones como “Memorias de una vieja canción”, “Amar amando”, “La loca de amor”, “Los pájaros de Hiroshima”, “Canción del adiós” y “Canción para una mentira”.
Participó en Cosquín y otros festivales, e intervino en programas de televisión como “Argentinísima”, de Julio Mahárbiz y “De lo nuestro con humor”, que conducía Quique Dapiaggi.
También participó en las películas “Argentinísima” y “Los gauchos judíos”, donde demostró que además de una vistosa cantante, que se adaptaba a varios estilos, era una actriz estimable.
Hidalgo llegó a cantar el papel de Violeta en “La traviata”, de Giuseppe Verdi, en el Teatro Colón, donde no fue bien tratada por la crítica y cumplió otros roles en “Los cuentos de Hoffmann”, de Offenbach; “Madama Butterfly” de Puccini, donde compuso a Cio-Cio San y en la opereta “El secreto de Susana”, de Wolf Ferrari.
Su actividad artística se mezcló con extrañas ausencias referidas a su salud, en las que como ella misma reconoció en un reportaje de 1984, “fui sometida a cinco operaciones quirúrgicas y padecí tres estados de coma”.
Otras de sus ausencias ocurrieron durante sus largas estadías en España, Venezuela -donde se la conoció como “Ginamaría Hidalgo de Argentina”-, Japón y los EE.UU., en las que realizó giras por numerosas ciudades.
Su vida sentimental estuvo signada por distintos intentos de hallar el amor de su vida, desde que en 1954 se casó en los Estados Unidos con Emmet Walter Wendt, un piloto de pruebas de la fuerza aérea de ese país, con quien tuvo su único hijo, Jean Paul, que con los años le dio nietos.
Luego vino un tormentoso romance con un industrial italiano, otro con el compositor Acho Manzi y un casamiento (1969), en Nueva York, con el bioquímico argentino Juan José Olart, de quien se separó al poco tiempo, en tanto comenzó para ella un período de operaciones en el aparato digestivo. En 1976 se divorció del norteamericano Bruce William Joseph Graham.
Sus últimas actuaciones en escenarios argentinos se produjeron durante 1999 en los festivales de Cosquín y Baradero, tras lo cual volvió a sumirse en el mutismo artístico.
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