MURPHY Y MACRI SE JUNTARON EN SECRETO PARA BUSCAR UN ACUERDO
Una cena secreta, entre pocos testigos íntimos. Un pacto de caballeros para no revelar la cita. Con esas estrictas condiciones Ricardo López Murphy y Mauricio Macri accedieron a reencontrarse el martes, cara a cara, para fijar reglas de convivencia y comenzar a tantear las posibilidades de unificar al centroderecha en las elecciones legislativas del 2005.
No hubo fumata. Pero sí un compromiso de avanzar en las negociaciones, sin tirarse piedras mientras buscan sumar —cada uno por su lado— en los estratégicos distritos de la Capital y provincia de Buenos Aires.
El último intento había fracasado. Hace tres meses, el líder de Recrear salió de la mansión de Macri en Barrio Parque convencido de que el presidente de Boca se pegaría a Eduardo Duhalde. Lo propaló en cuanto foro pisó. Llamó a “una gigantesca alianza opositora” y Macri le respondió que “todavía no es el tiempo”
Después, Macri endureció su oposición al Gobierno, se distanció de Duhalde, y envió gestos de acercamiento al ex ministro de la Alianza. En devolución de gentilezas, aceptó que en la reconciliación debía jugar como visitante. Por eso fue al señorial caserón del economista Felipe de la Balze, un asesor de Murphy en temas internacionales que se perfilaba como canciller si Recrear ganaba el año pasado.
El lugar de la cita secreta quedaba en la muy elegante esquina de Juncal y Carlos Pellegrini, pleno Retiro. Después de admirar las esculturas y antigüedades que colecciona el dueño de casa, Murphy y Macri se sumergieron en un largo round de estudio.
Fuentes de ambos sectores coincidieron en que el hielo se derritió recién cuando el líder de Recrear le pidió a Macri que deje a un lado el papel que llevó como ayuda-memoria y en el que había escrito sus propuestas para la coexistencia. “Empecemos a construir una relación personal, que lo demás viene solo”, le propuso Murphy. Y Macri asintió con una sonrisa asomando debajo del bigotito, mejor recortado que el de su compañero de mesa.
“Salió mejor de lo pensado”, se ufanaban ayer en el campamento macrista de la calle Chacabuco, donde le advirtieron a Clarín que el acuerdo sellado a los postres fue desmentir el encuentro. Idénticas respuestas dieron en el piso 26 de la Galería Jardín, donde los dirigentes de Recrear gozan de ventanales con vista al río.
Ninguno quiere arriesgarse a quedar mal parado ante propios y extraños hasta que la mutua desconfianza quede superada.
Un armado de tono antiperonista dejaría a Macri expuesto a la fractura de sectores peronistas que integran Compromiso para el Cambio, de diseño multicolor.
Un casamiento apresurado con el macrismo podría depararle a Murphy el alejamiento de su aliada porteña, Patricia Bullrich. Y, como temen algunos de sus seguidores, se les esfumaría antes de nacer la ilusión de un acercamiento a radicales y hasta a Elisa Carrió para desafiar al PJ con posibilidades en el 2007.
El “fenómeno Blumberg” fue parte del menú del martes. Macri y Murphy estuvieron en la última marcha del padre de Axel. Y creen que la inseguridad es un punto débil del Gobierno que ellos pueden capitalizar.
Este contenido no está abierto a comentarios

