MÚSICA PARA VACACIONES
“Busco algo que tenga la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa y la precisión de la poesía”.
Truman Capote.
Los estudiosos de la vida y obra de Truman Capote suelen calificar al autor de “A sangre fría” como un buitre literario, que hurgó tanto en la carroña existencial de los ricos aburridos de Nueva York, como en la psicología de asesinos marginales y hasta en los abismos de los grandes artistas del siglo pasado que solía frecuentar. Un ave de rapiña con modales de paloma, que fascinaba a enemigos y admiradores por igual, pero a quien sólo le interesaba vivir para contar.
INFANCIA, CHISMES Y LITERATURA
Según cuentan las biografías, cuando Truman Parsons era sólo un niño y todavía no había adoptado el apellido de su padrastro con cual se haría famoso, le gustaba pasar las horas escuchando desde un rincón, las largas y detalladas conversaciones que mantenían sus parientes. De aquellas costumbres precoces, nacería su pasión por la literatura y por los chismes, lo que él posteriormente llamaría “un estilo de ver y oír”. Y una anécdota de su niñez nos revela como comenzó a construir su estilo. A los 10 años participó de un concurso literario para niños que organizaba una revista de su pueblo. Desechó rápidamente los temas propuestos, que eran “Las mascotas preferidas” y “Un día de campo”, y eligió como disparador las habladurías acerca de un personaje local. Ganó el primer premio, pero cuando los organizadores descubrieron que el tema no era ficcional sino una copia de la realidad, se lo quitaron. Años más tarde, muchos críticos literarios realizarían duros cuestionamientos a su estilo, porque no soportaban sus innovaciones, en las que Capote pregonaba contar historias reales con técnicas literarias.
Otra obsesión que le quitaba el sueño desde pequeño era la correcta construcción de los párrafos de un texto. En el prólogo de “Música para Camaleones” uno de sus mejores libros, Capote recordaba que en su infancia, así como algunos jóvenes practican el piano o el violín cuatro o cinco horas diarias, de igual forma él se ejercitaba con sus plumas y sus papeles. Desde temprana edad lo perturbaban las diabólicas complejidades de construir relatos. Uno de sus biógrafos afirma que durante toda su vida lo desveló aquella costumbre perfeccionista de pasar horas analizando un solo párrafo, quizás esta era una de sus virtudes, “el de trabajar como un tallista de diamantes pensando en cómo transformar una piedra en bruto, en una joya resplandeciente”.
LOS PERROS LADRAN
Recomendar la lectura de “A sangre fría” o “Desayuno en Tiffanis”, a esta altura dos clásicos de la literatura del siglo XX sería pretender descubrir la pólvora y caer en un lugar común insoportable. Pero muchos lectores desconocen que un libro titulado “Retratos”, cobija algunas de las páginas más exquisitas que firmó alguna vez Truman Capote.
Uno de los talentos que lo distinguía a Capote de sus colegas escritores y periodistas era la capacidad que tenía para entrevistar, para dialogar con seres humanos tan dispares como artistas o asesinos y lograr que estas personas le cuenten secretos que no le revelarían a nadie, que ni ellos pensaron jamás que alguna vez iban a contar. El escritor hizo de esta disciplina un arte. En todas las universidades de periodismo del mundo se estudia un reportaje titulado “El duque en sus dominios”, donde su presa fue nada más ni nada menos que el impenetrable Marlon Brando.
En aquel inolvidable reportaje, Brando le cuenta a Capote que su madre era alcohólica y que solía caerse al piso y el siempre estaba dispuesto a recogerla para que no se cayera al suelo, hasta que una tarde se hartó, se corrió algunos centímetros, la vio caer y le fue indiferente. Y desde aquel día todo le fue indiferente. Tal vez con aquella confesión que logró en la entrevista Truman Capote sintetizó toda la personalidad de uno de los artistas más complejos y alucinantes del siglo pasado.
Si bien “El duque en sus dominios” es el plato fuerte del libro “Retratos”, las otras 19 semblanzas que integran la obra completan el banquete. La pluma de Capote nos regala instantáneas únicas de Humprey Bogart, de su amigo Tennesse Williams, del poeta Ezra Paund, del músico Louis Amstrong, de Pablo Picasso, de la actriz Elizabeth Taylor y de Charles Chaplin, entre otros, pero sin lugar a dudas el postre es “Una adorable criatura” el reportaje que el realizó a su amiga Marilyn Monroe.
En aquel artículo, Truman Capote, rescataba del triste olvido de la oralidad, una frase de la maestra de actrices, la señora Constance Collier, quien le había asegurado al escritor que Marylin era una adorable criatura. “No lo digo en el sentido evidente. No creo en absoluto que sea actriz al menos en el sentido tradicional. Lo que ella posee, esa presencia, esa luminosidad, esa inteligencia deslumbrante, se perdería en un escenario. Es tan frágil y tan delicada, que sólo puede captarlo una cámara. Es como el vuelo de un colibrí: sólo una cámara puede expresar su poesía. Pero el que crea que esta chica es simplemente una ramera, esta loco”, concluía Contance Collier.
En este libro no sólo damos un paseo por las intimidades de algunos de los artistas más inquietantes del siglo XX, además conocemos un poquito más a aquel histriónico, perturbador, exquisito, excéntrico y siempre políticamente incorrecto, Truman Capote.
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