Nadal se alzó con toda la gloria en Estados Unidos
Más allá del día extra de descanso que le dio la lluvia del domingo, el estado físico de Novak Djokovic luego de la extenuante semifinal ante Roger Federer era una incógnita. Y lo cierto es que los primeros momentos del partido parecieron mostrarlo cansado, con poca movilidad. Nadal aprovechó para quebrarle ya en el primer game, y más allá de que Nole recuperó en el cuarto, enseguida volvió a resignar el servicio y ya no tuvo posibilidad de rehabilitarse. Fue un 6-4 para el español que pareció dejar un margen mayor de diferencia que el de ese resultado final.
El segundo set ofreció una imagen diferente del serbio. Como si le hubieran llegado energías desde el cielo, Djokovic mostró buena parte de su repertorio y empezó a manejar el juego ante Nadal. Le quebró en el cuarto game y parecía que se ponía otra vez en carrera. Pero el español, que se había desenfocado un poco, volvió a volcar toda su potencia y a mover a su rival por toda la cancha. Era un ritmo que el 2 del mundo no podía mantener, y por eso no sorprendió que cediera otra vez el saque en el séptimo juego.
Otra vez mandaba Nadal. Y cuando más sufría Nole, otra vez la lluvia le hizo un guiño. Hubo que suspender el partido cuando sacaba 4-4, 30-30 y todavía, al menos en el set, estaban en igualdad de condiciones. Por lo pronto, tras la reanudación se mostró dispuesto a no resignarse. Porque no sólo mantuvo su saque, sino que después quebró a Nadal y se quedó con el segundo parcial por 7-5. Era la primera vez que el número 1 del mundo cedía un set en este US Open soñado para él.
El tercero encontró al español enchufado y muy sólido con su saque. Tanto que los juegos con él al servicio pasaban demasiado rápido, en comparación a lo que se jugaba cuando servía Djokovic. Encima, el español quebró muy rápido y hasta pudo sacar más ventaja. Pero el corazón del serbio lo hizo resistir en un interminable séptimo game en el que salvó innumerables break points. El set se fue con Nadal como vencedor por 6-4, como en el primero.
Con la ventaja 2-1 a su favor y un cansancio evidente en el rival, Nadal no encotnró resistencia en el cuarto y último parcial. Tanto, que quebró dos veces seguidas para luego liquidar el partido con su servicio. Fue punto final y celebración pura para Nadal, que se acostó sobre el piso como no pudiendo creer lo que había conseguido. El español, número uno del mundo, se quedó con el único Grand Slam que le faltaba ganar. No es poco, al contrario. Rafa escribió una página más en la historia del tenis y hoy es el mejor exponente que tiene el universo.
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