NALBANDIAN JUEGA ESTA TARDE EN EL MASTERS DE HOUSTON
Pasaron dos décadas, ni más ni menos. Pasaron dos décadas sin que haya un solo tenista argentino en el Masters, la competencia que cierra la temporada y que reúne a la elite, a los mejores exponentes del mundo. Pasaron dos décadas desde aquella vez en que José Luis Clerc, en Nueva York 83, se despidió pronto (perdió con José Higueras en el estreno) y clausuró, obviamente sin saberlo, las presencias de compatriotas en el torneo. Un año antes, también en La Gran Manzana, fue la última vez en que hubo dos argentinos: el propio Clerc y Guillermo Vilas. A propósito del inventor del tenis en el país: Vilas fue el único de los nuestros que lo ganó, en Melbourne 74, cuando dejó atrás —entre otros— a Newcombe, Borg y Nastase. Pavada de nenes…
Ahora, en esta monumental Houston —la cuarta ciudad de los Estados Unidos—, el celeste y el blanco volverán a agitarse de la mano de los dos chicos que están dispuestos a hacer historia y a quebrar añejas marcas: Guillermo Coria y David Nalbandian. El cuarto jugador de la actualidad recién debutará mañana ante el alemán Rainer Schuettler. Hoy será la hora del unquillense, cuando desde las 13 de aquí (las 16 de nuestro país), salga al Gallery Furniture Stadium del Westside Tennis Club —un flamante escenario con capacidad para 8.500 espectadores— para enfrentar a Juan Carlos Ferrero, el español que acaba de perder el número 1 por obra y gracia del aluvión Roddick.
A Nalbandian se lo ve con un ánimo excelente, empujado como siempre por su notable fortaleza mental, pero sigue luchando contra esa rebelde tendinitis en la muñeca izquierda que no lo deja dormir desde que se le ma nifestó en las semifinales del US Open, en el dramático duelo contra Roddick. La lesión —junto a otra en el músculo abdominal— lo marginó de la Copa Davis (semi ante España en Málaga) y apenas le permitió volver en Basilea, a fines de octubre. David estaba arrasando en ese torneo suizo y parecía que el contratiempo era cosa del pasado. Pero en la semifinal, otra vez con Roddick, le recrudeció el dolor. Y se quedó con las ganas de jugar la final frente a Coria. Una pena, ciertamente.
El Masters Series de París también se le fue de largo, pero sin embargo se clasificó para esta cita de Houston porque había acumulado los puntos suficientes y porque sus potenciales rivales en la carrera (Paradorn Srichaphan, Sebastien Grosjean, Mark Philippoussis) se perdieron por el camino. Nalbandian trabajó en Barcelona y fue examinado por un reconocido especialista (Angel Ruiz Cotorro, médico de la Federación Española de Tenis) que siguió la evolución de la lesión en todos los días previos al viaje a Houston. Desde que está acá, en el cemento del Westside, fue dosificando el entrenamiento, apretando el acelerador cada vez un poco más, intentando conseguir una mayor potencia muscular para proteger el tendón y la vaina del cubital posterior de la muñeca, y evitar que se le inflame. Así trata de llegar en la mejor condición posible al encuentro con Ferrero, aunque —está claro— no será la ideal. Lo confiesa él mismo: “No voy a estar al ciento por ciento; eso es cantado. ¿En qué porcentaje estoy? No te puedo decir ni al setenta ni al ochenta… No lo sé, sinceramente. Recién lo veré en la cancha, cuando tenga que exigir la muñeca a fondo”, le dijo ayer a la mañana a Clarín, tras practicar con Rainer Schuettler en el court principal. Hasta ahora sólo se había entrenado con su coach, Eduardo Infantino. Ayer, por primera vez, lo hizo con uno de los protagonistas de la competencia.
La molestia le impide a David pegar con comodidad, soltura y plena potencia su mejor golpe: el revés a dos manos. Entonces, está contenido, como si regulara las fuerzas —con toda lógica— para no hacer sufrir a la muñeca más de la cuenta. La lesión —típica del tenis— es operable, pero una intervención quirúrgica le llevaría al cordobés entre dos y tres meses de inactividad. Obviamente, si se puede gambetear la cirugía, mejor…
La cuestión es que éste no es un torneo cualquiera: en Houston están los más grandes y dar ventajas físicas puede ser determinante. Pero para Nalbandian éste era su principal objetivo, su gran ilusión, y está plenamente dispuesto a asumir riesgos. Seguramente deberá plantear una táctica diferente, quizás pegar el revés con slice y tratar de definir con el drive (como en Basilea), y aprovechar todas las oportunidades que se le presenten. David ya dio muestras, más de una vez, que su corazón, su coraje y su mente son a prueba de balas…
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