Napalpí hoy
Debe haberse sorprendido el juez federal Carlos Skidelsky, de Resistencia, cuando recibió la demanda contra el estado nacional, por 116 millones de dólares, de parte de la Asociación Comunitaria Aborigen. Tanto como se sorprendió Carmen, una hija de Rosa Chara, una de las dos sobrevivientes de Napalpí.
El juez debe haberse sorprendido por el reclamo que lo iba a llevar a otear las 186 hojas de un expediente polvoriento y amarillo que data de 1924. Carmen porque en el reclamo se omite de contar que sí hay sobreviviente de la matanza de Napalpí, y que una vive ahí, en su casa, que es su madre, que es Rosa Chara, la que le contaba de su huida en relatos que ella imaginaba cuentos infantiles.
Lo cierto es que hoy el país afronta la causa que podría derivar en un resarcimiento histórico y que los aborígenes piden que sean declarados árbitros nombres tan importantes como el de Rigoberto Menchú, acaso porque desde antes que existiera el país tuvieron que aprender a desconfiar de la justicia argentina.
Paralelamente a los estrados judiciales, algunos vientos de reivindicación soplan para los hijos huérfanos de Napalpí. En Machagai, cabecera del departamento 25 de mayo y motor de la zona, el 19 de abril, a instancias de la diputada peronista María Elena Vargas, la comunidad le rindió homenaje a las sobrevivientes: Rosa Chara y Melitona Enríquez, de 91 y 104 años. Rosa lució bien peinados sus rulos canos y Melitona se valió de un bastón para llegar al lugar.
Rosa dijo con la inocencia de aquella niña que huyó al monte a los 11 años que “me gané todos estos premios”, mientras la llenaban de plaquetas y flores. Melitona no dijo nada porque ni se ha ocupado de aprender a hablar el castellano. María Elena Vargas, la autora del proyecto de reconocimiento e integrante de la comisión de Derechos Humanos de la legislatura chaqueña, dijo que “lo mejor que podía pasarnos era que a la ceremonia fueran los aborígenes y no los blancos solamente, para que sea un homenaje de ellos y no un acto demagógico nuestro”. Y así sucedió. Todos los aborígenes de una zona que solo ve terminar la primaria al 10% de sus pobladores originarios, fueron a saludar a la memoria viva.
80 años después, Vargas hizo que los diputados pidieran disculpas. Aunque la legisladora sabe que no alcanza. Para que la mancha se limpie lo más posible hay que reabrir la causa. Preguntar por qué no hay una sola de las 186 fojas que contengan algún testimonio de aborígenes y sí todas tienen la voz de la policía. Lograr que haya centros asistenciales para que las muertes de Napalpí no se sucedan goteando como una canilla mal cerrada. Luchar contra los Centeno de la época que se han cambiado de color como camaleones pero persisten en la opresión. Vargas anda en eso y se le nota en el discurso, pero más en el proceder, que lo intenta. Ya Moreno, un colega que fue legislador por el Chaco hace diez años, logró que el día 19 de junio sea declarado “Día de los derechos aborígenes”. Pero se necesita más.
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