NATASCHA KAMPUSCH APARECIÓ EN TV Y DIJO QUE SU FUGA FUE “COMO UNA PELÍCULA DE ACCIÓN”
Fueron poco menos de veinte minutos conmovedores en los que Natascha Kampusch (18), la joven austriaca que estuvo secuestrada durante ocho años, apareció por primera vez ante las cámaras de televisión en ese país, al conceder una entrevista a la cadena ORF (ver Otros Medios) que fue emitida esta tarde. Natascha, que estuvo cautiva en un dormitorio especialmente acondicionado por su secuestrador en el sótano de una casa situada en las afueras de Viena, hizo así su primera aparición pública, en la que aseguró que a pesar de lo vivido en todo este tiempo, se siente bien. Natascha se mostró relajada, vistiendo un pañuelo en la cabeza, delgada, algo resfriada y todavía sensible a la luz.
“Ahora intento relajarme y recuperarme del estrés de la huida”. Esa fue la primera vez que pudo oírse la voz de Natascha. La joven comentó que suele “hablar por teléfono” con sus padres y destacó que su madre “nunca perdió la esperanza de que ella estuviera viva. Al referirse a la carta leída por uno de sus psiquiatras, señaló que se sentía bien con quienes la acompañan en este momento, pero “un poco bajo tutela: Es muy difícil. Todos quieren de alguna forma influir (sobre mí), tienen buenas intenciones. En las primeras noches querían hacer algo para que me durmiera, no podían comprender por qué me despierto a las 4 de la mañana, y no me voy a la cama antes de la una. Pude convencerlos de que ya voy a arreglarlo por mi cuenta, sin medicamentos”.
Natascha Kampush, quien sorpresivamente no escondió su rostro en la entrevista, también relató que una de las cosas primeras que hizo tras haberse liberado, fue “salir a tomar un helado de incógnito”, disimulada y protegida por anteojos de sol, con un pañuelo en la cabeza y acompañada por un médico por las calles de Viena: “No digo el nombre de la heladería porque no queremos hacer propaganda. Pero nadie pudo reconocerme”, detalló Kampusch mientras sonreía. La joven dijo haber disfrutado del viaje en subterráneo hacia la heladería: “Estuvo muy bien poder sonreírle a todo el mundo sin que nadie me reconociera”.
Sobre su futuro, Natascha comentó que quiere terminar el colegio y quizás estudiar en la universidad. Fue justamente cuando iba hacia la escuela con una amiga que fue secuestrada, en 1998. También dijo sentirse ofendida por las “cosas inexactas” que se publicaron sobre ella en estos días, luego de su reaparición, pero sobre todo por las fotos del lugar en el que estuvo secuestrada: “Se trata de mi habitación, y eso no es asunto de nadie”, dijo Kampusch, quien además precisó que en los primeros seis meses de cautiverio no pudo salir ni una sola vez. “Recién después de ese primer medio año pude subir a la casa para lavarme”.
La entrevista fue realizada por Christoph Feurstein, un periodista de 34 años que siguió el caso de Natascha desde el inicio, y que durante los ocho años que duró su desaparición había logrado crear lazos de confianza con la familia de la joven. El periodista elaboró en los últimos días una lista con medio centenar de preguntas, y Natascha pudo elegir cuáles incluir en el reportaje de hoy. Ninguna estuvo vinculada profundamente a la intimidad de la joven con el secuestrador, Wolfgang Priklopil, quien terminó tirándose debajo de un tren al darse cuenta que ella había escapado en un descuido, al atender un llamado telefónico.
Previa a la entrevista emitida hoy, una revista austriaca que también tuvo acceso a una charla con la joven adelantó parte de otro reportaje que será publicado mañana. “Sólo pensaba en escapar”, dijo Natascha Kampusch en declaraciones a la revista News: “Me sentía como una gallina encerrada. Seguro que han visto en la televisión y la prensa cómo era mi calabozo. Así que ya saben que tan pequeño era. Era verdaderamente desesperante. Siempre pensaba en cómo hacer para poder escapar. Pero no podía arriesgarme”, aseguró. “También tenía pensamientos feos”, sostuvo. Según Kampusch, Priklopil era muy paranoico y desconfiado. “Un intento fallido habría significado no salir nunca más del sótano. Tenía que ganarme su confianza”.
En otra entrevista que será publicada mañana en Kronenzeitung, la joven resaltó la desesperación y que su fuga fue como en “una pelicula de acción”. Y además confesó que soñaba con “decapitar” a su captor. Natascha detalló el momento en que decidió escapar: “Estaba allí, detrás de la puerta del jardín y sentí vértigo. Me di cuenta por primera vez de lo débil que estaba. A mí me pareció una eternidad, pero en realidad fueron entre diez y doce minutos”, comentó. “Simplemente me fui y salté varias vallas. En medio del pánico di vueltas en redondo para ver si veía alguna persona. Primero toqué el timbre en esa casa, pero algo no funcionaba. Luego oí que había alguien en la cocina”.
La mujer que la atendió “estaba tan sorprendida que no reaccionó enseguida”. Kampusch tuvo que insistirle: “No me dejó entrar. Me sorprendió, pero también hay que comprenderla”. La joven tuvo que esperar a la intemperie y con miedo a ser descubierta y asesinada: “Ni siquiera podía esconderme detrás de un arbusto. Tenía miedo de que él matara a la mujer, o nos matara a las dos”. Kampusch le advirtió a la vecina que su secuestrador podía matarla a ambas: “Pero a pesar de eso, a la mujer le preocupaba sobre todo que yo no pisara el pasto de su casa”. La mujer tampoco le prestó su teléfono y fue entonces ella misma quien alertó a la policía. Pocos minutos después aparecieron dos agentes.
“Les conté que había escapado y que había estado secuestrada. Me preguntaron cómo me llamaba, donde nací, mi dirección, etc. Les contesté a todo. Naturalmente que no me sentía muy bien… Ellos estaban desconcertados y repetían mi nombre, sacudían la cabeza, pensaban y decían: ‘A mí no me dice nada el nombre'”, recordó. Al preguntársele por qué no pidió ayuda al amigo de su secuestrador, a quien la joven saludó, Natascha dijo que si lo hacía Priklopil podría haberlo matado. No era la primera vez que ella quiso escapar: ya había querido saltar del auto en una oportunidad: “Pero él me agarró y luego se puso a conducir de tal forma que sufrí golpes”, señala Kampusch.
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