NECESIDADES ACUCIANTES EN GORRITI Y SAN LORENZO
Lionela Alves tiene 13 años y pesa 19,500 kilos. Vive en Gorriti y San Lorenzo, uno de los barrios que se construyó para los inundados tras la catástrofe hídrica del año pasado. Tiene problemas neurológicos y psicológicos y una hermana (Casandra, de 10) que comparte algunas de esas patologías.
Por estos días los Alves se encuentran en plena tarea de gestionar pasajes y turnos en Buenos Aires para iniciar el tratamiento de sus hijas, mientras su padre asegura que les dejaron de entregar las cajas de alimentos para desnutridos.
Su historia fue una de las que se hizo pública ayer en una asamblea realizada en el barrio (jurisdicción de Las Delicias), donde se concentraron representantes de distintas agrupaciones de inundados que invitaron a los propios vecinos a hacer pública la situación en que se desarrolla su vida. Fue una asamblea de características similares a la que se concretó la semana pasada en La Tablada.
LARGA LISTA DE PROBLEMAS
Alejandra López vivía en Villa del Parque hasta que se inundó; estuvo varios meses en un centro de evacuados y ahora vive en una de las viviendas del nuevo barrio. Fue la encargada de enumerar las carencias que comparten sus pobladores; cada una encierra su propia cuota de gravedad. Sin ir más lejos, su marido es insulino dependiente pero no recibe alimentos apropiados a la dieta que debe llevar.
En primer lugar criticó “la falta de preocupación por parte del Estado que nos ha traído a este lugar; es cierto que nos dieron una casa pero no fue el gobierno sino gente de afuera (Cruz Roja Alemana)”. Por la mañana se había entrevistado con el subsecretario de Salud Daniel Tardivo para ver de qué manera se podía resolver la situación de Lionela, y junto con el representante de la comunidad en el hospital Iturraspe, Mariano Figueroa, hicieron gestiones en el Alassia para conseguir turnos para análisis.
Mientras tanto, “en el barrio no hay médico ni dispensario”. Hay dos módulos habitacionales que iban a ser afectados, uno a centro asistencial y otro a destacamento policial, pero están sin techo y sin terminar. Los vecinos se trasladan al dispensario de Las Delicias, “que tendría que haber previsto la mayor demanda que iban a tener”, interpreta Alejandra.
No hay baños y, si están instalados, igual no hay provisión de agua potable en cada domicilio. Hay que caminar hasta las canillas públicas para obtener el vital elemento.
Hay chicos que no van a la escuela, otro que por su discapacidad debería trasladarse a la escuela Monteagudo pero la familia no tiene medios económicos para hacerlo. No hay escuela secundaria cerca. En este tema, interpreta que también “hay una demanda que no estuvo prevista”.
Otras voces se sumaron a las quejas: las calles son de tierra y cuando llueve no se puede transitar; en esos días, salir a buscar agua a las canillas públicas implica embarrarse y mojarse; no están hechas las instalaciones eléctricas así que la iluminación se resuelve bajando líneas de los cables principales; las viviendas tienen una sola habitación -además del baño- que sirve para cobijar a toda la familia aunque estén compuestas por varios hijos.
El grupo anunció que hará otras asambleas en distintos barrios, para que cada uno pueda expresar su situación.
Discapacidad y desnutrición
Uriel Alvarez, un nene de 4 años que tenía una discapacidad neurológica severa, falleció el miércoles por una descompensación aguda que habría surgido de un cuadro respiratorio, según fuentes del Ministerio de Salud.
Uriel tenía una desnutrición de segundo grado, una patología que había contraído de manera secundaria por su discapacidad de base, pero que no motivó su deceso, según se afirmó. Su estado nutricional y de salud era controlado en el centro comunitario Setúbal, un dispensario que funciona en Guadalupe. Llegó a estar con tercer grado de desnutrición, pero gracias al seguimiento y control se estaba recuperando.
El miércoles fue llevado al centro de salud sin signos vitales, luego de nebulizarse, y tras padecer un cuadro de muerte súbita.
Uriel integraba una familia de condición humilde que vive en la zona. Su mamá no tiene trabajo y sólo posee un plan social. Tiene un bebé que también tiene un retraso psicomotor, pero que no está desnutrido.
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