NEGOCIAN LA UNIDAD EN LA CGT
Ocurre que unos y otros saben que una hipotética división les regalaría mucho campo libre a grupos radicalizados que viven dentro de los gremios y que esperan un momento de debilidad para avanzar políticamente.
El camionero y Armando Cavalieri ultiman los detalles del acuerdo que hará posible conservar la unidad y el poder dentro del espectro gremial. Algunas semanas atrás, el Gobierno envió emisarios para mediar entre los caciques y lograr la paz.
Dentro de dos, o a lo sumo tres semanas, la Confederación General del Trabajo (CGT) se reunirá en un Consejo Directivo en el que definirá a sus nuevas autoridades. Semejante evento propiciará un descenso en los índices de conflictividad laboral, al menos según manifestaron a Infobae calificadas fuentes sindicales.
Durante los últimos días, representantes de todas las corrientes internas que componen la central oficial mantuvieron un sinfín de reuniones con el objetivo de pulir el acuerdo que le permitirá al camionero Hugo Moyano ser ungido como el único secretario general.
De acuerdo con los nombres que se vienen barajando hasta el momento, José Luis Lingeri –hoy miembro del triunvirato– quedaría como secretario adjunto de la organización, mientras que resta definir qué mujer ocupará el tercer lugar de la estructura.
En un principio, el moyanismo había ofrecido ese espacio para Susana Rueda, pero la dirigente de Sanidad cree que es poca cosa para ella, y hoy en día está más cerca de aceptar una candidatura a diputada nacional por Santa Fe que de seguir metida de lleno dentro del organigrama de la CGT.
Otras dos mujeres que suenan con fuerza para el número tres son Noé Ruiz y Marina Brignolo (ver aparte), aunque su suerte dependerá de los humores de Moyano, Armando Cavalieri y Luis Barrionuevo.
Hacia abajo, las plazas estarán repartidas en partes iguales entre los Gordos de la ex CGT oficial, los moyanistas y el resto de los caciques gremiales.
Una porción considerable irá para la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), en franca recuperación tras varios años de deterioro.
Unidad. De esta manera, y con un acuerdo de ese estilo, los sindicalistas evitarían la tan mentada ruptura. Y desde ya, no los une el amor sino una posibilidad considerada alarmante: que los grupos de izquierda que –aunque en algunos casos, minúsculos– habitan en el corazón del grueso de los sindicatos cobren mayor autonomía.
La unidad, según creen, evitaría una nueva escalada de conflictividad laboral y permitiría contener a aquellos sectores más ortodoxos, incapaces de ver el tono conciliador que le imprimen a la política los sindicalistas tradicionales.
Al menos una decena de líderes sindicales ya trabaja en ese sentido, bajando una línea clara dentro de sus organizaciones sobre cómo evitar el avance de los grupos más radicalizados. Ahora hay que poner en marcha el frente común. La CTA también sigue en la mira.
Claro que todavía resta definir si Moyano y Cavalieri podrán superar las diferencias internas que los llevaron a confrontar públicamente durante los últimos meses.
Hasta ahora, se avanzó únicamente en un sentido: ambos pusieron en el freezer la pelea por las afiliaciones de supermercados y demás rubros. Así será hasta tanto se resuelva cuál es la nueva conducción de la CGT.
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