Nelly en la ruta
Nelly en la ruta
Sobre la ruta 14 ofrecen parrillada barata. Nelly tiene un negocio ella sola y su revólver. Es histriónica y locuaz. Vale quedarse en lo de Nelly, un rato, porque tiene ganas de hablar. Un parroquiano que la conoce la provoca y ella se larga a contar. Parece que no le importa nada y le importa todo. Se burla de los que se burlan de tantas Nellys de Misiones.
Fueron los de la DGI y le dijeron que querían comer “rápido”. Pero Nelly no respeta a los trajeados y les dijo que “si esperaron nueves meses en la panza que esperen un rato la comida que nada les iba a pasar”.
Fueron los gitanos y le dijeron que querían venderle bombachas. Pero Nelly no respeta a los que se quieren propasar con las mujeres como Nelly y les dijo que no compra nada a los gitanos.
Fueron las gitanas a comer ensaladas y como se le había terminado el aceite les dijo que les haría mal al ácido úrico, al colesterol y al sobrepeso, y que si no querían comer la ensalada como ella la prepara que se fueran a otra parte.
Fueron los tareferos, cansados de trabajar mucho y ganar poco en los yerbatales y les vendió sandwiches baratos porque Nelly sabe lo que es trabajar mucho y ganar poco.
Nelly parodia a los políticos. Grita como si quisiera dar una función en la que se imagina en un palco diciendo un discurso. Pide gritando lo que todo Misiones necesita. Que la tierra sea de los que la trabajan y no de unas pocas empresas que plantan pinos hasta en los lechos de los arroyos. Pide para los viejos y para los niños. Pero pronto deja de joder, se pone seria, quizás porque sabe que pedir para los pibes y los viejos, en esta tierra, no es para andar jodiendo.
Nelly para para contar un chiste en portugués. Dice que vendió autos y todo lo que pudo, porque la historia de las Nellys de Misiones es sobrevivir todos los días. Morocha, retacona, parlanchina, se queda Nelly haciendo trabajos que suelen reservarse para los hombres.
Ni sé si será rica la carne. Basta con Nelly. Satisfechos.
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