NENAS DE 10 AÑOS PROSTITUÍDAS, Y 20 PIBES DUERMEN EN LA CALLE
Carlos Quinteros tiene 40 años de edad, y cuando fue niño sufrió “en carne propia” los sinsabores que a veces provoca la pobreza. Por eso, “de grande” se propuso trabajar por los niños. Lo hace -desde 2001, “en plena etapa de crisis del gobierno de De la Rúa (Fernando)”- junto a integrantes de “Una Nueva Esperanza”. No resulta fácil para quienes no cuentan con apoyo oficial, llevar adelante un proyecto que apunta a tratar de mejorar la calidad de vida de gran cantidad de pibes rafaelinos, muchos de los cuales se encuandran en lo que, oficialmente, se denomina “chicos en situación de calle”.
Entre las drogas y dormir en la calle
“Permanentemente convivimos con una realidad preocupante, y son muchos los rafaelinos que «esquivan el bulto», porque se trata de chicos con una problemática social terrible, con familias disgregadas y alto consumo de drogas tanto legales como ilegales, como el alcohol y luego pegamento, nafta, marihuana y cocaína”, expresó Quinteros en conversación con LA OPINION.
Después, memoró “algunas estadísticas oficiales más otras que nosotros mismos evaluamos, indican que en 2001 había 56 chicos en situación de calle, y hoy la realidad muestra que son 130”, y con alto grado de preocupación enmarcado en el rostro destacó “20 de ellos -de entre 8 y 14 años de edad- no regresan a sus casas. No tienen dónde vivir, no cuentan con familiares directos, y se los puede ver en la Terminal de Omnibus, en Ferro, y en otros lugares de la ciudad”.
Abandonados
“Los han abandonado a su suerte, y muchos se fugaron de lugares donde se trató de ubicarlos. Han quedado a la deriva, y cuando la Policía toma intervención da paso al Juzgado de Menores. Desde allí, provisoriamente, se los ubica en tutela. Algunos se adaptan, y otros no acatan esa posibilidad y vuelven a las calles. ¿Qué se hace con padres que abandonan a sus hijos a la mendicidad? Es una buena pregunta. La Justicia tiene la palabra. Tenemos muy buena relación con la doctora Liliana Spaggiari, jueza de Menores de Rafaela, a la que respetamos y valoramos por su tarea, pero sabemos que no cuenta con elementos y recursos a su alcance para poder brindar las soluciones pertinentes”.
Nenas de 10 años son prostituidas
Entre chicos en condición de calle, “hemos denunciado ante la autoridad de competencia, hace meses, que padres han obligado a sus hijas -de 8 a 10 años de edad- a prostituirse en la calle”, comentó Carlos Quinteros el pasado viernes en la mañana de Radio Horizonte (99.5).
Y agregó “más allá de la bajeza e inescrupulosidad de los progenitores, también resulta deleznable saber que quienes fueron por esos «servicios» son rafaelinos, y en muchos casos muy lejos de vivir en la marginalidad”.
¿Qué es un chico de la calle?
“Es aquel que la sociedad, en algún momento, «pateó a un costado».
Aquel que se siente abandonado por familiares y el sistema. Aquel que siente que los derechos del niño no tienen alcance para su persona, y que todo no pasa más allá de expresiones de buenos deseos. No se puede describir lo que uno siente cuando un chico de la calle confía en la mano que se le extiende. Es una sensación muy particular. Porque uno se da cuenta que depositan, otra vez, la confianza que han perdido. Porque muchas veces se los ha manoseado, se les hicieron promesas que luego no fueron cumplidas. Lo nuestro apunta no sólo a darles de comer, sino a lograr que aprendan a pensar y traten de asimilar algo que posteriormente les sea útil para los años venideros. No es fácil hacerles perder algunos miedos que tienen, por eso la lucha es constante. El chico de la calle no es algo que cayó del cielo, y eso buena parte de nuestra sociedad lo sabe y no hace nada para que cambie…”.
Para no olvidar
“¿Cómo puede responder el día de mañana alguien que se siente violentado?: seguramente con violencia. Los chicos de la calle están allí, a la vuelta de cada esquina. Hay que prestarles atención. No es una versión apocalíptica la que dejo para el final, pero tengamos presente que están allí, y que pueden venir por nosotros. Se entiende, ¿no?”.
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