NEWELL´S ARMÓ SU FIESTA EN UN RATITO
La escenografía para el campeón estaba montada. Las banderas, los sonidos, los negros y los rojos, las voces atentas. Hacían falta los goles de aquí, en el Parque de la Independencia. Y un insólito resultado de empate entre Estudiantes y Vélez, en La Plata. Los goles de aquí ocurrieron, en una ráfaga de tres minutos. Primero Belluschi, de cabeza, a los 30 y luego Marino, tras una espléndida jugada iniciada por Ortega, a los 33. Sin embargo, no pasó lo esperado en La Plata. Porque ganó Vélez y se quedó con una chance matemática de alcanzar la punta. Pero Newell’s se aseguró el primer puesto y lo peor que le puede pasar es tener que jugar un partido de desempate. Por eso se usaron los gritos, los bailes y la pirotecnia, como si se tratara de un festejo de título anticipado. Hubo una fiesta rojinegra que se desató un par de minutos antes de que el árbitro Gabriel Favale pitara el final. Con mensajes para Central, claro, según indica el folclore de la rivalidad futbolera. Hubo fiesta, está dicho, pero faltaron las emociones del juego como respaldo. Porque no salió un buen partido. Ni se lució el equipo local como un eximio candidato al título de campeón.
Habrán jugado su papel los nervios, se supone. Por la inminencia de la consagración posible, tal vez. Por la responsabilidad. Pero demoró un buen rato Newell’s en tomarle la mano al desarrollo. Sólo las insinuaciones alternadas de Belluschi, por la derecha, y la habilidad y la astucia de Marino, por la izquierda, parecían definir a un equipo con pretensiones, resguardado por Justo Villar, un arquero de garantía. Gimnasia —sin compromisos— salió a plantarse de igual a igual. Con una diferencia posicional en relación con su rival: tres en el fondo y Romero-Scotti-Escobar-Licht para disputarle la iniciativa al terceto adversario Belluschi-Rosada-Marino. Era más clara la salida de los locales. Pero con el simple recurso del acierto individual del habilidoso Lucas Lobos y con los pelotazos largos para que Frutos, a modo de pivote, con su altura y con su ubicuidad, eligiera el destino siguiente de la pelota, Gimnasia emparejaba los intentos.
Le faltaba emoción al juego, maniobras cercanas a los arcos. Al contrario de los gestos histriónicos, enojosos, quejosos, exagerados (¿así disfruta el fútbol?) de Américo Gallego, todo parecía liviano en el campo. Hasta que llegó la ráfaga. En una buena maniobra por la izquierda Marino habilitó a Ortega quien le sirvió la pelota a Borghello para el desborde. Este llegó al fondo y mandó el centro cerrado. Justo para el cabezazo goleador de Belluschi, quien apareció por atrás de todos. Entonces, se desató el desahogo. Y la onda expansiva alcanzó para que se diera el segundo. Gimnasia se había volcado arriba, tras un tiro libre. Y salió un contraataque fulminante de Ortega (no es el mismo de antes pero conserva algunos de sus tics decisivos). Se la dio a Marino. Este enganchó, lo descolocó a San Esteban, y sacó un disparo bajo hacia el palo derecho de Fernández. Una tapada del arquero ante una entrada de Scocco fue todo lo que se vio en la etapa.
Fue muy distinto el segundo tiempo. Gimnasia tomó el control de la pelota y del campo. Y lo inclinó hacia el arco del eficiente Villar. A los 3 minutos, un cabezazo de Frutos cruzó el arco y no llegó Herner. A los 6 lo tuvo Enría, pero lo trabaron. A los 10, un centro atrás de Romero provocó un sofocón. Entonces, Gallego empezó a reforzar la cautela. Entró Iriarte, volante, por Borghello. Y Newell’s se apretó contra su área para apostar a las contras. Hubo un remate de Romero que controló muy bien Villar. Y un aparente penal de Ré ante Enría, no sancionado. Y un cabezazo de Goux y un remate de Scotti. Y otro cabezazo de Frutos. Villar respondía. Pero su equipo trastabillaba. Y de la euforia popular se pasó al silencio.
Gimnasia hacía méritos de sobra para achicar. Sólo algunas apariciones de Marino y alguna gambeta de Ortega aportaban luz de candidato a los locales. Y dos contras: una de Belluschi y otra de Iriarte, desviadas. En el otro arco hubo un gol anulado a Frutos (infracción a Vella) y otras apariciones de Villar.
Hasta que despertó la gente. Se olvidó del desarrollo adverso e inició el festejo que se pareció a un desahogo. Y Newell’s, al cabo, quedó al borde del título de campeón. Con un par de individualidades y los mismos altibajos que definieron a este Apertura, tan reñido como frágil.
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