NEWELL’S SE APROVECHÓ DE RACING Y SALTÓ A LA PUNTA
Se ha dicho una y mil veces: el fútbol admite todas las fórmulas. Hay equipos audaces y cautelosos. Pragmáticos e intrépidos. El éxito espera a todos. Pero el fútbol vive del equilibrio. Esa es una verdad irrefutable. El éxito se construye entre la plasticidad de algunos y el músculo tenso de otros. Así lo interpreta el Newell’s de Américo Gallego. Que va del toqueteo con edulcorante al cruce más visceral por una pelota dividida. Así gana. Así sufre. Y así llegó a la punta.
No fue fácil el camino, claro. A contramano de la lógica, de los números y de la tabla, Racing le jugó un partido digno. Le dio más de un dolor de cabeza. Le tomó, en definitiva, uno de esos exámenes incómodo, difíciles, extremos. Terminó con las energías al límite Newell’s. Acurrucado contra su arco. Fue suficiente ese gol-poema de Fernando Belluschi después de una jugada elaborada entre Capria, Rosada, Ortega y Borghello. Ese tanto, y la inestabilidad del torneo, terminaron depositando a Newell’s en la cima. Suficiente por una noche. Ya se dijo: Racing, de a ratos, se sacó de encima los traumas. La era post-Fillol arrancó con 90 minutos aceptables. No jugó a gran nivel. Para nada. Pero tuvo entrega y amor propio. Un paso adelante entonces.
Hubo un partido movido, que arrancó a mil. A los 28 segundos Ortega ya se había perdido en un mano a mano la apertura del marcador. Era un anuncio. Con sus limitaciones y sus atractivos, repartiendo situaciones, fueron armando un ida y vuelta interesante. No se desmoralizó el Burrito tras fallar en esa acción del comienzo. Por el contrario, entregó 20 minutos exquisitos. El ex River fue imparable. Hasta que sintió una molestia que terminó por condicionarlo.
Dominaba Newell’s, pero Racing lo inquietaba de contra. Lisandro López y Cardetti tenían a maltraer a los marcadores centrales del rival, que se exponían en la búsqueda generosa de sus compañeros. Así, el equipo de Rivarola tuvo sus chances, pero el Chapulín se encargó de fallar tres veces. Hasta que llegó esa maniobra fantástica que armaron entre cinco jugadores de Newell’s. Un avance a puro toque que se cerró con un derechazo de Belluschi colgado en el ángulo derecho de Lucchetti, que ya había salvado a su equipo en tres oportunidades. El impacto llevaba tal violencia, que el volante destrozó su botín. Toda una síntesis de la precisión y la dureza del remate.
Parecía acomodarse el partido para Newell’s, pero perdió la pelota y cedió el terreno. Fatigados y con molestias, debieron dejar la cancha Capria y Ortega. Faltaba media hora y el local perdió la brújula. Gallego apostó a sostener la diferencia y colocó a Zapata por Borghello. Entonces, aparecieron en escena Domínguez y Maidana, Rosada y Vella. Todos con la misión de cerrarle los caminos a Racing. Fue un final a puro angustia para Newell’s, que empezó jugando y terminó metiendo. La alquimia exacta que encontró Gallego para depositar a su Newell’s en la cima.
Este contenido no está abierto a comentarios

