NEWELL’S SE APROVECHÓ DE UN RIVAL ABATIDO
Esta vez ganó porque no le quedaba otra alternativa ante un rival como Nueva Chicago, sumido en la angustia de no poder ni siquiera pelear con ánimo su última chance de evitar el descenso. La Lepra sacó una victoria de 2 a 0 frente a un equipo angustiado, con el alma destartalada, que había perdido mucho antes de que comenzara el partido, a pesar de que su gente nunca dejó de exaltar su orgullo de pertenecer a Mataderos a puro grito hasta el final.
Nueva Chicago logró que el partido fuera muy fácil para Newell’s, y así desvirtuó una victoria que en otras circunstancias hubiera sido heroica. Y fue así, porque los méritos para Américo Gallego son muy pocos, ya que los nuevos experimentos que acomodó en la cancha estuvieron lejos de funcionar bien. Ariel Rosada, uno de los cobayos del Tolo, fracasó otra vez en su tarea de pararse en el medio –cumpliendo un rol de doble cinco– junto a Zapata, a quien en vez de ayudar molestó. Y Belluschi, por la izquierda, conspiró varias veces contra los contragolpes de Mauro Rosales y Patiño, porque perdía tiempo en acomodarse para continuar la jugada, mientras que Lucero en la punta tuvo más problemas que soluciones para combatir el avance del rival.
Por esas falencias, a Newell’s le costó hallar el hilo del partido que lo condujera a la victoria. Y eso sucedió recién en la mitad del primer tiempo, cuando volvió intentar por arriba, uno de los tantos flancos débiles de Chicago. Después de una jugada idéntica, Silvani peinó con suavidad a los 26 minutos un córner desde la izquierda que aprovechó un lúcido Ré tirándola al palo cambiado del arquero Jorge De Oliveira.
Inmediatamente, los de Mataderos salieron despavoridos y desesperados al ataque para tratar de revertir su regreso a la B Nacional. En un principio, Newell’s aprovechó con inteligencia la desorganización de Nueva Chicago con contragolpes rápidos y certeros de Rosales y algunos de Jairo Patiño, cuando lograba por momentos pensar y desertar de sus devaneos de crack tercermundista haciendo rabonas y taquitos.
Pero en uno de esos intentos, el colombiano logró a los 34 minutos ver y habilitar de forma precisa a Mauro, quien con un quiebre de cintura se deshizo de los defensores y definió perfecto a la derecha del arquero. Desde ese momento, el partido entró en un terreno terrorífico, habitado por jugadores que no lograban sostener una jugada mínimamente inteligente. Chicago se hundió en el desconsuelo del descenso y Newell’s en el conformismo de una victoria que no le interesa a casi nadie, después de perder casi todas las chances de clasificar a una copa internacional.
Este contenido no está abierto a comentarios

