Ni flan, ni plan
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El Flan es Casero, pero tiene toda la pinta de producto de la industria Duran Barba (muy) Ltda. Refiere, no tanto al presente como al futuro de una movilidad social de la clase media.
Por Pablo Benito
La idea de que la Argentina es un hogar familiar incendiado cuyo jefe de familia -Macri- está impedido de satisfacer el supuesto capricho de sus hijos de comer flan, no parece ser una loca ocurrencia del ex delirante, devenido a politólogo contemporáneo, Alfredo Casero. No menos similar a un sketch del lisérgico Cha, cha, chá, es la captura del guante, en el aire, por parte de Macri y su desafortunada imagen comiendo un flan al día siguiente. Con la puntería desafinada, el presidente “bromea” llevándose a la boca lo que al resto de los argentinos se le estaría negado por el incendio del país.
Ni flan, ni pan, ni plan
Si hay algo que el presente gobierno ha devaluado es el nivel de debate económico-político con un nivel cultural de exiguas pretensiones. Los slogans se suceden y se anulan unos a otros, y lo que no aparece es una idea de un plan de gobierno y gestión que se mantenga por más de un mes consecutivo, al menos en lo discursivo.
Podría pensarse en la posibilidad de la existencia de una estrategia sumamente fina y secreta del gobierno de Cambiemos con acceso restringido al público en general.
Pocas esperanzas hay de que así sea dado que la desconfianza en el gobierno, como manipulador de la crisis, lleva a una desconfianza en los mercados y el empresariado detuvo en seco cualquier proyección económica positiva y, por consiguiente, la desaparición de inversiones nacionales con un riesgo por encima de lo que ofrece la renta financiera del ciclismo bursátil.

Hoy estamos integrados a un mundo que tiene a sus grandes potencias involucradas en una guerra comercial sin precedentes, que hace de la Argentina un país más “sumergente” que emergente, esperando que Estados Unidos le otorgue un rol en esta batalla librada por Trump y que, sin lugar a dudas, va ganando ampliamente desde su acorazado imbatible: el dólar. El “loco” Trump. La buena noticia es que la presente guerra mundial no precisa de intervenciones bélicas masivas para obtener el mismo resultado por otras vías que no son, precisamente, políticas sino financieras.
Alguien deberá pagar por la burbuja financiera que desarrolló la ficción nominal monetaria de las últimas décadas. Los ceros que se amontonaron para engrosar los números sin respaldo real, es insostenible y la crisis económica mundial es tan inevitable como fatal.
El consumo privado, que representa dos terceras partes de la economía americana, se consolida en un 4% en el semestre inicial de 2018 de la mano de lo que aquí consideramos “devaluación del peso” pero que desde el norte se observa como fortalecimiento del dólar. Al igual que Macri… pero, todo lo contrario, el crecimiento de la economía norteamericana va a caballo de un mercado laboral en pleno empleo, el alza de los salarios, los recortes de impuestos y el repunte de la confianza ayudada por la desconfianza de la economía en el resto del mundo. La inversión empresarial, no financiera, creció en un 7,3%, en este año y venía del 11% en el 2017.
Los twitt tierra-tierra de Trump
La crisis turca que profundizó la debacle argentina en este agosto que termina, tuvo como detonante un twitt de Donald Trump en donde anunciaba, en escasos cinco renglones, que autorizaba la duplicación de tarifas arancelarias al hierro y el aluminio proveniente del país en donde comienza Europa y termina Asia -o a la inversa-.
Como sucede en estos casos, la medida discrecional se basaba en reclamos “humanistas”, en este caso por la detención de un pastor evangelista norteamericano acusado, por el gobierno de Erdogan, de espía y conspirador. Esta escasa palabra transmitida mediante la red social provocó el “viernes negro” del 10 de agosto en que la lira turca se devaluó, en un par de horas, un 10 %.
Las esquirlas del bombazo llegaban a la city porteña y en la apertura del lunes 13 de agosto, el dólar rompía la barrera de los $ 30 por primera vez.
La especulación financiera buscaba, en el mundo, refugiarse en moneda americana, tras un simple Twitt de Trump. Reflejo de la incertidumbre en la que navega el sistema mundial con un mango dominado desde un norte que se “desglobaliza”.

Los “más peores”
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) recortó la expectativa de crecimiento de la economía de la región para este año desde el 2,2% a 1,5%. En el caso de Argentina, la CEPAL la ubica entre las tres únicas economías para las que se anticipa una caída, con un retroceso esperado de 0,3% en 2018. El panorama se complica con un pronóstico modesto de crecimiento de 1,6% para Brasil, su principal socio comercial. Venezuela resultó el caso más extremo, con una proyección de un derrumbe para 2018 del orden del 12%.
El “riesgo país” se disparó. En ningún otro país emergente, el “riesgo país” aumentó tanto como en Argentina. Durante 2018, el riesgo país de Argentina creció 320 puntos básicos, con lo cual la semana pasada, aún con el descenso de los últimos días, se ubicaba en 671 puntos. En Turquía, el riesgo país aumentó 245 puntos, y hoy llega a 533 puntos. En Brasil se incrementó 65 puntos y es de 305 puntos. En México subió apenas 8 puntos y se ubica en 197 puntos.
Inflación mayorista
El pasado mes la inflación mayorista fue de un 4,7% con un 36,5% acumulado en 7 meses (2018), en relación a una inflación minorista de 19,2% en igual periodo.
La devaluación del dólar impactó en espejo frente a los valores mayoristas. Queda saber si esa suba se irá acumulando paulatinamente a los precios al consumidor.

El índice de “precios mayoristas” del Indec mide los precios de los productos a la salida de fábrica, y en el caso de los productos importados son los precios de importación antes de ingresar a la cadena de comercialización. Entre enero y julio, el dólar acumuló un alza de 48% (entonces cotizaba a 28 pesos promedio), mientras que la inflación mayorista fue -como se dijo- 36,5%. Los precios de productos importados aumentaron -según el Indec- 55%… aún más que el dólar.
En el índice mayorista impactó fuertemente en las materias primas (agropecuarios 31% y pesqueros 44% en el año). Análisis aparte requiere el shock sobre tarifas energéticas en la que se produjo un incremento del 80 % en apenas 7 meses.
A su vez, los productos mayoristas “manufacturados” se incrementaron menos que el índice general: 29,6%.
Se sabe que, indefectiblemente, la inflación mayorista se traslada al consumidor final -directa o indirectamente-, sobre todo cuando no está el Estado arbitrando para regular.
Esta brecha entre el mayorista y el minorista, tiene relación directa con una absorción de esa diferencia por parte de las comercializadoras. En razón de una pérdida del poder adquisitivo de la población y el estrangulamiento del mercado interno. Esto se refleja en la caída de las ventas finales con lo que se estaría produciendo una asimetría que, antes o después, sorprenderá a los ciudadanos en las góndolas.
La crisis seguirá bajando
Habrá que prepararse para momentos muy difíciles en los próximos meses, dado que, a pesar de estar amortiguándose la inflación, expresada en la devaluación y en la suba de precios mayorista, el traslado a precios que se observa hoy, corresponde al impacto de las corridas de mayo con lo que lo que el efecto dominó tiene para rato si la realidad macroeconómica no deja de castigar la ya endeble economía nacional. Es cuestión de prepararse a lo que, indefectiblemente, continuará ocurriendo en los próximos meses.
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