NINÍ MARSHALL CUMPLIRÍA HOY 100 AÑOS.
Considerada por muchos como la mejor actriz cómica de la historia del cine y de la radio de la Argentina, Niní Marshall cumpliría hoy cien años. Había nacido el 1° de junio de 1903, como María Esther Traverso, en el seno de una humilde familia de barrio y, desde muy niña, se sintió atraída por las singularidades de sus parientes y vecinos, a los que imitaba con auténtica gracia y espontaneidad y que, posteriormente, serían la base de una extensa galería de personajes hilarantes, retratos de los habitantes urbanos de la primera mitad del siglo pasado.
Pero no fue ni la pantalla ni el micrófono lo que primero la lanzaron al ruedo de la popularidad, sino el periodismo, ya que con el seudónimo de Mitzi comenzó firmando una columna denominada Alfilerazos que se publicó en Sintonía, la mayor revista de espectáculos de los años treinta. En 1934, y ya decidida a transitar por el camino del arte, debutó en el programa radial “La voz del aire” como la “cancionista internacional” Ivonne D´Arcy, que durante los intervalos de ese espacio realizaba graciosas imitaciones.
Autora de sus propios libretos, Niní Marshall demostró ser poseedora de una garganta privilegiada, de un agudo poder de observación y de un inagotable talento para captar las más mínimas sutilezas cotidianas. Su personaje Cándida, una gallega buena y tosca, apareció en el programa “El chalet de Pepita” y poco a poco fue ganando fama hasta convertirse en la atracción inevitable de la mayoría de los radioescuchas. Ya consagrada a través del micrófono, el cine no podía perder su espontaneidad y su frescura, y en 1938, y de la mano del director Manuel Romero, hizo su debut en la pantalla grande con “Mujeres que trabajan”, donde animó a Catita, quizá su máxima creación, en la que radiografió a la muchacha de barrio, chismosa, criticona y pendenciera, típica representante de la primera generación de argentinos descendientes de inmigrantes.
Esa Cándida que ya había llevado al micrófono -un personaje tomado de Francisca Pérez, una gallega que había trabajado de doméstica en su casa- entró también al cine, en 1939, con “Cándida”, de Luis Bayón Herrera. Ya definitivamente incorporada a la cinematografía argentina, y sin abandonar del todo su labor radial, Niní Marshall protagonizó para la cámara una trilogía de parodias realizadas con un alto nivel de producción: “Carmen” (1943), “Madame Sans-Gene” (1945) y “Mosquita muerta” (1946). A los personajes de su creación, que se fueron multiplicando a través de su carrera, ella los definió en sus memorias como “muchachas chismosas, encantadoras y meteretas” que, en definitiva, le otorgaron una enorme popularidad no sólo en nuestro país sino también en toda América latina.
Problemas políticos
Pero no todo sería felicidad para esa Niní arrasadora de éxitos. En 1943 fue censurada por el gobierno de facto acusada de “deformar el idioma” , lo que le impidió continuar su labor radial, y en 1949 el poder peronista canceló todos sus contratos cinematográficos. Decidió entonces exiliarse en México, donde protagonizó casi diez películas, y pasó a España para rodar “Yo no soy la Mata Hari”, dirigida por Benito Perojo. En 1954, luego de realizar una gira por países latinoamericanos, regresó a la Argentina y se reincorporó a nuestra pantalla con “Catita es una dama”, auspicioso film de Julio Saraceni que le permitió aquí proseguir su exitosa trayectoria artística.
Así como ya lo había hecho tantas veces en la pantalla grande, también en el teatro demostró su casi camaleónica ductilidad interpretativa al corporizar disímiles personajes. “Un lío de millones”, dirigida por Narciso Ibáñez Menta, le abrió las puertas grandes del escenario, título al que le siguieron otras obras de sostenido éxito para recalar en su unipersonal “Y se nos fue redepente”, con el que se convirtió en una de las actrices precursoras del café concert. El paso de los años y de las generaciones no hicieron mella en el suceso de esa Niní que solía definirse como “una señora de su casa que se hace la graciosa”. Hasta principios de los 90 se la vio vital y todavía haciendo alguna aparición en el cine y en la televisión junto a Antonio Gasalla.
El legado
Pero la muerte la sorprendió el 18 de marzo de 1996, y atrás quedaban sus festejados personajes -además de Cándida y Catita, Doña Pola, Mónica Bedoya Hueyo Picos Pardos de Hunzué Crostón, Gladis Minerva Pedantoni, La Bella Loli, Mingo, Giovannina Regadiera, Fruelain Frida- que divirtieron y emocionaron a millones de espectadores.
A cien años de su nacimiento, Niní Marshall quedará en el recuerdo como una humorista que no fabricó títeres de papel maché, sino que creó gente como nosotros, como nuestros padres y abuelos, que deambulaban nuestra propia vida, décadas atrás, cuando uno era niño y a Niní Marshall se la veía y se la escuchaba en familia, y todos reíamos de lo mismo en un tiempo claro donde hoy parece casi imposible que la gracia fuera tan limpia.
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