NO DESCARTAN MÁS DETENCIONES POR EL CRIMEN DE SANTIAGO
La justicia federal de Lomas de Zamora estudia pistas que podrían conducir a nuevas detenciones por el secuestro y posterior homicidio de Santiago Miralles, el niño de seis años que el sábado último fue encontrado muerto en un pozo séptico en Canning, partido de Esteban Echeverría. Así lo informaron a LA NACIÓN fuentes que participan de la investigación y el abogado de la familia de la víctima, Rolando Quintana.
Además, ayer por la tarde se realizaron nuevos peritajes en el lugar del crimen en busca de más pruebas. Los peritos estimaron que entre cuatro y seis personas podrían haber estado presentes cuando arrojaron al pequeño, aún con vida, al pozo séptico. La tapa que cubre ese pozo pesa 310 kilogramos y, ayer, durante los últimos peritajes, se necesitaron seis hombres para levantarla: un policía, tres bomberos voluntarios y dos empleados de una leñera de la zona, que aportó la balanza.
Walter Miralles, el padre de Santiago, dijo a LA NACIÓN en su casa: “Quiero que metan presos a todos los que hicieron esto”. Como se dijo, su abogado sostuvo que “hay otros sospechosos. Más datos no puedo dar, esas personas pueden escaparse”. Y un investigador del caso confió: “Es cierto, puede haber más detenidos”.
El padre de Santiago no había vuelto al lugar del crimen desde el sábado último, cuando encontraron el cadáver del niño y decidió mudarse.
Regresó ayer, con un psicólogo, para presenciar los nuevos peritajes. Miralles, además, no deja de exigir justicia. Anteanoche, él y su esposa, Silvia, se reunieron con el Gobernador bonaerense, Felipe Solá, y los Ministros de Seguridad y de Justicia, León Arslanian y Eduardo Di Rocco, respectivamente.
Ya había estado con el Jefe de Gabinete de la Nación, Alberto Fernández, y con Juan Carlos Blumberg. “Silvia va a hablar con él para organizar una marcha y reclamar cambios para evitar la burocracia y que se pueda actuar rápido”, dijo Miralles. El hombre cuestiona a la justicia provincial porque no ordenó allanamientos en las zonas aledañas a su casa no bien desapareció su hijo.
La última vez que lo vio con vida fue el miércoles de la semana última, cerca de las 15: estaba en la esquina, jugando con el hijo menor de los caseros de la vivienda vecina, Enrique Coito y Ana Isabel Machado. Este matrimonio y su hijo mayor, Henry Alexander Coito Machado, están ahora detenidos. El cadáver fue hallado en un pozo séptico de la casa que cuidaban.
“Santi esperaba el Día del Amigo para festejar con N… Era su amigo del alma”, dijo Walter. Ese amigo era el hijo menor de los Coito, cuya identidad no se difunde por ser un menor.
El jueves, a las 11.14, la abuela del niño, Carmen Coliacoba, atendió el teléfono. Le dijeron: “Escuchá bien. Liberen la zona de policías y de prensa. Para mañana, junten $20.000 si quieren ver sano al pibe”. Tomó el caso la Dirección General de Investigaciones de la policía bonaerense. La causa pasó al fuero federal y quedó en manos del Juez Alberto Santa Marina y del fiscal Oscar Daneri.
El viernes asesinaron a Santiago. Lo arrojaron al pozo, después de atarlo, envolverlo en nylon y rodearle el cuerpo con una soga de la que pendía una caja de cerámicos. Estaba vivo cuando lo tiraron, según los peritajes.
A las 15.45 del sábado, una perra de la policía señaló el lugar donde estaba Santiago. A cinco metros había un baño, donde hallaron huesos de cráneo, coágulos de sangre y restos de masa encefálica. En la puerta de la casa de otro vecino, el también detenido Abel Domínguez, hallaron un tambor azul con sogas y cerámicos como los usados en el crimen. Además -sólo por ahora- están detenidos Jorge Fernández, de 19 años, y un menor de 16.
“DESAPARECIERON TODOS LOS PROYECTOS QUE TENÍA”
“Desaparecieron todos los proyectos que tenía. Ahora, sólo pienso en trabajar como para sostener a mi mujer y mi otro hijo y en que ellos estén bien”, dijo ayer a LA NACIÓN Walter Miralles.
Desde el sábado último, cuando Santiago fue hallado muerto, el matrimonio Miralles y su otro hijo, de un año y ocho meses, se mudaron a la casa de los abuelos maternos del niño. Allí, intentan remediar el dolor que les causó la pérdida con la asistencia de cuatro psicólogos y la orientación de dos abogados enviados por el Gobierno bonaerense.
Los profesionales los acompañan casi todo el día y también los asisten telefónicamente. Silvia, la madre de Santiago; la hermana de Walter, y la abuela paterna del niño son los más afectados por el hecho.
“Si yo tengo un dolor Silvia tiene diez. No puede explicarse con palabras. Lo tuvo en la panza y ahora no está más”, describió Walter. Y agregó: “En el hermano menor de Santi también se nota el dolor. El gordo es muy arisco y anoche, por ejemplo, quiso dormir conmigo. Nunca hizo eso. A veces espera a su hermano y les da besos a las fotos”.
Para volver a su casa, a pocos metros de donde mataron a Santiago, Walter pidió la compañía de un psicólogo. Allí, vivieron durante tres años y pasaron momentos felices, pero ahora se parece mucho al infierno. El hombre no sabe aún si regresarán al barrio, pero a partir de hoy deberá recorrerlo diariamente: “Tengo que reincorporarme al trabajo: distribuir tapas de empanada en esta zona”.
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