No es pa’ cualquiera
A un costado de las aguas mansas del Lago Lácar, flanqueada por cerros de pinos verdes y cúspides nevadas, se levanta una de las ciudades más bonitas de la República Argentina. San Martín de Los Andes, la capital del turismo neuquino, la que vio duplicar su población en poco tiempo, la de los esquiadores de Chapelco o la de la paz que buscan los artistas; la del aspecto europeo y el acento patagónico.
Un recorrido por San Martín es un golpe al estrés y una caricia al alma. Sus edificaciones a dos aguas impregnadas del “estilo Bustillo” -arquitecto de fama bien adquirida en la zona- lejos de agredir al paisaje se combinan de tal modo que parecen formar parte de él, como si hubieran nacido con los árboles, el lago o las montañas. San Martín muestra a cada paso que es la vedette de la región. Y en sus precios también.
En un restaurante de la calle principal se pueden degustar truchas, tan preciadas en la zona, en platos que van desde los 30 a los 50 pesos, según los ingredientes del manjar. Lo propio con el ciervo, en diferentes versiones, siempre codiciado. Una hora de Internet cuesta tres pesos y la hotelería –siempre de primera- es varias veces superior a su similar en cualquier otro sitio.
No es para menos. Mucha de la gente que uno puede cruzarse por la calle en el pueblo que todo el año tiene “temporada alta”, es extranjera. Y se sabe que el cambio los favorece. La clase alta argentina y los forasteros de otros países mueren por esquiar en Chapelco, el centro que regentea el empresario del norte de Santa Fe, Enrique Cappózzolo, y que convoca la atención de la mayoría.
Sin embargo, San Martín ofrece otras alternativas para los que prefieren prescindir del esquí. Todos los alrededores se las traen. Sea en las villas exclusivas a las orillas del Lácar o camino a Chile, por el paso de Huahum, todo vale la pena. No hay un día para dejar descansar los sentidos ni nada que se parezca a algo que uno pueda haber visto antes.
En la puerta del local de administración de Parques Nacionales hay un cartel que pretende amedrentar al gobernador Sobisch, advirtiéndole que él allí no pasará. En la puerta del hospital Ramón Carrillo se anuncian medidas de fuerza. En un apartado de un folleto se pide colaboración para edificar casas para los que menos tienen, porque aquí la vivienda pasó ya a ser un problema. Pero a pocos les importan estos detalles tan argentinos.
San Martín alberga ya más de 20 mil personas. Claro que sólo hablando de la población estable, porque el turismo la hace sumar muchas más. Toda la elite llegada a este pago muere por un atardecer degustando tortas frente al lago mientras el sol se pone en Los Andes, o una noche de alta gastronomía en la calle Villegas o una mañana caminando rumbo al mirador Bandurrias. Y parece tener buen gusto esta gente.
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