“No estuve sola, uno de los chicos me ayudó”
Ella, la persona que se arrojó al agua apenas advirtió que cuatro chicos eran arrastrados por la correntada, trabajaba esta mañana -como lo hizo ayer- y nos recibió en el hall del edificio donde se desempeña como encargada.
La misma mujer que salvó a dos de aquellos niños de una muerte segura, antes que conforme con su heroica acción parece dolorida por la suerte de ese tercer chico al que no logró rescatar.
Esa mujer nos recibió con reproches esta mañana porque -así piensa- no es ella la persona valiente que presentamos en nuestra edición de ayer y porque en su lugar -de eso está segura- cualquier otro habría hecho lo mismo.
—¿Le parece exagerada la nota Mariela?
—Sí, primero que no soy conocedora del río como dice y tampoco quedé destrozada. Estaba angustiada, eso sí, porque no creo que a nadie se le muere una persona adelante suyo todos los días. En fin, creo que hice lo que cualquier persona hubiera hecho.
—¿Usted sabe nadar?
—Sí.
—¿Y dio unas brazadas para llegar hasta los chicos?
—Sí.
—Usted sabe que en ese lugar está el canal; un paso en falso y está en lo más profundo…
—Me di cuenta de eso cuando me metí en el agua y después mi esposo me lo hizo notar también.
Al fotógrafo, le dice Mariela: “No. Fotos te pido que no”.
—Mariela: ¿Ud. no le da importancia a lo que hizo?
—No es que no le dé importancia, pero me da pudor. Cuando uno hace algo por otro, no debe esperar recibir ninguna retribución. Ningún reconocimiento. Hice lo que siento, como yo lo siento y nada más. Me nació hacerlo. Fue el instinto y nada más.
—¿A qué escuela fue Mariela?
—A la escuela de Alto Verde.
—¿Practica alguna religión?
—Soy católica, pero no practicante, nada más.
—Usted fue protagonista de una proeza. Salvó a dos chicos de morir ahogados y eso es algo que no se ve todos los días. Usted es un ejemplo y no se quiere mostrar.
—Puede ser, pero uno de los chicos también me ayudó.
—¿Cómo fue eso?
—Él estaba parado ahí… -por el primero que regresó a la costa-. Si el nene que estaba parado ahí no me hubiese dado la mano, capaz que yo no llegaba. Yo trataba de hacer pie y no podía. Tenía al nenito en mi espalda y por suerte ese chico reaccionó. Porque él estaba como paralizado, con los brazos cruzados y me miraba nomás. Así que -digo yo- mi ángel estuvo de guardia ese día. Si él no me hubiera dado la mano yo no estaría acá.
—¿Y qué sintió después?
—Después estuve más preocupada por el chico que se fue. Pensando en que si hubiésemos llamado antes al 911, capaz que ese chico estaría vivo.
—Pero eso no era posible. Usted se tiró en el acto…
—Sí, pero después que pasó todo lo pensé, lo pensé, lo pensé… Mi esposo llamó. Él no se pudo tirar porque estaba con el nieto.
—Qué la impulsó en el rescate.
—Me preocupé por ese chico. Pensé en su mamá, su papá. Pero después me enteré de que ésos eran nenes de un hogar…
—¿Eso hubiera cambiado las cosas?
—No, al contrario, ésas eran vidas humanas. Cualquiera que sea el chico o su historia, esas vidas tienen el mismo valor. Mi vida, la de ese chico…, la vida es igual.
—A un acto como el suyo, a un acto de altruismo queremos ponerle un rostro, el suyo. ¿No nos permite que le tomemos una foto?
—No. Con usted me interesaba hablar, porque habló con mi esposo y yo leí la nota, pero la leí hasta la mitad porque me dio vergüenza. Es muy exagerada. En una situación así, cualquier otra persona hubiera hecho lo mismo que yo.
—Pero nadie lo hizo en ese momento, usted sí.
—Es verdad que había mucha gente ahí. Pero la gente estaba arriba; a mí me tocó estar ahí abajo; pero me parece que cualquiera hubiera reaccionado igual.
—Pero no fue así.
—Había gente que estaba tomando mate y que a lo mejor no se dio cuenta, no se dio cuenta…, no sé, prefiero pensar que no se dieron cuenta…
—Bueno, usted es una persona excepcional…
—No…, yo me levanto todos los días, trabajo, tengo dos hijos, tengo un nietito… qué más… Lo que sí, todavía me da mucha pena ese pobre chico que se ahogó. ¿Cómo no hubo nadie para decirle no, en el agua no te metás… Si no sabés nadar no te metás…?, se preguntó amargamente.
Sólo queda encontrar las palabras que respondan a la inquietud de Mariela en el momento oportuno
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