NO HAY PAZ PARA LOS VECINOS DE OMAR CHABÁN
Faltaban pocos minutos para las ocho de la noche del martes pasado cuando los malos presagios de los vecinos y comerciantes de San Martín se hicieron realidad: llegaba al barrio, custodiado por aire y por tierra, envuelto en una lluvia de huevos, tomates, bombas de pintura y agresiones físicas y verbales, Omar Emir Chabán.
Desde entonces, nada fue lo mismo para los que viven en las inmediaciones de la calle Carlos Pellegrini 2006, en el cruce con la calle Belgrano. Y mucho menos para los habitantes del edificio que Chabán eligió para sus días de libertad, después del incendio en el que murieron 193 personas.
“Tenemos identificados a todos los que viven en el edificio; sin autorización, no se puede pasar”, explicó uno de los policías de civil a cargo del operativo de seguridad para el gerente comercial de República Cromagnón, mientras un adolescente mostraba la llave de la entrada principal a la Guardia de Infantería y una credencial que le dieron, como salvoconducto para poder ingresar en su propia casa.
El joven entraba rápido, ya que con el correr de las horas se dio cuenta de que la modalidad preferida de los manifestantes es la de “huevazos sorpresa”. El edificio se compone de siete pisos, con 14 departamentos, dos por piso, de los cuales nueve son ocupados por gente mayor.
“Tuvimos que dar una lista de parientes y visitantes, y no puede entrar ningún delivery, hay que bajar a buscarlo”, explicó un vecino esperando que le abrieran la improvisada brecha en el vallado de protección, que fue reforzado; ahora hay otro que “come” la calle Pellegrini.
“Los clientes no vienen. Qué van a venir, si a este hombre lo quieren matar. ¿Y si a un loco se le ocurre inmolarse o hacer algo? El dolor es muy grande, lo entendemos. ¿Sabías que encontramos a una mujer buscando las llaves del gas del edificio, el martes pasado? No lo queremos al tipo aquí. La verdad, los móviles de la televisión y la radio me tapan la vidriera”, dijo un comerciante que prefirió mantenerse en el anonimato, en un local justo a la vuelta del edificio de Chabán, sobre la calle Belgrano.
El intendente de San Martín, Ricardo Ivoskus, llegó ayer por la mañana al frente del edificio, charló con algunos comerciantes y dijo que teme que en los escraches frente al edificio en el que vive Omar Chabán “aparezcan infiltrados que generen actos de vandalismo”.
La vereda de la plaza y la de los negocios están llenas de gente que les dan la espalda a las vidrieras y mira hacia el 5° piso del edificio de Pellegrini, adonde apuntan las cámaras de televisión y prueban puntería algunos jóvenes: unos, desde la vereda; otros, trepados a los árboles. Antes de las 17, cuando la policía corta las calles, los colectivos se detienen, tocan bocina y los pasajeros asoman sus cabezas para mirar hacia arriba. Como en un tour.
Al llegar la medianoche, por momentos, hay cierta calma. Una bomba de estruendo les hace encoger los hombros a todos y parece reanimar a los manifestantes, que no cesan de cantar y pedir justicia. Además de huevos, lanzan tomates, limones y naranjas. Los focos se encienden y los movileros enseguida piden “aire”. No, ya nada es lo mismo para los vecinos de Omar Chabán.
Este contenido no está abierto a comentarios

