“NO HAY QUE TRAGAR LO QUE LE EMBOCAN NI PADECER LO QUE LE INYECTAN”
El filósofo Tomás Abraham llegó con la propuesta de un “nuevo rubro” -lo que Gilles Deleuze llama línea de fuga- la contraopinión, palabra de oposición, de resistencia que “no se atiene a un rol negativo sino que produce por su misma operación grietas en el muro mediático y nuevos espacios de pensamiento”.
Según el fundador del Colegio Argentino de Filosofía esta construcción exige para el interesado tareas que combinan operaciones utópicas, ya que siempre se espera más de lo que sucede, y un análisis que admita la complejidad de la realidad.
Frente al auditorio de ATE repleto -incluso llegó gente hasta una sala contigua que mostró la conferencia de Abraham por pantalla- el intelectual lució su sapiencia e ironía sobre la actualidad mediática.
¿Cómo construir la contraopinión? Un trabajo absolutamente personal ya que según el pensador “hay que dejar de lado a las masas”. El docente dio pautas para la construcción y el ejercicio del pensamiento: “Manejar más de un idioma, acceder a un sitio de varios periódicos del mundo, seleccionar y consultar rutinariamente determinadas fuentes de información, leer al menos los tres diarios de la Capital Federal los domingos, Ámbito Financiero los lunes, escuchar radio, manejar la televisión y la web con flexibilidad, leer Kant y Nietzsche, “aunque sea un rato a la mañana, es un alimento sustancioso y vigorizante” (lo que provocó risas).
Y siguió enumerando sobre la necesidad de revisar las noticias viejas; la inexistencia de temas importantes sino de interés dependientes de la mirada del contraopinador; el primer principio de “hablar de todo y con autoridad”; y la necesidad de un lenguaje claro y preciso y sin temor de exigir al lector u oyente un esfuerzo intelectual.
En definitiva el contraopinador es aquel que “no se traga lo que le embocan ni padece lo que le inyectan”.
VALORACIONES DE LA OPINIÓN
La propuesta se disparó a partir de algunas preguntas inaugurales que hizo el expositor: “¿Qué hacer entonces ya que el tiempo se va y el mundo no es redondo ni sólido sino un plasma extraplano de infinitas pulgadas? ¿Qué hacer cuando la idea de progreso no mueve nuestra voluntad de saber, ni da cuenta del camino emprendido por la máquina de soplos pensantes que ruge cada mañana?”. Y respondió: “opinar”.
Desde este concepto propuso un recorrido retrospectivo: “Platón decía que la opinión no tiene valor porque es cambiante y se guía por las apariencias. En el nacimiento de la modernidad la opinión adquiere el nombre de superstición, por un lado, y de error debido a los sentidos, por el otro. En los tiempos de la Ilustración la opinión es revalorizada porque ha adquirido la cualidad de ser pública, pero también aparece como lo opuesto a lo natural ya que para Rousseau la opinión es el mundo de la vanidad, del qué dirán, el de las poses sociales y lo natural es el mundo de la soledad, el del contacto con las cosas, de los quehaceres manuales, los paseos, de la amistad íntima.
“En el siglo XIX la palabra opinión desaparece bajo el peso teórico del marxismo y de la naciente sociología: la sustituye el concepto de ideología definido como un sistema de representaciones que se apodera de la conciencia y la somete al engaño”.
LA MAQUINA AMNÉSICA
“Hoy la revalorización de la opinión se debe a la presencia del marketing, de la publicidad, del salón de ventas, de los medios masivos de comunicación y de todos los procedimientos derivados de la encuestología: todo el mundo opina”, aseguró el filósofo.
Y en este marco desenvolvió al periodista, condicionado por “tres clientes”: el empresario del medio, los avisadores y los consumidores de sus palabras. Por lo tanto parte de la “megaindustria de la información” o de “la máquina amnésica que tira a la papelera tanta información como la que necesita hacer circular. Nietzsche llamaba a esta operación como el quehacer de una facultad activa de inhibición”. Y es frente a esta poderosa máquina que urge la construcción de la contraopinión.
Poco a poco focalizó en el mundo mediático definido por la novedad y la actualidad, características que generan tensión, expectación ansiosa incluso “síntomas tales como la euforia, la adicción y si das un paso al costado la sensación de aislamiento”.
Habló del rol de los medios de intermediación y de la construcción -difusión a través de la resonancia mediática y la saturación- y muerte de las noticias, precisamente lo que produce la cadena de olvidos, información que entierra información.
Criticó los roles actuales del periodismo traducido en los discursos de pastor y juez, constituyentes de autoridades morales y aseguró la inexistencia de un periodismo independiente dentro de los medios masivos de comunicación. “Independiente es el que dice lo que piensa sin compromisos con el grupo de poder, y corre riesgo de ir contra la corriente sin medir las consecuencias”. El debate no se hizo esperar.
El dato
La Facultad Libre de Rosario es un emprendimiento que llevan adelante en Santa Fe la Asociación Trabajadores del Estado y la Universidad Nacional del Litoral. La propuesta está formada, en un principio, por cuatro conferencias gratuitas y dos seminarios que se desarrollarán a partir de setiembre. La próxima conferencia será el 11 de julio, a cargo de Jorge Boccanera sobre “Poesía y vanguardia en América latina”. El expositor es poeta, ensayista, periodista. Más información al teléfono 4555557, www.ate.org.ar, e-mail: [email protected].
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