NO HUBO “SAÑA” EN EL ASESINATO DEL NENE HALLADO EN LA AUTOPISTA
La Cámara Penal de Santa Fe confirmó el procesamiento de Alberto Armando Gómez, el padrastro del niño de 6 años cuyo cadáver fuera hallado en septiembre del año pasado en una de las banquinas de la autopista que une Rosario con la capital provincial. Pero el tribunal de alzada modificó parcialmente lo que había dictaminado el juez de primera instancia al quitar de la acusación el calificativo de “ensañamiento”. De tal manera, Gómez será enjuiciado como autor material de “homicidio doblemente calificado por alevosía”, un delito que puede ser penado con prisión perpetua. En tanto Delia Beatriz Albarracín, madre del nene, procesada como partícipe principal de homicidio agravado por la alevosía, ensañamiento y por el vínculo, no apeló esa figura y sigue detenida a la espera de la sentencia.
La muerte de Juan Eduardo Rodríguez, Nino, ocurrió los primeros días de septiembre de 2004. Nino vivía en una casa de Lituania al 5200, en la zona sur rosarina, con su mamá Delia, de 28 años; Alberto Gómez, de 41; y tres hermanitos de 9, 8 y 2 años. Fue gracias a los dichos de los dos chicos mayores ante la Justicia lo que permitió iluminar las últimas horas de la pequeña víctima en el marco de un sórdido drama familiar y ante un hombre que llevaba una doble vida.
Según la acusación, Nino fue golpeado con puntapiés y puñetes por su padrastro tras enterarse que el menor había dejado escapar de la casa un conejo que él le había regalado. También fue sometido a cintazos debajo de la ducha. La paliza fue tan terrible que Delia y sus hijos vieron como el nene empezaba a vomitar y se quebraba de dolor. Después de ese castigo, el chico quedó exánime en el piso y Gómez se acostó a dormir junto con el cuerpito sobre un colchón. Al día siguiente, el hombre envolvió el cadáver en una colcha, lo cargó en un Ford Falcon rojo que le habían prestado y emprendió junto a la familia el viaje por la autopista.
Fueron los mismos hermanitos del niño quienes contaron que Gómez los obligó a presenciar la macabra escena del entierro del pequeño mientras los amenazaba diciendo que a ellos les podría pasar lo mismo. También recordaron que el hombre prendió fuego sobre el montículo de tierra con la intención de borrar todo tipo de huellas.
Algunos días después de ese sórdido episodio, un empleado de la concesionaria de la autopista descubrió el cadáver semienterrado mientras desmalezaba la banquina. A la policía le costó algo más de dos meses identificar el cuerpito. Es que en toda la provincia no había pedido de paradero para un nene de las características de Nino.
Una doble vida
La pista para llegar a Gómez fue aportada por vecinos de barrio Saladillo, que sostuvieron que desde septiembre notaban la ausencia de uno de los hijos de una familia de la zona, y dieron la identidad de Gómez y Albarracín, además de facilitar una foto del pequeño Nino.
Al obtener el prontuario de Gómez, los investigadores comprobaron que tenía un perfil violento y que el 15 de noviembre pasado había sido protagonista de un episodio de maltrato en un Fonavi de la zona sur de la ciudad.
El hombre no sólo convivía con Delia y sus hijos en la casa de Saladillo, donde los vecinos lo recordaban como un hombre normal, que salía a hacer las compras con sus hijos y tenía sus cuentas al día; sino que que llevaba tres años casado legalmente con una profesora de historia con la que habitaba un departamento de Sánchez de Thompson 150 bis. Allí mostraba un perfil totalmente diferente: se emborrachaba, se ponía agresivo por nimiedades y le debía dinero a todo el mundo.
A ese departamento del Fonavi Gómez llegó aquel día de noviembre en compañía de Albarracín y los chicos. A su legítima esposa se los presentó como niños de un orfananto y la mujer que los cuidaba. Fue entonces que la menor de las niñas se largó a llorar y el hombre la golpeó. Terminó preso. En la comisaría, su verdadera mujer supo de la doble cara de Gómez.
Gómez y Albarracín fueron apresados la primera semana de diciembre y de la casa donde el hombre mató a Nino se secuestró evidencia suficiente para incriminarlo.Ya en cautiverio, Delia se quebró y contó lo que había ocurrido con Nino.
Cambió de imputaciones
Poco antes de la Navidad, el juez José Manuel García Porta procesó a Gómez y Albarracín. Al él le atribuyó los delitos de homicidio calificado por alevosía y ensañamiento. A ella como partícipe principal de homicidio agravado por el vínculo, la alevosía y ensañamiento.
En su fallo, el juez sostuvo que Gómez ultimó a Nino “en una actitud premeditada, aprovechándose de la indefensión del menor, matando sobre seguro y sin riesgos porque el pequeño no podía defenderse de tanta agresividad y violencia”. Y respecto de la mujer, el magistrado entendió que no había elementos que justificaran su actitud primaria de intentar ocultar la verdad y proteger a su pareja, más allá de haber contado como ocurrieron los hechos de los que fue testigo.
Esa determinación crispó a las organizaciones de género, desde donde se levantaron varias voces para sostener que Albarracín no podía ser imputada como partícipe porque ella no había planeado ni consentido el crimen de su hijo. Señalaron que tampoco encubrió el hecho al no denunciarlo y, al respecto, manifestaron que se trataba de una mujer sometida a un vínculo complicado y violento en medio del cual la muerte del chico le produjo un exacerbado temor a que ella y sus otros niños pudieran tener igual final.
Tras los procesamientos la defensa de Albarracín no apeló y la mujer sigue detenida a espera de sentencia. En tanto, el abogado de Gómez sí lo hizo, requiriendo que su cliente fuera imputado del delito de homicidio preterintencional, es decir que golpeó sin intenciones de matar.
Pero durante la feria judicial de enero último, los jueces a cargo de la Cámara de Apelaciones en lo Penal (Julio César Rondina, Julio De Olazábal y Julio César Villaggi) ratificaron el procesamiento, aunque destacando que no correspondía la figura del “ensañamiento”.
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