"NO ME GUSTA DICTAR CÁTEDRA"
Parece un chiste malo, pero es la pura verdad. El español Pedro Guerra, cantautor de izquierda, llega a la Argentina para presentar Bolsillos, un CD en el que —entre otras correcciones políticas— abraza la causa tercermundista. El primer día decide comprar libros, mezclarse con el pueblo. Toma un subte: se siente feliz de haber vuelto a Buenos Aires. Hasta que descubre que le han robado todo lo que llevaba en los bolsillos: dinero, tarjetas y documentos. “No creo que haya sido un homenaje al nuevo disco. Pero no voy a cambiar mi forma de pensar —ríe, tranquilo, ante la pregunta de si se viene la canción Sudacas chorros—. Hombre, los carteristas no son un fenómeno argentino”.
Su ropa, el tono al hablar, el arte de tapa de sus discos, la música que compone desde hace una década son las pruebas: Guerra, de 39 años, es un hombre austero. “Lo estridente me asusta”, admite, antes de presentarse —ante un público más devoto que numeroso— hoy y mañana a las 21 en el ND Ateneo. “Estaré solo con mi guitarra y la gente, como me gusta. Bolsillos nació con esa pretensión despojada. Otras veces vine sin la banda por los costos, pero esta vez fue una decisión artística. Prefiero tocar ante un público pequeño que entienda mi música, y no frente a uno masivo que venga por moda”.
Acaba de escuchar Moda y pueblo, de Fito Páez. “Lástima que no tendré tiempo para ir a verlo”, se lamenta. En Bolsillos, le rinde tributo al músico rosarino, a Silvio Rodríguez, a Caetano Veloso y a otros compositores que influyeron en su música. Fuera de este tributo, y de algún tema nostálgico, en el CD predomina la vehemencia sociopolítica: la crítica al consumismo, a la manipulación de los medios, la xenofobia, los restos del franquismo.
¿Los cantautores deben fijar siempre su posición frente al mundo’
Yo lo hago. Vengo de una tradición de cantautores muy involucrados con la sociedad y el tiempo que les tocó: Serrat, Sabina, Aute, la nueva trova cubana, la música argentina. Pero no me gusta dictar cátedra: cada cual debe hacer lo que le parezca.
¿Cómo fueron tus primeros contactos con la música argentina?
Soy canario: Tenerife tiene una ciudad universitaria, con muchos bares. Allí se cantaban canciones de Los Chalchaleros, Falú, Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui. Mi padre las tocaba en guitarra como aficionado. Después empecé a escuchar a Almendra, Serú Girán, Fito, Baglietto. Me enamoré de esa música.
Tus letras confirman la idea de una Europa que, en su opulencia, se ha vuelto soberbia…
Existe una Europa crítica y solidaria. Y otra desagradecida, xenófoba, que quiere cerrar sus fronteras. Muchos se olvidan de que fue un continente de emigrantes. Esperemos que sea un contrapeso a la hegemonía norteamericana, que arrasa todo.
En España dijeron que con “Bolsillos” dejaste el intimismo para convertirte en un cronista de la realidad. ¿Es así?
No. En mi primer disco, Golosinas, grabé Contamíname y otras canciones de compromiso social. Siempre hice canciones sociales o de amor; sólo varió el porcentaje por disco. Antes decían que era blando, falto de compromiso. Ahora, que abandoné el intimismo. Mientras tanto sigo mi camino, al margen de las modas.
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