"NO ME IMAGINO MÁS DE CUATRO AÑOS COMO INTENDENTE"
Mediodía de feriado, hotel del centro de Rosario. Adentro no se siente el calor que aploma a los pocos que caminan a esa hora por la calle. Sobre la mesa ratona vidriada hay dos tazas de café que compartió con un interlocutor anterior y un llavero metálico, rectangular, que es toda una rareza: “PSP Quilmes”, se lee. El intendente Miguel Lifschitz acomoda su cuerpo a un amplio sillón de dos cuerpos que de inmediato calca su anatomía. Eligió el lobby de un hotel para la entrevista porque hasta los Leones del Palacio hicieron honor a la Inmaculada Concepción.
El “play” hace rodar el cassette y el intendente vuelca unas cuantas sorpresas, sobre todo en el terreno político, al asegurar que “si bien falta mucho” no le interesa buscar una reelección y que no está de acuerdo con que su partido vuelva a hacer “un acuerdo superestructural con el radicalismo”.
El balance de su primer año de gestión, que se cumple hoy, “es por demás de positivo” porque a su entender “se superaron las expectativas”. Vendría a ser el resultado de “una fuerte” recuperación económica e “índices positivos por encima del promedio nacional”. A eso le suma “un cambio de imagen en la ciudad que mejoró su aspecto general” y obras en la zona del río, el aeropuerto y la Circunvalación, que a la vez coincidieron con la apertura de grandes centros comerciales.
Habla del momento que vive Rosario con tanto entusiasmo que pareciera que va a hacer la gran Minguito y va a empezar a sacar recortes de diarios de los bolsillos del saco: “Hace meses que estamos en los medios nacionales con noticias positivas”. Puesto a evaluar para quién es el beneficio, el intendente jura que “hay un clima de expectativa y buena onda en todos los sectores. Esto se ve en los de más recursos, pero yo que recorro los barrios también lo veo en la gente común”.
—¿Está conforme con la gestión?
—Muy conforme. Supimos darle continuidad a proyectos que fueron esenciales en los gobiernos socialistas y al mismo tiempo generamos nuevas expectativas. Creo que supimos leer el mensaje que nos dio la población en una elección muy ajustada. Nos dijo: “Tienen que cambiar, hay que hacer cosas nuevas”. Y esto es lo que yo creo que hemos logrado con muchas obras en los barrios, con la presencia del intendente, con iniciativas en el campo social y mejorando el mantenimiento de la ciudad. Generamos una política hacia el sector empresario y tenemos una excelente vinculación con ellos. También hay un proceso de integración con los intendentes del área metropolitana y avanzamos en proyectos regionales.
—Usted hablaba del mensaje de las urnas. Al socialismo no le fue bien en los barrios en 2003. ¿Lo que usted dice es que ese proceso ya se revirtió?
—No digo que está revertido, pero sí que hay una tendencia distinta y un reconocimiento de la gestión en toda la ciudad a partir de una fuerte presencia en todos los barrios, con obras. A diferencia de dos o tres años atrás, hoy tenemos la posibilidad de priorizar lo que antes no se pudo.
—¿Con qué frecuencia camina los barrios en relación al inicio de la gestión?
—Una o dos veces por semana estamos yendo a distintos lugares. Rosario es muy grande y todavía me reclaman lugares a los que no pude ir, pero…
—¿Son actividades en instituciones o recorre el barrio?
—Hay de todo. Normalmente organizamos recorridas donde caminamos por distintas zonas del barrio. Dedicamos unas cuatro horas a la tarde, una o dos veces por semana a esta tarea.
—La prioridad a los barrios, ¿tiene que ver con el presupuesto participativo?
—Sin dudas. Sin pecar de inmodestia, yo diría que la mejor experiencia que se está dando hoy de presupuesto participativo es la de Rosario porque en Porto Alegre se ha diluido y ahora está en duda su continuidad. Lo nuestro fue creciendo en cantidad, en participación, pero sobre todo en calidad. El resultado del presupuesto participativo no son las obras, que son excusas, sino lograr que la gente haga una práctica de participación.
—En el año 2005 se va a debatir, seguramente, la reforma constitucional en Santa Fe. ¿El gobierno municipal se va a meter en la discusión?
—Yo no soy muy optimista de que tengamos reforma constitucional en 2005. Ojalá que sí. Vamos a hacer todos los esfuerzos para que así sea, vamos a trabajar a través de nuestro bloque de legisladores para que salga la ley de convocatoria, y desde el municipio vamos a trabajar básicamente el tema de la autonomía municipal.
—¿Por qué no es optimista en cuanto a la posibilidad de que salga la reforma?
—Porque veo las dificultades que hubo con la derogación de la ley de lemas, y la reforma de la Constitución es mucho más compleja.
—¿Entonces cree que Obeid se va ir en 2007 con la reforma constitucional y la autonomía municipal todavía en veremos?
—Yo espero que no sea así, por lo menos vamos a hacer todos los esfuerzos en esa dirección. Pero, desde luego, acá dependemos, por la realidad numérica de la Legislatura, de una decisión política del gobierno y del PJ.
—¿Políticamente, cómo se ve parado después de este año de gestión?
—Creo que hemos logrado un reconocimiento importante en la ciudad. Estoy convencido de que el año próximo vamos a seguir consolidando la imagen de la gestión y que haremos una excelente elección de concejales. Tal vez sea la primera vez en estos 15 años que podamos tener un bloque mayoritario. Si se da, esto cambia las posibilidades de concreción de una serie de iniciativas.
—Esto a pesar de que su relación con el Concejo hoy es buena…
—Sin dudas que es buena, pero lograr que sea una buena relación implica permanentes concesiones, negociaciones, búsqueda de equilibrios. Eso no es malo pero, bueno… Quizás el año próximo al menos seamos la primera minoría del Concejo.
—¿Qué política de alianzas le gustaría para el socialismo?
—El socialismo solo no alcanza para representar a amplios sectores de la sociedad, a los que nosotros tenemos que darle un cauce de representación a nivel local, provincial y nacional. Por lo tanto creo en la necesidad de coaliciones políticas no sólo electorales, sino de con continuidad en el tiempo, un proceso de acumulación de años para en algún momento tener expectativas mayores. Aquí en Rosario vamos a insistir con la coalición que nos llevó a ganar las elecciones y buscaremos ampliarla. Creo que la misma idea vamos a motorizar a nivel provincial.
—¿Se puede pensar en ganar la provincia sin alianza con el radicalismo?
—No veo probable una alianza con el radicalismo. Tampoco digo que sea imposible, pero no la veo hoy como una estrategia…
—¿Por qué?
—En primer lugar veo que el radicalismo está en un proceso de normalización interna y está buscando su propia identidad al margen de lo que fueron las alianzas históricas con el socialismo. Así que buscará su propio destino. Además está en un proceso de falta de liderazgo, de fragmentación. No podemos quedar acotados nuevamente a acuerdos superestructurales con la UCR.
—¿Con el ARI hay más afinidad?
—Sí, pero lamentablemente el ARI, más allá de que podemos tener coincidencias y de transitar el mismo andarivel, está en una posición no de construcción sino de diferenciación. Yo creo que esto no es bueno para el país ni para la centroizquierda.
—¿Qué es lo que más le gusta y lo que menos le gusta de ser intendente?
—Me gusta esa posibilidad que da el gobierno municipal de proyectar algo y verlo concretado. Esa capacidad de tomar decisiones, pensar políticas y después ver resultados. En ninguna empresa privada, aunque me hubiera ido económicamente mucho mejor, hubiera logrado esta posibilidad.
—¿Y lo que menos le gusta?
—Los palos en la rueda. Yo soy un tipo abierto a las críticas, siempre estoy dispuesto a aceptar que el que critica algo de razón puede tener. Pero cuando las críticas son mal intencionadas, cuando uno sabe que detrás de eso en realidad hay otras motivaciones, cuando puede haber negocios…
—¿Y de eso hay mucho acá en Rosario?
—No sé si mucho, pero hay.
—¿Y este año cuál sería la autocrítica?
—Tenemos un gobierno eficaz, pero no estoy conforme. Creo que hay que lograr respuestas más ágiles, porque el Estado a veces es una maquinaria muy pesada. La gente reclama que sus problemas se resuelvan con más rapidez y tiene razón.
—A esta altura del mandato, Binner decía que quería ser intendente para siempre, que era lo que realmente le gustaba. ¿A usted le pasa lo mismo?
—No, no. Yo creo que cuatro años…, el que pensó en cuatro años para la gestión de intendente es un tipo inteligente. Cuatro años es un buen tiempo para concretar, para poner en marcha las cosas que uno trae como innovación, como aportes genuinos. Yo he vivido dos segundos gobiernos, con Cavallero primero y con Binner después. Y ya el segundo gobierno es como que uno entra un poco con piloto automático.
—Entonces va a ir por la Gobernación y no por la reelección…
—(Risas) No sé, falta mucho. Pero yo no me imagino muchos años como intendente. Me alcanzan cuatro años.
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