NO QUEDAN REPRESAS CON AGUA Y MUERE EL GANADO NORTEÑO
El Litoral realizó una extensa recorrida por poblaciones de la Cuña Boscosa y durante el itinerario recogió testimonios de vecinos que pintaron con elocuencia un dramático y desesperante panorama que están viviendo debido a la escasez de lluvias en toda esa región.
El sol que cae como lanzas, las altísimas temperaturas, la polvareda de las rutas y caminos, la innumerable cantidad de animales muertos en los campos que prácticamente se convirtieron en desiertos extraños, nunca vistos por estos lugares.
De esta forma se refleja una situación desalentadora para las poblaciones insertadas en la región de la Cuña Boscosa, castigada desde hace varios meses por la naturaleza y olvidada durante muchos años por diferentes sectores de la sociedad.
Hay varias aristas que se pueden analizar. Por un lado, la situación sanitaria está controlada y, además, no se puede desconocer que el Ministerio de Asuntos Hídricos de la provincia desarrolla un amplio operativo de distribución y provisión de agua potable para toda la zona.
No obstante, a causa de las altas temperaturas, el consumo es cada vez mayor en la población y, a veces, la asistencia gubernamental no da abasto. Donde se complica más la situación es en el área rural. Allí viven dispersas muchas familias, a las cuales no se llega con el vital líquido, y se las tienen que arreglar de distintas maneras, ya sea trasladándose varios kilómetros para conseguirlo, o bien, realizando perforaciones en distintos lugares para tratar de encontrar alguna reserva escondida debajo de la superficie, hecho que ya constituye un verdadero milagro.
TIERRA Y MÁS TIERRA
Por otra parte, los caminos y las rutas están con un importante colchón de tierra floja, que obliga a conducir con mucho cuidado y, paralelamente, el paso de cada vehículo levanta mucha polvareda, lo que torna peligroso el tránsito porque la visibilidad se reduce muchísimo.
Tal vez lo más grave es la cuestión de la ganadería, porque ya no hay pozos ni represas naturales con agua; menos aún, tanques o estanques construidos por el hombre que contengan aunque más no sea un pequeño charco de agua.
Las consecuencias de esa situación quedan a la simple observación de quien transite por el lugar: amplios espacios que en otras épocas eran de un generoso color verde, hoy transformados en un amarillo impiadoso, lastimoso paisaje, que es aún más desolador cuando uno puede ver sobre esa alfombra arruinada a muchísimos vacunos convertidos en cadáveres o en una simple bolsa de cuero, ya vacía de contenido y con huesos que impresionan.
Solo unos poquísimos productores ganaderos, los que contaron con mayor fortuna, tienen a sus peones baldeando para extraer el agua desde lo más profundo de la tierra y dar así agua a sus animales. Lamentablemente, otros, que son la gran mayoría, ya sufrieron numerosas pérdidas materiales y económicas, y están sacando el resto del ganado para llevarlo adonde puedan proveerle no solamente agua, sino también del preciado alimento.
Se registraban algunas lluvias Sobre el cierre de esta edición se producían algunas precipitaciones en Reconquista (General Obligado) y Calchaquí (Vera) pero no eran de significación en cuanto a su milimetraje.El drama seguía en la zona de Intiyaco y Cañada Ombú, donde hasta el momento no llovía generando más desazón entre los sufridos lugareños.
DESASTRE ECOLÓGICO
En el norte la situación se agrava porque a la falta de lluvia se suman sus consecuencias, como lo ocurrido en la laguna La Loca -al oeste de Colmena- donde la mortandad de peces inutilizó el agua y la gente no sabe adónde llevar su ganado, cuyo final parece ser irremediable.
De esta forma se agrega un nuevo elemento de alarma, por cuanto al desastre ecológico se suma la grave crisis financiera que se deberá afrontar por las pérdidas en el sector ganadero, principal fuente de ingresos de la zona.
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