No seré progresista,entonces.
Venezuela vive otra hora trágica. Los simplificadores del discurso te imponen la lógica binaria: “ellos o nosotros”. La mesura y el dialogo son despreciados. El camino sin retorno de quienes creen que la violencia tendrá, alguna vez, un final feliz. ¿Qué es el progresismo en estas situaciones? Por Coni Cherep
“Cuando siembres sangre, brotará sangre, más temprano que tarde. Aunque la podes, aunque la ocultes. La sangre se volverá a derramar sobre la tierra”. No me acuerdo de quien es esta frase. Confieso haber googleado y no pude encontrar el autor.
Aquella frase la leí en un texto sobre la Guerra Civil Española. Es probable que no sea exactamente así. Pero sigue siendo, sino más, una buena respuesta para quienes creen que soliviantando la violencia, sembrarán un país mejor. Aquí, en Venezuela o en Angola.
Veo lo que ocurre en Venezuela. Lo poco que se puede ver y no está infectado. Lo poco que se alcanza a filtrar desde allá. No desde Miami. No desde la central de inteligencia del oficialismo venezolano. Mucho menos desde los escasos medios opositores. No quiero versiones de propaganda. Quiero algo de información.
Leo y miro lo que puedo, lo que me dejan ver. No es normal que no lleguen twitters. mis cuatro “amigos” venezolanos hace tres días que no twittean. No me responden los RT. Son periodistas. Sé que están vivos, porque chateo con ellos por Skype. Pero tienen sus twitters “apagados”. El gobierno decidió bloquear el sistema. ¿Es posible que alguien quiera bloquear un sistema de redes sociales, cuando no tiene nada que ocultar?.
Posteo en Facebook un comentario sobre una imagen de la represión a los estudiantes venezolanos. Algunos me sugieren por privado “que me informe bien sobre lo que ocurre allá”, otros directamente saltan sobre la yugular, y como ejemplares cybermilitantes del Kirchnerismo, me acusan, rápidamente, de leer Clarin.
Hace años que no leo Clarín. Pero para “ellos”, quien se atreve a echar una mirada diferente a la que ordena la jefatura ideológica, rápidamente pasa a ser ,además de un reaccionario neoliberal y esas cosas que amontonan en párrafos ininteligibles, un lector de Clarín. Clarín, supuestamente, me instaló un chip en la cabeza. Un delirio más.
Cuando hablo con mis amigos venezolanos, directamente me hablan de dictadura. Ellos están allí. Pero es cierto, y me remito a la Argentina, es probable que estén enceguecidos de odio y hayan terminado aplicando la lógica binaria de “ellos o nosotros”. No quiero que me transmitan sentimientos. Quiero que me cuenten lo que está pasando. Y en esta orfandad de información se me ocurren hacer algunas preguntas:
¿Quién es este tal Lopez que está acusado de golpista? ¿ Por qué un presidente en una democracia ordena capturas, cuando la que debe hacerlo es la Justicia? ¿ Por qué no sale al aire el único canal opositor que quedaba en la grilla (NTN24)? ¿Por qué cerraron 14 periódicos en los últimos dieciocho meses? ¿Por qué los diarios no reciben papel prensa? ¿ por qué es imposible acceder a las páginas y los blogs opositores por Internet? ¿ Por que el ejercito reprime a ciudadanos que se manifiestan?
Leo una respuesta a mi post: “es que tu matriz ideológica no te deja ver otra cosa”… “vos votarías a Capriles, como Binner”, no sin antes agregar alguien “narcoperiodista”.
Yo quiero saber lo que pasa en Venezuela. Y cuando veo una movilización de millones de estudiantes, y veo represión, y veo censura, y veo la suma del poder público, y veo y leo las mismas estupideces que suelo escuchar en Argentina sobre “las razones de la crisis”, y todos, todos , absolutamente todos los caminos conducen a un enemigo que nunca termina de ser identificado, y que se metamorfosea a diario según sean las necesidades de la excusa, digo: “ Esto no es democracia. Esto es facismo”, y vuelven a brotar las respuestas repletas de bilis rabiosa, y todo se reduce a :”dejá de leer Clarin”.
“ Lo que ocurre en Venezuela es un golpe de Estado”, me dice otro. ¿ Un golpe de estado? Pero si Maduro tiene en su dominio a todas las fuerzas de la nación… ¿ de qué golpe de estado me hablás?. “Es un golpe económico”. Pero si Venezuela tiene una de las reservas petroleras más importantes del mundo y tenía, Chávez dixit, las reservas en dólares más importantes de América. ¿Qué poder económico tiene más poder que el estado venezolano para golpearlo? “Estado Unidos, el imperialismo”. Vaya… no escuchaba ni leía esa frase desde hace mucho tiempo. O sea que los estudiantes que salen a la calle, son agentes del imperialismo. Ok. No me salen respuestas serias al asunto. Pero no es todo.
Hay una respuesta en particular que no deja de asombrarme: “Vos que te decís progresista, si lo sos tenes que estar con Maduro y con Cristina. Sino sos golpista y reaccionario”. Epa. No sabía que ser progresista implicaba comerse todos los sapos autoritarios y todos los desaguisados de las economías, y todos los malditos y oprobiosos hechos de corrupción, que como toda corrupción, empobrecen a los países.
Es probable que las categorías ideológicas hayan mutado en estos últimos años. Y que el progresismo se haya corrido hacia un lugar espantoso. O no, siendo autocrítico y profundamente humilde, prefiero pensar que es probable que yo me haya corrido del progresismo, y que el progresismo no sea lo que yo pensé que era.
Puede entonces que no sea progresista. Es más: quizás nunca lo haya sido, si esto que me muestran Maduro y Cristina lo sea.
Yo era progresista, cuando pensaba que eso incluía el respeto por las libertades individuales, la honestidad, el republicanismo sin restricciones ( y que se entienda, la República es el conjunto de normas que constituye una nación para convivir). Yo era progresista cuando entendía que significaba libertad de expresión absoluta. Cuando creía que el progresismo eran reglas claras, con estadísticas claras, para entender que había que hacer, y no mentirnos sobre lo que conviene hacer o decir. Cuando en términos económicos, suponía planes de desarrollo y crecimiento en el marco de la democracia, conjugando los esfuerzos del estado con todos los actores de la economía, que existen y existirán siempre. Cuando el progresismo suponía convergencia, diálogo, y por sobre todas las cosas, paz social.
Si por el contrario, el progresismo es violencia, intolerancia, represión, la ley solo si me conviene, y la excusa constante de inventar enemigos cuanto más confusos mejor para justificar tu propia incapacidad. Entonces no soy progresista.
“En estos tiempos tenés que elegir, o estás con ellos o estás con nosotros”, me dijo alguna vez un ex amigo gremialista que no volvió a conversar conmigo desde que se convirtió en adalid de la “causa de Néstor y Cristina”.
No, me niego terminantemente a pensar eso y a reducir al mundo entre tus dos opciones. Prefiero creer que otro modelo es posible. Congeniando lo discursivo con lo fáctico. Sin tantas contradicciones. Sin la reivindicación de la violencia. Sin tanta impunidad, en el nombre de combatirla.
Creo que es posible, porque hay otros países donde lo es. No hay que ir tan lejos. Con todas las dificultades y las tensiones económicas normales, ahí está Chile. Ahí está el “Paisito”, dando lecciones de convivencia. Incluso Brasil, con su asimetría social, incluyendo un millón de pobres por año. Creciendo en todos los indicadores que importan: los de salud, los de educación y los de desarrollo económico. Sin Indecs a dedos.
En fin. Me angustia Venezuela, tanto como mi país. Y me niego a aceptar que haya intereses superiores a la vida humana, que justifiquen la represión, la censura y la persecución de quienes piensan distinto.
Termino esta nota cavilando sobre mi ideología y mi funcionalidad. ¿Me he convertido e agente inconsciente de la CIA? ¿ soy un fascista que combate al fascismo? ¿ Desde cuándo me puse al servicio del neoliberalismo si no paré de combatirlo en los 90?¿ soy un autoritario porque demando libertades individuales? ¿Fomento la violencia porque exijo que Maduro no reprima, y deje expresarse con libertad a buena parte de su pueblo, y a los medios? Es confuso.
Una cosa tengo clara: Si esto es progresismo, Yo no soy progresista.
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